Varillas al alza

Varillas al alza

Juan Pablo Varillas es parte del selecto grupo de los peruanos que ingresaron al Top 100 del ranking ATP. Junto a Yzaga, Arraya, Horna y Di Laura, su nombre ya está en la historia del tenis nacional. No hay una receta mágica para este logro, salvo mucho trabajo. Tuvo que irse a Argentina para mejorar su preparación y espera seguir escalando en la tabla. La periodista Ornella Palumbo sube a la red para entrevistar a la raqueta número 1 de Perú.

A sus 26 años ha encontrado la madurez tenística y personal que lo ha llevado a vencer grandes jugadores, como el italiano Sonego y el español Bautista Agut; y a competir ferozmente contra un Top 10, como el canadiense Félix Auger-Alliasime, a quién apretó hasta los cinco sets en su primer cuadro principal de Grand Slam. Nada más y nada menos que en la mismísima Philippe Chatrier.  

Utilizando el lenguaje tenístico, mudarse a Buenos Aires fue un punto de quiebre en su carrera. La ciudad porteña se configura como un hub en Sudamérica para los deportistas que tocan el techo pronto en sus propios países. Entre la inmensa variedad de rivales y de entrenadores, eligió a Diego Junqueira, ex coach de ‘Pico’ Mónaco y de Federico Delbonis. Además de nutrirse en la cancha, aprendió a cocinar. Aunque cada vez que vuelve a casa, en Lima, el desayuno lo está esperando.

Es un gran logro haberte metido entre los cien primeros del mundo. ¿Cómo se siente?

La verdad es que es un es un sueño hecho realidad. Es un objetivo que me había trazado hace un tiempo con mi equipo, pero también creo que es un sueño que todo chico que sueña con ser tenista profesional quiere cumplir.

¿Qué se siente ver tu nombre ahí? Eres el quinto peruano en conseguirlo. Estás, cada vez, codeándote más con los tenistas de la parte de arriba del ranking mundial.

Mucha ilusión, mucha satisfacción, también porque es un indicativo de que estoy haciendo las cosas bien, sobre todos en los últimos torneos. En Roland Garros, en estos ATP que fueron en Europa, he competido con los mejores, con jugadores que, quizás, hace un par de años solo los veía por la tele, y haber compartido vestuario o cancha, entrenamientos, me pone muy feliz.

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Estaba mirando cómo fue el cuadro de Roland Garros y fue durísimo, ¿no? Porque ganas tres partidos el último peleadísimo, además, con el chileno Jarry-, y después entras al cuadro principal que, obviamente, fue noticia en todo el país. Hasta ahí antes de llegar al partido con Auger-Alliasime. ¿Cómo te sentiste?

Fue raro, porque comencé la gira de una manera no tan buena. Llegué a Francia a jugar dos torneos antes de jugar la qualy y estaba muy mal del hombro. Es más, el segundo torneo no lo pude jugar, porque no podía sacar. Recién empecé a sacar cuatro días de competir en la qualy (de Roland Garros).

No llegué de la mejor manera y creo que me sacó un poquito la tensión, la presión. Pensé: bueno, que sea lo que tenga que ser, compitamos con lo que tengo en este momento y así se dio. Los dos primeros partidos los gané muy ampliamente siendo superior en todo momento, y el tercero fue durísimo, larguísimo. Me parece que pudo ser para cualquier, incluso más para él (Jarry), que estuvo arriba todo el partido con ventaja. Y, al final, termino ganando yo.

Fueron momentos inolvidables. Jugar un primer cuadro de Grand Slam y que sea en Roland Garros es increíble.

¿Cómo hiciste para manejar la lesión?

Tuve la suerte de viajar con mi kinesiólogo, entonces con él y con mi entrenador dijimos: paremos ahora, no jugamos ese torneo y pongamos todas las fichas en Roland Garros. Y recuperamos toda la semana entrenando muy poco, haciendo físico intenso, pero no utilizando mucho el hombro sin hacer mucho tenis. Y yo recién empecé a sentirme bien dentro de la cancha el domingo, antes de competir, o sea, dos días antes.

Y después terminas entrando en el cuadro principal y viene Félix Auger-Alliasime. Un nombre importante en el tenis actual, y le haces un partido a cinco sets.

Haber jugado en la cancha Philippe Chatrier es increíble. En tu primer partido en un cuadro principal, y que me toque un rival top ten, también es una oportunidad increíble. No siempre juegas con jugadores de esa calidad. Y que el partido haya sido como fue también me deja muy tranquilo, sabiendo que puedo competir con quien sea en el circuito.

Fue 6-2, 6-2, 1-6, 3-6 y 3-6. Impresionante, ¿no?

Sí, fue un arranque soñado. y después él tiene mucha más experiencia en ese tipo de partidos largos, porque tienes mucho tiempo para reaccionar y poder encontrarte. Yo sabía que en algún momento él iba a subir su nivel y estuvo bastante parejo. Yo saqué mucha diferencia en los dos primeros sets. Él sacó bastante diferencia en el tercero y cuarto; y en el quinto fue sólo un quiebre, pudo haber pasado cualquier cosa.

