‘Campolo’, el rosado más grande

‘Campolo’, el rosado más grande

El Sport Boys Association cumple hoy 95 años. Dentro de su historia tiene un lugar de excepción Jorge ‘Campolo’ Alcalde, uno de los más prolíficos goleadores del fútbol peruano. El historiador y escritor chalaco Fabrizio Tealdo Zazzali rescata la figura de un delantero que supo inflar redes con la camiseta rosada y con internacionales como la del River Plate

Los años treinta fueron una época de oro para el deporte peruano, quizá la única que hemos tenido: campeones sudamericanos de básquet en 1938, subcampeones de waterpolo ese mismo año, Daniel Carpio ‘Carpayo’ imponía récords sudamericanos en piscina antes de dar el salto a las aguas abiertas, y la Selección peruana de fútbol levantaba su primer título Sudamericano (antecedente de la Copa América) en 1939, entre otros logros, nada más y nada menos.

Puntales de ese cuadro eran los rosados olímpicos de Berlín 36, Raúl Chappel (1911-1977) en defensa, Segundo ‘Titina’ Castillo (1913-1993) en el eje de la volante (jugaba de centre-half) y los dos hermanos Alcalde, Prisco (1913) y Jorge ‘Campolo’ (1911-1990). Este último es el canterano del Boys más exitoso en el extranjero, que por esas truculentas predilecciones de la memoria en el Perú, hoy casi nadie recuerda.

No aparece ni en esas pintas que suele hacer la afición porteña en las paredes baldías del puerto. Se recuerda más a los díscolos Walter ‘Zurda Maldita’ Daga, a Valeriano López o a Kukín Flores. ‘Campolo’ fue un inmenso: máximo goleador peruano en la Liga argentina (50 tantos en 127 partidos), quien jugó en la ‘Máquina’ de River y le dio al Perú ese primer título Sudamericano, con dos goles en el partido definitivo contra la todopoderosa selección uruguaya, y a pesar de eso se ha perdido en el recuerdo de la afición chalaca. Hoy, cuando se cumplen 95 años de fundación del Sport Boys Association, es una obligación recordarlo. 

LA ‘ACADEMIA’ PORTEÑA

La elección de la fecha de creación del Boys, el aniversario de la declaración de la In- dependencia peruana, no es un hecho fortuito. Así lo demuestra su acta de fundación: «resolvimos formar un Club adecuado a nuestra categoría, en el que utilizaríamos para nuestro provecho, nuestras energías morales y físicas en el sano Deporte, ya que se ha generalizado para el bien y provecho del hombre, que de esa manera se es fuerte y esperanza para la Patria y el Hogar, que es lo mismo” (las cursivas son nuestras).

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Al ser un club de aparición relativamente tardía (1927, frente a los años 1901 de Alianza Lima y 1902 del Atlético Chalaco), sus principios fundacionales y visión a futuro son más claros. El crecimiento de la ‘Misilera Rosada’ fue vertiginoso. Fundado en 1927, para 1932 ya era equipo de Primera, y campeona en 1935 y 1937; en 1936 no se disputa el torneo para favorecer la preparación de la Selección a los juegos olímpicos de Berlín.

Ese primer Boys, si no fue el mejor conjunto rosado de toda su historia, pega en el palo. Los primeros equipos peruanos surgieran de barrios populosos, pero también de instituciones educativas, como la ‘Furia Porteña’ (del Instituto Chalaco), la ‘U’ (Universidad de San Marcos) o el Boys (San José Maristas). Que el SBA naciera de un colegio, ayudó a que se afiance como espacio de convivencia de un pequeño sector del Callao, que se fue ampliando en afición pero que consiguió mantener la continuidad de una columna vertebral que se conocía de memoria y que no desentonaba con los nuevos jales o los canteranos que llegaban al primer equipo.

Los rosados estandarizaron un estilo de juego que fue llamado la ‘Academia Porteña’ desde que los títulos lo respaldaron. Que hermanos jugaran juntos (Prisco y Jorge, dirigidos por el mayor de ellos, Víctor Alcalde, histórico jugador del Atlético Chalaco) muestra la proximidad del camarín. Víctor (1897-1896), ‘Campolo’ y Prisco Alcalde son el emblema de la familia en que se convirtió el equipo, a quienes podemos añadir a los hermanos Aróstegui (Enrique y Guillermo). Resulta imposible no recordar el Acta de Fundación redactada apenas una década atrás, donde se lee que «el hogar y la patria son lo mismo». El Boys Olímpico cumplió con este principio establecido por los jóvenes fundadores.

AL NIVEL DE ‘LOLO’ Y ‘MANGUERA’

Los tres grandes goleadores de la época eran el crema ‘Lolo’ Fernández, el aliancista Alejandro ‘Manguera’ Villanueva y el rosado ‘Campolo’ Alcalde. De los tres, el único nombre que no resuena en la actualidad es el del porteño. Esto a pesar de que ‘Campolo’ anotó el primer gol contra Austria en la remontada 4-2 en Berlín; le dio al Perú el título del primer torneo bolivariano de 1938, donde fue el goleador del torneo. Y en 1939, en el Sudamericano disputado en el Estadio Nacional, formó con ‘Lolo’ una dupla ofensiva de terror para los rivales: se repartieron los 13 goles de la Selección en ese torneo, siete para el crema y seis para el rosado. La diferencia es que Alcalde anotó en todos los encuentros: dos en el 5-2 ante Ecuador; uno en el 3-1 ante Chile; uno en el 3-0 ante Paraguay; y un doblete para superar a Uruguay por 2 a 1 en el partido final, donde fue, de lejos, la figura del cuadro campeón. Ese año fue nominado al Balón de Oro Global de la FIFA y, además, lo contrata River Plate de Argentina.

