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¿La hora nacional?

En estos días de polémica —un tanto absurda— sobre quién fue el mejor entrenador de la historia de nuestro fútbol, vale la pena recordar a los técnicos nacionales que dirigieron la blanquirroja. Nuestro columnista Pedro Ortiz Bisso hace un repaso por entrenadores, algunos ninguneados como el ‘Cholo’ Heredia, aquellos que fueron fusibles como Freddy Ternero o Franco Navarro y de los que tuvieron chances limitadas como Moisés Barack. ¿Será Juan Reynoso el próximo de la lista?

Tratar de dilucidar quién fue el mejor entrenador de nuestra historia, si Ricardo Gareca o Marcos Calderón, es enfrascarnos en una discusión infinita similar a la que mantienen desde hace décadas quienes sostienen que Maradona fue más que Pelé o si Messi está por encima de los dos. Despierta, además, rencillas innecesarias, nutridas de resentimientos y chauvinismos de cuarta categoría, propios del caldeado clima que se vive por estos días. Rota la burbuja que nos ilusionó durante ocho años, la selección corre peligro de convertirse en otro factor de desunión, de empezar a parecerse cada vez más a nuestro polarizado país.

Único técnico peruano ganador de una Copa América (1975), hacedor de la clasificación mundialista a Argentina, campeón con Alianza, Cristal, Universitario y Boys, Calderón estuvo en el banquillo cuando la crema de Chale y Cruzado despachó a Racing y River Plate en apenas 48 horas en la Libertadores del 67. En 1985, cuando Moisés Barack fue renunciado tras empatar sin goles con Colombia, le ofrecieron el buzo blanquirrojo por última vez. Aquella vez se negó (“es imposible armar un buen equipo en solo cuatro días”, cita Yrigoyen en “Con todo, contra todos”) y dos años después se marchó a Matute a dirigir a los ‘potrillos’ heredados de Didí, a quienes mantuvo en la punta hasta el desgraciado 8 de diciembre de 1987 cuando partieron a la gloria.

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El buen recuerdo que se tiene de Marcos —pese al oprobioso 6-0 ante Argentina en el Mundial del 78—, es una tímida luz entre las tinieblas que han acompañado a los entrenadores nacionales encargados de sentarse en el banquillo de la selección. De los poco más de cuarenta técnicos que han dirigido a la blanquirroja desde 1927, 22 han sido peruanos. La mayoría sirvió de parche de emergencia, de solución efímera mientras se encontraba un reemplazante, por lo general extranjero.

Acaso el más manoseado —y maltratado— fue Alejandro Heredia, el ‘Cholo’, quien trabajó al lado de Calderón como preparador físico de Universitario entre 1965 y 1968. Estuvo en el comando técnico de Didí en el Mundial de México y en 1971 fue nombrado entrenador interino. Volvió a trabajar con Marcos en la Copa América del 75 y al año siguiente recibió el cargo principal, otra vez con carácter provisorio. Estuvieron juntos en Argentina 78 y tras un breve alejamiento, entre febrero y abril de 1981 volvieron a darle la selección. Con el ‘Cholo’ en el banco, la bicolor encarriló una racha de penosas derrotas ante Checoslovaquia, Bulgaria, Chile y un ignoto club canadiense que desaparecería dos años después: el Manic de Montreal. El pánico se apoderó de la entonces Comisión España 82 y se lanzó a la búsqueda de un técnico extranjero. Una vez hallado Tim, el ciclo de Heredia pasó a mejor vida.

TERNERO Y EL ‘PEPÓN’

Campeón de la Copa Sudamericana en el 2003 y de la Recopa un año después, Freddy Ternero llegó a la selección como apurado reemplazo de Paulo Autuori, víctima del acoso de un puñado de congresistas hambrientos de votos. Durante su breve paso por la Videna, en la recta final de las eliminatorias para Alemania 2006, sufrió los desplantes de Nolberto Solano y Roberto Palacios, que no tomaron de buena gana su estilo motivacional, más cercano a los predios de Paulo Coelho que de Marcelo Bielsa.

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Al año siguiente fue designado Franco Navarro, gestor de campañas sorprendentes con Sporting Cristal, Estudiantes de Medicina y Alianza Lima. Sin embargo, se topó con los engreimientos de Claudio Pizarro, quien abandonó la concentración de la bicolor luego de un amistoso ante Chile, dizque para firmar su renovación el Bayern. El delantero tuvo el cuajo de hacer público un comunicado señalando que no volvería a jugar por la selección si el comando técnico que encabezaba Navarro continuaba en el cargo. La dirigencia cedió a la presión y semanas después el ‘Pepón’ fue cesado en el cargo. 

Antes del nefasto empate con Colombia en Lima, la última vez que se sentó en el banquillo de la selección, Moisés Barack había conseguido una seguidilla de partidos invictos, que incluyó triunfos de visita sobre Chile, Brasil y un 2-2 con sabor a victoria ante Uruguay, en el Centenario, recordado por el baile que le dio Eduardo Malásquez a Miguel Bossio, un centrocampista de Peñarol que perdió la cintura ante el endiablado dribbling del ‘puntero mentiroso’. Rencillas internas, falta de respaldo dirigencial y una poderosa campaña de prensa lo pusieron a la deriva. El empate con los colombianos solo fue el pretexto para decirle adiós y sustituirlo por Roberto Chale.

Solo Juan Carlos Oblitas (1996-1999) ha permanecido más de tres temporadas seguidas en el cargo. El resto, desde los aurorales Telmo Carbajo y Alberto Denegri, ha trabajado en momentos puntuales o, como en el caso de Calderón y Miguel Company (estuvo en las Copa América de 1991 y 1995) se han ido para volver a regresar.

Juan Reynoso, el elegido según todos los trascendidos para sustituir a Gareca, nunca ha dirigido a una selección. Sus credenciales a nivel clubes son inmejorables: del Bolognesi sensación desde el 2007, los títulos con la U y Melgar, hasta la consagración con Cruz Azul. Es el favorito de la cátedra a pesar de su irritabilidad y su ánimo ratonero. No es Gareca ni Míster Simpatía. Mucha de su sobrevivencia dependerá de cuánto lo proteja —y aconseje— Oblitas.

UN DEBATE ABSURDO

En la interminable discusión sobre Marcos y Gareca, hay un aspecto fundamental obviado por los bandos en disputa: el contexto. Mientras el ‘Chueco’ dirigió a la que debe haber sido la mejor generación de futbolistas de nuestra historia, el ‘Tigre’ se las tuvo que arreglar con jugadores que salvo Guerrero y Tapia (e incluso Pizarro y Vargas) jugaban en ligas de segundo (y tercer) orden. El ‘Oso’ tuvo a Chumpi y Meléndez como pareja de centrales y Gareca al ‘Mudo’ Rodríguez y la ‘Sombra’ Ramos. La condición de crack de Tapia es indiscutible, pero compararlo con José Velásquez no resiste el menor análisis. Menos aún hacer lo propio con César Cueto o Teófilo Cubillas y el mejor Christian Cueva. La ‘Cobra’ Muñante fue mil veces más determinante que la ‘Culebra’ Carrillo y el ‘Orejitas’, aunque no es extremo izquierdo, empalidece frente al ida y vuelta que ofrecía Juan Carlos Oblitas.

Pero insistir en este debate es innecesario y hasta absurdo. Son contextos distintos, el fútbol era otro. Hagamos algo más inteligente: agradezcamos haberlos tenido a los dos.  ~

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