La plana editorial de Sudor, bajo el paraguas de la Asociación Editorial Sudor, está conformada por once integrantes organizados en tres áreas: contenidos periodísticos, contenidos editoriales y área de formación.

Todo el contenido publicado en Revista Sudor será previamente decidido, analizado y verificado por los miembros de la planta editorial.

 

(Lima, 1983)

Su madre casi no sudó al darlo a luz. El cuarto de cuatro hermanos llegó sin quejidos ni dolores. Pero el sudor ausente en el parto lo cubrió todo durante su crianza a causa de una hiperactividad crónica. Sudaba y hacía sudar a los demás. Años después, se inició en el periodismo que cuenta la actividad más sudorosa de todas: el deporte. Y las buenas historias lo arrastraron a un viaje experimental a Argentina, el país en el que no se puede regresar con las axilas secas después de un partido de fútbol, una movilización social o un debate político. En medio de esa mezcla de humores dio a luz a una vieja idea. Y no pudo llamarla de otro modo: Sudor.

(Lima, 1988)

El poco sudor que les dedicó a las matemáticas le alcanzó para estudiar en una universidad privada con fama de arca. No hizo caso a esos rebuznos, y acampó en la biblioteca. Allí construyó un túnel hacia los ‘huecos’, locales oscuros y estrechos, hoy en peligro de extinción, donde confundió sudores con pegajosa música de fondo. Así entiende el oficio de juntar palabras para contar historias. Escribió en dos diarios deportivos, y fundó un blog aliancista. Suda cada cierto tiempo para no espantarse en la balanza. Suda cada vez más seguido en las marchas. Suda en las canchas, pero sobre todo en los salsódromos. Suda a chorros por esta criatura.

(Lima, 1978)

Un día después de navidad llegó al mundo para sudar. En primaria tuvo su primer desaprobado en la libreta, no se movió y respiró hondo. Sudar nerviosa al moverse, sudar asustada antes de calmarse. En los últimos años de colegio descubrió que le gustaba el fútbol, el estadio y ese sudor de satisfacción al gritar y abrazar en el festejo. Sudar y reír. Decidió estudiar periodismo y escribir. Hoy sigue transpirando al dibujar, leer cómic y dictar clases. Espera seguir encontrando nuevos proyectos para trabajar, sudar, vivir. Mientras tanto sigue por el mundo con sus clásicas gotitas de sudor en la nariz.

(Callao, 1981)

Desde pequeño ha buscado alejarse de las actividades que impliquen emanar sudor. Enamorado de la flojera, siempre ha preferido la pasividad a la acción física. Sin embargo, su espíritu apasionado lo ha llevado a sudar más de lo que hubiese gustado. Desde la década el noventa, ha sudado frío, viendo los partidos del Sport Boys y de la selección peruana. También su cuerpo irradió líquido a mares en plazas y aeropuertos durante sus agitadas coberturas internacionales.

(Lima,1986)

Suda por encontrar las palabras correctas para narrar las historias que siempre quiso leer. Suda porque en su lista de pendientes tiene el esqueleto de un par de libros y sigue intentando entender por qué el mundo es redondo. Suda también dentro de la cancha, a veces con una pelota y otras con una raqueta en la mano. El deporte nunca será solo un juego para él, sino una manera de entender la vida.

(Huancayo, 1990)

Friolenta desde siempre, se abriga mucho y cree que no suda. Hija de un ex militar, de piel tostada y sudorosa. Hija de una valiente y apasionada voleibolista aficionada, de quién no logró heredar ese talento. Se refugió en el básquetbol y el futsal, descubriendo que la vida es como todos esos pelotazos que le cayeron en la cara. Pésima defensa, pero la suda en el contraataque. Llora en el cine, y suda frío con los deadlines. Se apasionó por el teatro y las historias, más tarde, por las imágenes. En el clima seco de Jauja suda cuando está bailando de chuto, corriendo en una “traida de monte” o tiene que hablar en público.

La primera vez que sudó consciente fue por diversión. La segunda, por miedo. Hijo único y nieto único, no tuvo con quién andar en su primera infancia hasta que salió a la calle donde se jugaba al fútbol corriendo, se iba al colegio al trote y se cogía el bus a la universidad al galope. En todas estas actividades, desde que nació hasta que se hizo grande, se sudaba. Después empezó a escribir y se dio cuenta de que no había más fluidos recorriéndole el cuerpo, y empezó a hallar su lugar en el mundo. En medio de esa aparente calma y paz, fue después que entendió que el periodismo y la literatura eran tan físicos como mentales, hasta que lo alcanzó la paternidad y tuvo a Rafaela, su primera hija. Ese día, sudó frío.

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