¿Cuál era la estrategia para enfrentar a Auger-Alliasime? Que, además, es muy alto. Mide 1.93 metros.  

Tratar de que no agarre la derecha invertida, que es su mejor golpe. Moverlo todo el tiempo y hacerlo pegar en movimiento. Jugarle muchas paralelas para sacarlo de esa zona y atacarlo mucho por el revés cuando te deja el espacio. Tratar de hacerlo jugar todo el tiempo con su saque. Y, después, tratar de imponer mi juego, ser agresivo todo el tiempo, sacarle el tiempo, cortarle los ritmos.

Antes de entrar en el tema de tu entrenador, fuiste a Suiza, a Gstaad, y también te fue súper bien. Jugaste contra nombres recurrentes entre los grandes como Sonego y Bautista Agut; y llegasta a jugar con Dominic Thiem.

Otra vez empecé la gira con una lesión. Después de Roland Garros llegué a Italia y pude competir. Me volví a Argentina a recuperar de la lesión. Cuando estaba supuestamente superada, voy a Alemania y no pude terminar el primer partido y, otra vez, pasamos la semana tratando de recuperar el pie, porque era una lesión de tobillo. Después jugué en Suecia y fue bastante bien, sin dolor. La prioridad en ese momento era estar bien físicamente. 

Llegó a Suiza paso la qualy y le gano Sonego, lo que ya era en ese momento la mejor victoria en mí carrera. Después juego contra Bautista Agut, que es crack también, un grandísimo jugador. Fue un partidazo. Me gustó el juego, me acomodaron las condiciones. Jugué lo más tranquilo y concentrado posible, porque es uno de esos jugadores que no te da una bola, que tienes que ganarle de principio a fin. No porque le estés ganando va a bajar los brazos. Y te das cuenta, porque la siguiente semana ganó el torneo en Austria. Es uno de esos jugadores que son buenos de verdad.

Leyendo una nota que te hicieron en la página de ATP cuentan cómo ha sido tu evolución en los últimos años, desde ese momento en que viviste en Barcelona en 2016. Y cuentas que no la pasaste bien. Además de ese episodio, ¿cómo han sido los últimos años de tu vida, desde que te mudaste a Argentina?

Con muchos altos y bajos. Obviamente, hay más buenos que malos, no me puedo quejar. La mayoría de tiempo he disfrutado lo que hago y me gusta. Pero, nada, desde que me fui de Barcelona creo que mi carrera ha ido para arriba. Todos los años, siempre, terminé con un mejor ranking y sintiéndome mejor dentro de la cancha, compitiendo mejor. Ha sido un proceso, bastante progresivo. No es que un año exploté y de la nada me metí Top 100. Ha sido trabajo, sacrificio, durante varios años, que me dejan tranquilo, porque creo que es una de mis virtudes saber escuchar, saber trabajar, ser disciplinado, no bajar los brazos. Y el trabajo al final siempre paga, ¿no?

¿Qué significó Barcelona para ti? ¿Por qué crees que no te acomodaste ahí?

Quizás no era lo que yo necesitaba o no era el sitio indicado. Sentí que no encontré mi lugar ahí, ni era el equipo que necesitaba. No encontré las personas, no encontré el ambiente que quería para mí y, nada, pues, eso le puedo haber pasado a cualquiera, no todos estamos hechos para lo mismo. Y yo, quizás, en ese momento era chico, tenía 20 años, y no estaba preparado para eso.

Cuando fui a Argentina fue todo lo contrario. Me sentí muy cómodo, estaba mucho más cerca a mi casa también, no había tanta diferencia horaria y con el tiempo fui mejorando mucho y, en verdad, la parte mental, estar tranquilo, estar en un sitio que te gusta, aunque parezcan cosas que no influyen, sí influyen, bastante.

Y estás entrenando allá con Diego Junqueira ya hace un tiempo. Que fue entrenador de Juan Mónaco y Federico Delbonis. Se le ve una persona muy cálida.

Y también de Federico Coria. Él es un grandísimo entrenador. Cómo mira los partidos, cómo ve las cosas dentro de la cancha, cómo maneja al jugador y las ganas que tiene siempre de trabajar, siempre ahí con buena energía. Pero, con el tiempo, me di cuenta que yo busco, más que un buen profesional, una buena persona.

Y es una persona con la que yo convivo 25 semanas al año, mínimo, compartiendo habitación. Estar casi todo el día juntos. De hecho, necesitas una persona con la que puedas conversar de otras cosas, que la pases bien, porque al final no solo es tenis, ¿no? Por lo menos, para mí, eso es lo que yo busco. Y con él he encontrado ese mix de gran profesional y enorme persona.

Esto alguna vez lo hablamos. La vida del tenista, además, es muy ajetreada, porque estás todo el tiempo viajando y al final tu vida termina mezclándose con la rutina de tu trabajo.

