Follow

Recibe las mejores historias del deporte peruano y mundial

Un arquero de segunda

[Escribe: Angelo Torres] Danijel Subašić, el hombre que acaba de convertirse en héroe ante Dinamarca, siempre fue un arquero de segunda. A los 20 años empezó a tapar en el NK Zadar de su ciudad natal cuando estaba en la liga de ascenso y el único sueño posible era evitar la baja.
Ilustración: Gnomono

Danijel Subašić, el hombre que acaba de convertirse en héroe ante Dinamarca, siempre fue un arquero de segunda. A los 20 años empezó a tapar en el NK Zadar de su ciudad natal cuando estaba en la liga de ascenso y el único sueño posible era evitar la baja. Tras dar el salto al Hajduk Split, llegar hasta la Europa League y ganar la Copa de Croacia, decidió nuevamente jugar en Segunda División, pero esta vez en Francia. Lo llamó el AS Mónaco y Danijel no lo pensó ni un segundo. Aunque parecía estar en decadencia, sabía que se trataba de un grande europeo.

En su país, Croacia, también lo veían como un ciudadano de segunda. Por lo menos el padre de su novia, Antonija, que la golpeó y amenazó con matarla por querer casarse con un arquero de sangre serbia. Para un nacionalista de ultraderecha como Ante Boca, tener ese origen era mucho más que un defecto. A pesar de que en el 2007 Danijel jugaba en un equipo croata y representaba a la selección de su país, su linaje lo hacía inaceptable. Ni la fe católica heredada de su madre croata borraba la deshonra de que su padre fuera un serbio ortodoxo. “Aunque soy serbio y Antonija croata, nos queremos, y es lo más importante”, dijo por entonces el arquero, creyente del amor. En un mundo donde cada vez existen menos fronteras, las divisiones las crean las propias personas.

Cuando Subašić llegó al Principado, seguía siendo un arquero relegado. A pesar de sus buenas actuaciones, de ser clave para volver a la máxima división francesa, la directiva le traía reemplazos cada cierto tiempo: Maarten Stekelenburg y Sergio Romero intentaron quitarle el puesto sin éxito. “Cuando escuchaba a gente hablar sobre otros nombres, bajaba la cabeza y me ponía a trabajar”, dice este portero al que no le gusta exponer su vida privada, y que se la pasa evadiendo los flashes y las páginas de espectáculos. Sus referentes, Petr Cech, Gianluigi Buffon y Manuel Neuer, dicen mucho más que él acerca de su personalidad. No le gusta el histrionismo. Prefiere la sobriedad aunque para estar en su puesto hay que tener un poco de locura y aceptar que una tapada decisiva puede hacer la diferencia entre la gloria o un meme.

En Brasil 2014, para su propio técnico en la selección croata también pasó a ser la segunda opción. Niko Kovac escogió al experimentado Stipe Pletikosa para ser titular. La experiencia en aquel Mundial acabaría pronto: fueron eliminados en primera ronda en un grupo donde estaba el poderoso anfitrión y México.

Danijel, que igualó el récord de penales atajados en una misma definición que tenía el portugués Ricardo luego de eliminar a Inglaterra en el pase a semifinales de Alemania 2006, creció viendo a Tomislav Ivkovic ahogándole el grito de gol desde los doce pasos a Diego Maradona. Si bien esa Yugoslavia de Italia 1990 perdió 3-2 en la definición ante Argentina en los cuartos de final, algo empezaría a cambiar para siempre…”

A la larga, Subašić demostraría que, en realidad, era un arquero de segundas oportunidades, aunque tuviera que esperar cuatro años para eso. Vital en el actual Croacia que consiguió tres victorias consecutivas ante Nigeria, Argentina e Islandia, le estaba reservado un duelo especial, en octavos de final, con Kasper Schmeichel, el hijo ilustre de Peter, campeón de la Eurocopa 1992. El arquero y uno de los líderes de Dinamarca quería escribir su propia historia y hasta en una conferencia de prensa se molestó por las constantes comparaciones familiares. Rompió el récord de imbatibilidad de su papá, es cierto, pero eso solo fue carbón para la incendiaria prensa. En el campo del Nizhni Nóvgorod Stadium, Kasper le acaba de tapar un penal a Luka Modric —el menudo volante que parece tener las piernas debilitadas después de 115 minutos de juego—, y evita que Croacia se lleve la victoria en las postrimerías del tiempo suplementario.

