¿Y si Fleischman hubiera sido futbolista?

¿Y si Fleischman hubiera sido futbolista?

En esta nueva entrega del multiverso deportivo, un travieso dios ‘sudoroso’ aleja a Eddie Fleischman de las cámaras y los micrófonos al transformarlo en futbolista.  En la etapa de mayor sequía del balompié nacional el esforzado volante del Maccabi Tel Aviv es repatriado para buscar la hazaña de conducir a la selección al mundial de Italia 90.

Uno de los personajes más polémicos del balompié nacional es el comentarista Eddie Fleischman. Amado y odiado por sus comentarios futbolísticos y extra futbolísticos ha sabido ganarse un lugar en el panorama deportivo. Sin embargo, no son pocos los que quieren verlo alejado de las cámaras y que celebrarían el fin de las ‘fleischmanadas’. Y a veces basta con que un inquieto dios ‘sudoroso’ realice una de sus travesuras para que se cumpla el deseo de una multitud de fanáticos. En esta línea temporal, el ‘colorado’ hará realidad otro de sus sueños: el de ser un empeñoso futbolista capaz de dar cátedra en Israel y que aspira a llevar a la selección peruana a lo más alto.

Inicios de la década del setenta. Un niño limeño de ascendencia judía tiene sus primeros encuentros con el fútbol. Como todavía está fresca la participación de la blanquirroja en México 70, gracias a los programas deportivos se empapa de las hazañas de los jugadores nacionales. Los relatos de periodistas deportivos como Óscar Artacho y ‘Pocho’ Rospigliosi lo animan a coleccionar álbumes de futbolistas y a seguir con disciplina las presentaciones de la selección. Es tanta su devoción que juega a imitar a los locutores y se imagina narrando y comentando los partidos. A muy temprana edad se ha convertido en un fanático del deporte rey. Pero, a sus siete años sufre la primera decepción de su corta existencia. Al perder el partido definitorio con Chile, el combinado patrio pierde la chance de jugar el mundial de Alemania 74. La frustración es tan grande que ha golpeado duramente el ánimo de su familia.

—Todo es culpa del velasquismo, las expropiaciones han golpeado la moral del país. ¡Rojos miserables! —le escucha decir a su compungido padre.

Al verlo, derramar una lágrima, se acerca y le hace una promesa: “Papá, no llores. Ganaré la Copa del Mundo por ti, no llores”.

—Gracias, hijo mío —le responde mientras continúa lamentándose —También es culpa de la prensa. Endiosan a los jugadores y les apañan todas sus indisciplinas. Los periodistas son peores que los rojos —sentencia.

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Tras escuchar a su papá, el pequeño Eddie la tiene clara. De ahora en adelante no quiere saber nada del mundo del periodismo deportivo. Artacho y ‘Pocho’ dejarán de ser sus referentes. Locutores como ellos solo terminan distrayendo a los verdaderos responsables de las hazañas: los jugadores. Tras convencerse de que la suerte del balompié nacional solo se puede decidir en la cancha, se pone como meta volverse el futbolista que conduzca a Perú a la obtención del título mundial. 

En las canchas del club Hebraica y del colegio León Pinelo dará los primeros pasos para cumplir su sueño. Ataviado con la camiseta celeste con blanco y con la estrella de David en el pecho aprende a marcar, driblear y a disparar con eficiencia al arco. Esos años de aprendizaje coinciden con importantes logros de la selección como la Copa América del 75 y la clasificación al mundial de Argentina 78. El título continental es celebrado con algarabía en el hogar Fleischman. Para su papá, dicho triunfo fue el perfecto colofón para la caída del gobierno de Velasco Alvarado ocurrida meses atrás. “Bastó que sacaran a los rojos para que Perú volviera a ser campeón”, afirma en lo que Eddie siempre recordará como el episodio en que vio más feliz a su progenitor.

También durante esos años va observando a jugadores que terminan siendo sus referentes. Cracks cremas como Oblitas, Percy Rojas y Chumpitaz y blanquiazules como Cueto, Velásquez y Cubillas despiertan su admiración y lo hacen llegar a la conclusión de que lo mejor es evitar comprometerse con un solo equipo. La única camiseta que le atrae es la blanquirroja. Pero también hay otro símbolo que le genera admiración: la estrella de David.