Exacto. Ser tenista es casi un estilo de vida. No es solo tu trabajo. Entonces esos momentos de bienestar, de distracción, de hacer otras cosas, son fundamentales conforme va pasando tu carrera. Al final el tenis conforme va pasando tu vida, siendo más grande, siento que ocupa un espacio más chiquito y hay que darse cuenta que no es sólo tenis, ¿no? Puedes saturarte y al final terminas odiando lo que al comienzo era lo que más te gustaba y la razón por la que te dedicaste a esto.

Estás trabajando con un psicólogo deportivo también, ¿cierto?

Sí, en Argentina. Se llama Dolores Álvarez. La verdad, me ayuda muchísimo en el tema de la concentración, de mantenerme motivado, y no solo en eso; también puedo hablar con ella, es bastante abierta, y podemos hablar de todos los temas que me incomoden o quiera conversarlo con alguien y no tenga con quién. Obviamente no hablo lo mismo con todos. La verdad me ayuda más con temas míos que con el tenis y al final te das cuenta en la cancha.

¿Qué significa Argentina, al nivel tenis, para un sudamericano? Gonzalo Bueno, que está empezando su carrera profesional, también decidió irse a vivir allá, porque le ofrece una variedad de rivales, de especialistas vinculados al tenis. La industria termina siendo mucho más grande que en el Perú.

Sí, es un ambiente mucho más profesional, donde todos los días vas a poder entrenar con alguien diferente, donde hay muchos entrenadores, donde el tenis, de verdad, es un medio de vida. O sea, puedes vivir del tenis. Donde, culturalmente, el deporte es mucho más profesional que en toda Sudamérica, creo yo. En general, el deporte, digo. Y creo que es un ambiente que te invita a mejorar todo el tiempo. Siempre va a haber alguien mejor que tú. Esa competencia hace que quieras mejorar.

Yo, estando en el puesto 600 o 500 del ranking ATP, ya estaba número uno en Perú. Y eso, por más que uno no quiera, porque yo siempre fui bastante disciplinado y con los pies en la tierra, como que te baja. El ambiente no te motiva ni encuentras con quien entrenar. Todo el tiempo es un problema eso. Y qué bueno que Gonzalo se haya dado cuenta de eso más chico que yo.

¿Qué significa la Copa Davis, hoy por hoy, para ti?

Es siempre un placer representar a mi país. Es motivante, me llena de confianza todo el tiempo. Nos está yendo muy bien. Aparte, son semanas muy especiales, porque, salvo Sergio (Galdos) todos somos de la misma edad y la pasamos muy bien. Los hermanos Huertas, Nico Álvarez, Panta, son jugadores y personas que conozco desde los diez años.  Entonces, más allá de que somos un equipo joven, y creo que somos un gran equipo comparado en los últimos equipos que ha tenido Perú, somos amigos todos. Yo sé que los que están afuera van a empujar siempre el carro para adelante y yo, estando afuera también.

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Estaba leyendo en estos días que aprendiste a cocinar con YouTube. ¿Es verdad?

Sí. Cuando llegué a Argentina no sabía nada, no sabía hervir un huevo, no sabía tender la cama. Yo, igual, ahora, cuando vengo a Perú, me engríen un poquito porque me hacen todo porque estoy en casa de mis papás. Estoy tan poco acá que no tiene sentido estar en otro lado. Aprovecho y estoy con ellos. Y llego y ya está tendida la cama; bajo y ya está hecho el desayuno; llego de entrenar y la ropa ya está limpia y doblada. Y allá (en Buenos Aires) cero. Yo lavo en la lavadora. Felizmente hay una en el edificio.

Cuando llegué, terminaba de entrenar, llegaba al departamento y decía: ¿ahora qué hago? Tengo que cenar. Podía pedir un par de día, pero no todos. A mí no me daba. Entonces, iba al supermercado y compraba pollo. Y no compraba sal, aceite, arroz o verduras para una ensalada. O sea, no sabía nada. Y ya con el tiempo fui aprendiendo y ahora me manejo tranquilo. Me levanto, hago el desayuno al toque, porque ya sé qué voy a comer. Eso sí, siempre como lo mismo, porque es más fácil, porque ya lo hago rápido y porque también la dieta no es muy variada tampoco.

¿Qué viene en la agenda?

Me voy a Santo Domingo y después viene el US Open.

Otro “grande” a la vista. Te felicito. Eres un ejemplo de deportista y un referente para todos los que quieren este deporte. Y disfruta este tiempo en casa, con los tuyos.

Lo necesitaba. Necesitaba estar acá un par de días por lo menos, para recargar las baterías para lo que viene en el resto del año. ~

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Fichada por el periodismo deportivo, en un principio, más por azar que por voluntad propia. Unas prácticas pre profesionales en Movistar Deportes signaron lo que más tarde sería un recorrido por las canchas que aprendí a querer y a valorar en Global TV, un segundo curso en el entonces CMD, Espn y TV Perú. En el medio, años maravillosos de coberturas periodísticas de los temas tradicionales, siempre en clave de reportaje de televisión, en Panamericana y Latina, con algún desvío hacia el periodismo escrito en el semanario Hildebrandt en sus trece. Así como el mundo la pelota sigue girando y, en esta vuelta, las historias huelen a sudor.

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