Ante la inminencia de la definición desde los doce pasos, Subašić vuelve a ser nuevamente el arquero subestimado por todos. Sobre todo después del gol de Dinamarca, en el arranque del partido, que se le escurrió como un caracol por debajo de las piernas. Nadie se imagina que puede convertirse en el héroe de este duelo de octavos de final. Nadie recuerda tampoco que en Francia ha detenido ocho de los quince penales que le han disparado, aunque algunos de ellos hayan sido poco decisivos en el resultado final. “Prefiero no taparlos y ganar”, ha dicho sobre aquella estadística.

Danijel, antes del primer remate de Dinamarca, ha decidido sacar otro par de guantes para la definición. Prefiere confiar en ese segundo juego que había dejado en el vestuario. Al frente está Christian Eriksen, la estrella danesa que no brilla, la promesa inconclusa. Entonces Subašić vuela, adivina y desvía con las manos el balón que choca en el poste y se va. Pero Schmeichel quiere dejar de ser solamente ‘el hijo’ de una familia de arqueros y le ataja el remate a Badelj. Kjaer y Kramaric anotan los primeros penales para cada equipo. Krohn-Dehli y un Modric redimido tampoco fallan. La tensión aumenta. Schöne calca el primer remate lanzado por Eriksen y Danijel vuelve a tapar con intuición, la fórmula secreta que tiene. El arquero de segunda ha tapado su segundo penal con su segundo juego de guantes. Si Jens Lehmann recurría a unas anotaciones en un papel, Subašić se dedica a estudiar los ojos y la postura de sus rivales. Pero Kasper también detiene el tiro de Pavaric y vuelve la igualdad. Jörgensen, ante el miedo de fallar a un costado en el último remate de Dinamarca, patea al medio y Danijel saca las manos y también saca los pies. Con los dedos desvía el tiro para que Rakitic, el hombre de hielo, congele la esperanza danesa y Croacia consiga algo parecido a un grito de independencia.

Todos van con Subašić, el portero que lleva, debajo de su camiseta oficial, un polo con el rostro del que fuera uno de sus mejores amigos, Hrvoje Custic, que hace una década murió tras golpearse la cabeza con una pared muy cerca a la línea de banda mientras jugaba un partido. Lo que quiere el corazón, permanece en el tiempo. Danijel lo sabe y por eso también sigue con Antonija, con quien vive en Montecarlo desde hace algunos años. No tienen hijos, pero sí dos gatos. Dieciséis años de relación han hecho que el padre acepte al casi yerno, aunque tenga raíces serbias. Hasta los ultras terminan cediendo y dando una segunda oportunidad.

El arquero croata, que nació cuando Zadar estaba dentro del territorio de la extinta Yugoslavia, aún recuerda la Guerra de los Balcanes como un herida ya cerrada: “No entiendes cuando eres chico. Es difícil cuando toda la familia tiene que ir al sótano para estar seguros, esperando. No es fácil, pero eso es el pasado. Hay que olvidar la guerra; ya acabó”. Así como también ya acabó la guerra con su familia política, y también esa insistencia por traerle otro arquero en Mónaco.

Danijel, que igualó el récord de penales atajados en una misma definición que tenía el portugués Ricardo luego de eliminar a Inglaterra en el pase a semifinales de Alemania 2006, creció viendo a Tomislav Ivkovic ahogándole el grito de gol desde los doce pasos a Diego Maradona. Si bien esa Yugoslavia de Italia 1990 perdió 3-2 en la definición ante Argentina en los cuartos de final, algo empezaría a cambiar para siempre. Solo dos años después Croacia obtendría su reconocimiento como país y Subašić se convenció de que quería ser más que una anécdota como Ivkovic. Un día él podía ser la figura de su país, el eterno segundo que se convierte en el número uno. Y por fin ese día llegó. ©

Total
0
Shares
Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Publicaciones relacionadas
Leer más

Los reyes también tiemblan

[Escribe: Paloma Reaño] Son las 7 de la tarde y el bochorno de un Madrid nublado nos aplasta. Aunque España tiene la clasificación en el bolsillo se respira algo de tensión en el ambiente. Puede ser el calor despiadado que supera los 35 grados y nos arrincona, melosos.
Leer más

El imperio de colores

El equipo de Inglaterra siempre me fue antipático. De chico llegué a conocer algo de la historia del fútbol, por lo menos de sus mitos, lo que se podía conocer revisando almanaques mundiales, folletos, revistas y periódicos en la Lima marginal de los ochenta.
Leer más

Aquí el que baila gana

[Escribe: Renzo Bambarén] Veintidós kamikazes del ritmo llegaron al Samara Arena dispuestos a ocasionar un big bang en la historia futbolera de la humanidad. En un duelo de negritudes, el baile cataliza la alegría y libera la energía inherente a sus cuerpos.
Total
0
Share