En el León Pinelo se forma en las tradiciones judías y dicho aprendizaje le despierta un gran interés por la situación política del estado de Israel. Los conflictos constantes con los países árabes le suelen generar tensión y le hacen pensar en la importancia de ir a defender a la ‘tierra prometida’ cuando sea posible. Se pone la meta de hacer el servicio militar en Israel cuando cumpla los dieciocho años.

El fracaso de la selección en el mundial de España 82 lo hacen recordar la promesa que le hizo a su papá cuando era pequeño; sin embargo, sabe que su destino está en Israel y que debe cumplir con él. En el 84 —cuando un candidato de tendencia socialista encabeza las encuestas— su padre la aconseja emigrar al Medio Oriente. “Aquí van a volver los rojos. Es mejor irse”, le señala durante la despedida en el Jorge Chávez. El joven Eddie sabe que su carrera futbolística tendrá que quedar en pausa.

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En Israel cumple con alegría los 32 meses de servicio militar. Su estancia en el ejército transcurre con relativa tranquilidad porque los conflictos con los vecinos árabes han perdido intensidad. Sus últimos días de servicio los realiza con el anhelo de regresar al Perú para retomar su carrera futbolística; sin embargo, a poco de cumplir con su deber se da un evento que cambia sus planes. Durante un día de franco, el joven Eddie aprovecha para jugar un partido de exhibición con otros soldados latinoamericanos. A pesar de que no ha tocado un balón en más de año y medio, se desenvuelve con la soltura de sus mejores presentaciones. Comandando a su equipo desde la mediacancha, termina siendo la figura de la goleada que aplica su oncena. Al finalizar el encuentro, se le acerca uno de los espectadores del encuentro. Es uno de los dirigentes del Maccabi Tel Aviv que ha quedado impresionado por la calidad del volante peruano. Tras llenarlo de elogios le ofrece jugar en el equipo más ganador de la Liga Israelí. Eddie acepta sin dudarlo.

Fleischman se adapta rápidamente a la disciplina de ‘Los Amarillos’. La tradición conservadora y los vínculos religiosos del club le cae a pelo a Eddie. El volante se identifica con la bandera del sionismo y con la fuerza y valentía de la tribu de los macabeos. Siente que no ha podido aterrizar en mejor lugar. Y su inclusión en el equipo no puede ser más propicia. Con la liga de la temporada 86-87 fuera de alcance, las esperanzas están puestas en la Copa del Estado de Israel. Sin embargo, la prensa especializada les concede pocas opciones. “Les hace falta un líder en la volante”, afirman los comentaristas deportivos. Eddie está dispuesto a demostrar que se equivocan.

‘El peruano’ —original apelativo con el que lo bautiza la prensa israelí— termina siendo la pieza que le hacía falta al equipo de Tel Aviv. Gracias a las buenas actuaciones de Eddie logra colarse en la final de la Copa en la que enfrentará con uno de sus clubes hermanos, el Maccabi Haifa. El partido termina siendo disputadísimo y concluye con un empate a tres. Antes de la ronda de penales, el nerviosismo es grande. Uno de los pocos que se muestra seguro es Fleischman. Transmitiendo una gran confianza en sí mismo, le pide al entrenador que la conceda la responsabilidad de patear una de las penas máximas. Minutos después, sin temblarle las piernas, Eddie anota el cuarto penal de la ronda, el que terminará siendo el definitivo. ‘Los Amarillos’ se llevan la Copa y Eddie se transforma en una celebridad en Israel.

La siguiente temporada transcurre entre el éxito y la nostalgia. Durante el tiempo en el que Eddie ha estado en Israel, la selección peruana ha sufrido la decepción de no poder clasificar al mundial de México 86. Las presentaciones en la Copa América tampoco han sido exitosas. El habilidoso volante se pregunta si podría haber aportado al equipo y lo atacan sentimientos de culpabilidad. Sus buenas actuaciones en la temporada 87-88 terminan siendo el remedio para los dolores que golpean su alma. Termina siendo la figura de un club que nuevamente no consigue la Liga, pero que vuelve a ganar la Copa. Y esta vez lo logra al imponerse al clásico rival: el Hapoel Tel Aviv.

