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La nueva Nigeria

[Escribe: Piero Che Piu] Cuando en el segundo tiempo llegaron los dos goles de Ahmed Musa, doscientos millones de nigerianos en el mundo empezaron a celebrar una fiesta nacional. En Twitter hubo alguien que ya decidió su epitafio: viví en los tiempos de Musa.
Ilustración: Gnomono

Cuando en el segundo tiempo llegaron los dos goles de Ahmed Musa, doscientos millones de nigerianos en el mundo empezaron a celebrar una fiesta nacional. En Twitter hubo alguien que ya decidió su epitafio: viví en los tiempos de Musa. Los analíticos celebraban al equipo que pudo derretir a Islandia, y hubo quien decía que el delantero del CSKA de Moscú había hecho más por su país que toda la clase política. La exageración de las redes sociales es tan sólo otro síntoma de un país donde el 70% tiene menos de 35 años. Pero también la ganas de cambiar una sociedad que desde hace décadas es una de las más corruptas del mundo.

A primera vista era un partido entre novatos. Islandia saboreaba los octavos de final en su primera participación en la Copa del Mundo luego de empatar de forma histórica ante Argentina. Era un equipo adulto, acostumbrado a sobreponerse ante rivales más fuertes. Nigeria, la selección más joven del torneo, no podía irse sin sumar un punto. La nación más poblada de África había dejado atrás a sus rivales de Costa de Marfil, Ghana y Camerún. La derrota ante Croacia fue un golpe en el estómago para sus aspiraciones. Tenían que transformar este drama en un blockbuster de Nollywood.

Después del pitido inicial, los futbolistas bañados en repelente luchaban por la posesión con el mismo coraje con el que los mosquitos luchaban por su lugar en el césped. Desde la Eurocopa, Islandia se había convertido en una de las mejores defensas del mundo. A medio camino entre lo amateur y el profesionalismo, cada torneo en los que participó la selección del dentista-entrenador Heimir Hallgrimsson, no solo acumulaba experiencia: hacía historia. Si querían ganarle, debían luchar.

Nigeria, por su parte, había llegado al Mundial listo para la pelea. En sus maletas, los seleccionados africanos cargaban una camiseta de fútbol que parecía sacada de Black Panther. El modelo diseñado por Nike, tras salir a la venta, se acabó en un día. La colección se inspiraba en Naija, una palabra creada por los jóvenes nigerianos para distanciarse del pasado. “Nai” significa viejo y “ja” es la jerga que utilizan para el verbo desaparecer. Que desaparezca lo viejo, para dar paso a la Nueva Nigeria. Cuando sus futbolistas llegaron a Rusia vestidos con tradicionales trajes blancos con un águila estampada en el cuello, seguían esa misma idea. A diferencia de otros equipos africanos, la elegancia Naija no tiene la estética europea del saco y corbata.

La popular autora inglesa de origen nigeriano Chimamanda Ngozi Adichie escribió que el fútbol era una forma catártica de demostrar que tu país no será parte del G8; que estarás en los últimos lugares en salud, economía y salud; que no tendrás la infraestructura; pero que se puede ganar con talento y agallas”

En la cancha, Islandia dominó el primer tiempo haciendo de la traba la jugada más popular. Si bien no tenía la posesión, la opción más clara sobre los últimos minutos hizo creer que lo que decían las casas de apuesta era cierto: podía ganar. Parecía que Nigeria estaba ante las cuerdas. Entonces, su respuesta fue empezar a correr. Cuando el gol llegó en el arranque del primer tiempo, no solo vulneró a la defensa que detuvo a Lionel Messi, también derrotó su concentración. Forzado Islandia a salir al ataque, el ida y vuelta favoreció a Nigeria que anotó otro gol. Sigurdsson, el mejor del equipo islandés, pateó un penal hacia la tribuna. Convirtiendo al Grupo D en el Grupo de la muerte, donde tres equipos se disputarán el pase a la siguiente ronda en la última jornada.

La popular autora inglesa de origen nigeriano Chimamanda Ngozi Adichie escribió que el fútbol era una forma catártica de demostrar que tu país no será parte del G8; que estarás en los últimos lugares en salud, economía y salud; que no tendrás la infraestructura; pero que se puede ganar con talento y agallas. “Muchos chicos empezaron jugando sin zapatos. Ahora imagina lo que haríamos si todos los tuviéramos desde el principio”, escribió la autora favorita de Oprah.

Aunque, separados por más seis mil kilómetros de distancia, el anhelo de empezar todos por igual conecta a estos dos países, el secreto del rápido ascenso en el fútbol Islandés responde a la inversión de colocar campos de fútbol techados en cada municipio. Al tener casi cien veces menos población que el gigante africano, los resultados no se hicieron esperar. En apenas una década, el hecho de jugar fútbol todo el año hizo que Islandia subiera ochenta puestos hasta llegar al lugar 22 en el mundo. Desde entonces Islandia es una nación de hielo y fútbol.

No es casualidad que ambas aficiones apodaran a sus equipos con seres alados. Para las Súper águilas y los Dragones de hielo, esta Copa del Mundo, tan dominada por élites deportivas, era una nueva forma de fe. Al creer que sus 23 jóvenes podían llevarlos hacia lo más alto de la atención del mundo, querían demostrar que hay algo más importante que la historia deportiva, los gobiernos justos o el tamaño de tu país. A veces hay que olvidarnos del pasado, apretar los dientes y luchar. ©

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