Son números contundentes, que resuenan más cuando se le compara con su presencia en la memoria futbolera. A ‘Lolo’ y ‘Campolo’ los diferencia el marketing y el hinchaje, claro está, pero también la escasa gratitud del hincha porteño, que ha optado por los ídolos equivocados en el recuerdo. En el olvido influye, sin duda, que no completara su carrera en el Perú, lo que debería agrandarlo en lugar de reducirlo.

Esto es culpa de la hinchada pero también de la dirigencia, porque, entre otros homenajes, los estadios de los compadres llevan el nombre de sus ídolos. Existe, es cierto, un complejo deportivo llamado ‘Campolo’ Alcalde, en el límite entre el Callao y San Miguel, que muy pocos chalacos conocen. Un dato revelador es que al realizar una búsqueda en You Tube con la palabra Campolo solo aparecen como resultados conciertos de salsa.

En juego, por cierto, ‘Campolo’ era una mezcla de los goleadores crema y blanquiazul. Se le comparaba con ‘Manguera’ por la gambeta y con ‘Lolo’ por la potencia. Sin llegar al nivel de amague de Villanueva ni de zapatazo de Fernández, era más completo que ambos.

EL CAMINO A LIMA

Como se sabe, la avenida Colonial (hoy Benavides por esa predilección absurda de nuestras autoridades de rebautizar calles y avenidas) era la principal ruta que unía el puerto con la capital. En los años cincuenta, el tráfico del Callao a Lima aumentaba: la afición se concentraba en el Estadio Nacional, ampliado por el presidente Odría; y los jugadores también optaban por camisetas que les trajeran tranquilidad económica y fama.

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Alguna vez discutiendo con uno de mis pocos amigos cremas moderados (basta decir que no considera a Universitario un equipo «copero’) sobre el limitado aporte de la ‘U’ a la selección nacional (siendo el club con más títulos en la liga peruana, esto no se condice con el aporte de jugadores históricos a la ‘Blanquirroja’, donde de lejos es Alianza Lima el que se lleva los laureles), me dijo, a pesar de su prudencia,: «No importa que la ‘U’ no tenga canteras. Que los jugadores se formen primero en el Callao y luego vengan a campeonar a un grande».

Las diferencias entre los títulos de los tres grandes del fútbol peruano y el resto son demoledoras, y es comprensible que jugadores de provincias sueñen con migrar a la ‘U’, Alianza o Cristal. Esto pasa en el Perú y en cualquier otro país; no es para quejarse, es la realidad.

La diferencia entre los tres grandes y el Boys empieza a ensancharse en los años sesenta. Entonces, la rosada sumaba cinco de los seis títulos que levantó, ganando el quinto en 1958. Hasta ese año, el único club con más campeonatos que los rosados eran lo íntimos de La Victoria, con 11, y los cremas, con 7. Cristal tenía uno solo, entonces como Sporting Tabaco, Municipal ganó su cuarto y último título en 1950, y el Chalaco se quedó con dos (1930 y 1947).

Los limeños, con la ‘U’ como abanderado, empezaban a acostumbrarse a jalar a los chalacos. En los cuarenta se quedó con ‘Titina’ después de pasar por Municipal y Lanús de Argentina, y también con ‘Campolo’ a su vuelta al Perú, donde en 1949 campeonó al lado de su ex compañero de ataque en la Selección, ‘Lolo’ Fernández.

En 1952, el recordado arquero Rafael Asca deja la ‘Misilera’ para hacer historia con Cristal. Se fue del puerto porque pasaba penurias para cobrar. Esta fuga de canteranos creció con el tiempo. Las figuras rosadas, ‘Cachito’ Ramírez y ‘Patrulla’ Barbadillo, optaron por dejar al Boys a inicios de los setentas. Desde entonces, la prudente frase de mi amigo crema empezó a volverse costumbre. Los finales de temporada para el Boys no solo eran complicados en los resultados, con el fantasma de la Segunda siempre latente, sino que el mal año empeoraba con el titular anunciando que la figura del plantel ya no estaría el próximo año. Uno de los más recordados es el sonado contrato que le hizo la ‘U’ al ‘Pato’ Cabanillas a mediados de los ochentas, que terminó con el Boys descendiendo de categoría.

En su aniversario 95, el Boys debería empezar a mirar el pasado para recuperar el pasado perdido. Que empiece con el más grande de su historia. Por cierto, a diferencia del recordadísimo Valeriano López, casmeño, ‘Campolo’ Alcalde fue chalaco de nacimiento. ~

(*) Este artículo se basa en el que aparece en la Enciclopedia General del Callao Digital. Se puede acceder a dicha obra a través del siguiente enlace: https://www.gob.pe/institucion/regioncallao/informes-publicaciones/2546081-enciclopedia-general-del-callao-digital

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Escrito por

Punteño de nacimiento y chalaco por decisión, estudió Historia en la Universidad Católica, pero la vida lo llevó por la literatura y la deportología, y hace varios años intenta combinar su carrera con estas aficiones. Este año fue el especialista encargado en elaborar la historia del deporte de la Enciclopedia del Callao que acaba de imprimirse. Fue editor de cierre de los diarios El Comercio y Publimetro, medio para el cual cubrió la carrera de la Fórmula E en el Autódromo Hermanos Rodríguez de Ciudad de México. Ha publicado dos libros de ficción histórica, uno de cuentos (Breve suma histórica del Perú fantástico) y una novela (El marqués en el exilio).

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