Para Eddie jugar contra el Hapoel tiene una carga especial. Ganarle al equipo laico y representante de los sindicatos socialistas es casi una cuestión de honor. Cuando entra al estadio Ramat Gan se imagina a su padre alentándolo en la tribuna e incitándolo a darlo todo contra los rojos. Con semejante motivación, ‘el peruano’ se juega el partido de su vida. Termina siendo la aduana del equipo y corona su actuación marcando el gol con el que ‘los amarillos’ consiguen por segundo año consecutivo la Copa. Eddie ha tocado el cielo. Se ha ganado a pulso el cariño de los sectores conservadores de Tel Aviv y un referente del fútbol israelí. Sin embargo, a pesar de sus logros aún se siente incompleto. Todavía le resuena la promesa que le hizo a su padre cuando era un niño de solo siete años.

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La temporada 88-89 del Maccabi Tel Aviv termina siendo una para el olvido. La Liga les vuelve a ser esquiva y tampoco tienen suerte en la Copa. El único consuelo de Eddie es que sigue siendo considerado el mejor jugador del equipo. Las buenas actuaciones del ‘peruano’ llegan incluso a una prensa nacional que ve con horror a la selección que dirige el brasileño José Macía ‘Pepe’. El sentimiento de decepción también lo comparte Fleischman que, gracias al vía satélite, ha podido ver las vergonzosas presentaciones de la blanquirroja en la Copa América de Brasil. Con un sentimiento de desesperanza dominándolo, recibe una llamada que le devolverá el brillo a sus ojos.

El que está al otro lado del teléfono es Micky Rospigliosi —el hijo de ‘Pocho’ que se ha puesto como objetivo seguir el legado de su padre—. El periodista le explica que se ha enterado de sus buenas actuaciones en el equipo israelí y que está convencido de que es el jugador que la selección necesita. La propuesta de Micky es hacerle una entrevista que permita que su nombre sea conocido en el país y que sirva como disparador para una campaña que empuje a ‘Pepe’ a convocarlo. Entusiasmado por la chance de poder ponerse la blanquirroja, Eddie acepta. Horas después, los canales de televisión y las emisoras de radio del país hacen eco de la entrevista y exigen la inmediata convocatoria del peruano que la está rompiendo en la liga israelí. A los pocos días, ‘Pepe’ incluye en la lista de convocados el nombre de Eddie Fleischman.

Semanas después, Eddie arriba al Perú. Su primer acto público es una conferencia de prensa que da en el hotel Sheraton. El tiempo fuera del país le impide reconocer el ánimo de una prensa nacional que no está dispuesta a perdonarle ni una a la selección de ‘Pepe’. El acto terminó siendo sumamente accidentado, tanto por la actitud inquisidora de los periodistas como por las respuestas del futbolista. Fastidiado por el acoso de la prensa, Eddie suelta dos frases que se convertirán en titulares. “No solo voy a llevar a Perú al mundial. Conmigo lo van a ganar” y “Los periodistas deportivos no saben nada de fútbol. No me importa lo que opinen”. La prensa no le perdonará la segunda de ellas.

Tras la conferencia de prensa, un furibundo Tito Navarro dedicará un programa completo de “Campeonísimo” a lanzarle insultos al nuevo volante de la selección.

—¿Quién este baboso que nadie conoce? —señala con violencia. —¿Qué se cree este colorado para venir a maltratar a los periodistas peruanos? Que se regrese a Israel carajo, ahí no juegan ni canicas —sentencia.

El único periodista que sigue de su lado es Rospigliosi quien en su búsqueda de lavarle la cara le hace una entrevista en la radio. La conversación queda para la posteridad por algunas frases sin sentido. “He vuelto al país, o sea estoy de vuelta”, “Franco Navarro puede pivotear hacia delante, hacia atrás o a los lados”, “Si clasificamos no quedaremos eliminados”. El impacto de dichas declaraciones es tan grande que a pocos les importa que haya contado la conmovedora promesa que le hizo a su padre cuando era un niño de siete años. Tito Navarro dedica otro programa de “Campeonísimo” para descargar más improperios.

—No digo que es un baboso. ¡Sacristán toca la corneta por cada Fleischmaneada! —grita el ‘Tigre del dial’.

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Los diarios sensacionalistas también aprovechan las frases de Eddie para unirse al cargamontón contra el volante nacional. La avalancha de ataques termina afectando el rendimiento de Eddie en la cancha.

Impresionado por la fuerza y valentía propia de un macabeo mostrada por Fleischman en los entrenamientos, ‘Pepe’ ignora a la prensa y lo ubica como titular en el debut en el debut eliminatorio en La Paz. Sin embargo, su actuación deja mucho que desear. Nunca llega a acoplarse con Chemo Del Solar e incluso comete una serie de bloopers que se traducen en un penal para Bolivia y en el gol que le daría el triunfo a los verdes.

 —¡Carajo! También hace Fleischmaneadas en la cancha —vocifera Tito Navarro.

Tras la derrota, ‘Pepe’ sale en defensa del volante y atribuye los bloopers a la altura. “Eddie va a mejorar, ya lo van a ver en Lima”, afirma el seleccionador de la blanquirroja. Pero el partido contra Uruguay termina siendo igual de malo. Eddie es incapaz de parar a jugadores de la talla de Francescoli, Bengoechea y Alzamendi que incluso se dan el lujo de hacerle un par de túneles. En el mediotiempo, ‘Pepe’ lo ve tan abatido que decide cambiarlo. Esos terminan siendo lo últimos minutos que disputará la estrella del Maccabi Tel Aviv en la eliminatoria.

Las derrotas contra Bolivia en Lima y Uruguay en Montevideo las ve desde el banco de suplentes. Junto con ‘Pepe’ termina siendo el gran chivo expiatorio del fracaso de la selección en las eliminatorias. Tito Navarro lo pone como ejemplo de que no se deben convocar a jugadores de ligas exóticas y que siempre hay que apostar por los jugadores que han sido formados en el campeonato local. Incluso Micky Rospigliosi termina dándole la espalda al afirmar que los responsables de su convocatoria habían sido unos dirigentes israelíes que estaban buscando elevar el valor del pase del volante. Pero más que los ataques de la prensa, lo que más le termina doliendo a Eddie es el no haber podido cumplir la promesa que le hizo a su padre. Como consuelo, su padre le dice:

—Ya ves, Eddie, cada vez que tenemos a rojos en Palacio de Gobierno Perú no clasifica. Y se infiltran hasta en la prensa. Si tenemos un presidente de izquierda, no gobierna la derecha.

Tras el fracaso con la selección peruana, Eddie Fleischman volvió a Israel en donde terminó estableciéndose. Durante la década de los noventa fue una de las figuras del Maccabi Tel Aviv siendo clave en los títulos de 1992, 1995 y 1996. Nunca más volvió a ser convocado para un combinado blanquirrojo. Tras retirarse del fútbol se dedicó a la política afiliándose al partido de centroderecha Likud. Su posición a favor de la construcción de asentamientos israelíes en territorio palestino es bastante conocida. Cuando un periodista peruano lo llama para que cuente su historia, tira el teléfono. ~ 

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Escrito por

Desde pequeño ha buscado alejarse de las actividades que impliquen emanar sudor. Enamorado de la flojera, siempre ha preferido la pasividad a la acción física. Sin embargo, su espíritu apasionado lo ha llevado a sudar más de lo que hubiese gustado. A partir de la década del noventa, ha sudado frío, viendo los partidos del Sport Boys y de la selección peruana. También su cuerpo irradió líquido a mares en plazas y aeropuertos durante sus agitadas coberturas internacionales.

Comentario

  • Mario Fernández Guevara

    Una verdadera lección de periodismo. Hurgando fuentes habiidas y por haber, conbinando episodios traducidos en la cancha con otros fuera de ella casi como el buen arquitecto que monta los andamios y delínea los planos antes de empezr el edificio como esta columna de Bruno que acaba siendo sólida de principio a fin. Felicitaciones a tan buen hincha rosado como yo y al que hoy sólo le dejo mi saludo!!!!

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