Follow

Recibe las mejores historias del deporte peruano y mundial

La nueva guerra de los emús

[Escribe: Renzo Bambarén] Una colorida melodía suena a orillas del río Volga con aires de solemnidad. «Tenemos un suelo dorado y la riqueza para el progreso». En las tribunas del Samara Arena, las voces de una humana marea amarilla resplandecen como el sol oceánico. «Nuestro hogar está ceñido por el mar».
Ilustración: César Cutipa

Una colorida melodía suena a orillas del río Volga con aires de solemnidad. «Tenemos un suelo dorado y la riqueza para el progreso». En las tribunas del Samara Arena, las voces de una humana marea amarilla resplandecen como el sol oceánico. «Nuestro hogar está ceñido por el mar». En el campo, once robles de camisetas verdes se abrazan, haciendo de su fraternidad la espesura de un bosque. «Nuestra tierra abunda en los dones de la naturaleza». Una madre con su niña en brazos. «De una belleza rica y excepcional». Un volante del Aston Villa. «En la página de la historia, en cada etapa». Juntos entonan. «¡Avanza, bella Australia!». Y replican. «¡Avanza, bella Australia!». Y avanzan

Luego de sucumbir ante una opaca Francia en la primera fecha, Australia tuvo al frente a la Dinamarca de Eriksen, que venía airosa tras derrotar a Perú con angustia. Sobre sus pechos envalentonados, las dos criaturas de su escudo proyectan esos dones de la naturaleza de los que habla ‘Advance Australia Fair’, su himno: un canguro, el marsupial nacional que salta por los cielos, y el emú, el ave que se ha dedicado a avanzar sobre los parajes del sexto país más extenso del mundo.

El emú no nació para volar, sino para correr. El ave nacional australiana de patas prolongadas puede trotar a velocidades que alcanzan los 50 kilómetros por hora. Con sus dos metros de altura y sus 40 kilos en promedio, el emú habita en territorio australiano desde tiempos remotos. Según la mitología aborigen, es el dios creador de los paisajes y la tierra bajo el nombre de Altjira. Esta avestruz celestial habita en la dimensión de los sueños de las personas, donde suele ocasionar el caos.

El partido ante Dinamarca no era un sueño, pero iniciaba siendo un caos para Australia. A los 6 minutos de empezado el juego, el Eriksentrismo danés —la estrategia de monopolizar el juego en la presuntuosidad técnica de Christian Eriksen— tomó por sorpresa a Mile Jedinak y compañía: un error en salida de los verdes terminó en los pies de Jorgensen dentro del área. El espigado delantero danés sirvió para Eriksen en contrabote y el diez cacheteó el balón con el borde externo de su pie izquierdo, liquidando en el acto al portero Ryan.

El emú, por su naturaleza, nacía negado al vuelo, pero siempre dispuesto a avanzar. Dispuesto a avanzar como en 1932, cuando las aves le ganaron una guerra al ejército australiano.

Luego de la Primera Guerra Mundial, un grupo de veteranos soldados  australianos y británicos se instalaron en las zonas rurales de Australia Occidental con la consigna de dedicarse a la agricultura. A pesar de la depresión económica de 1929, el Gobierno del país oceánico prometió subsidios para quienes decidieran incrementar sus parcelas de trigo, generando así una sobreproducción del cereal y una caída en el precio.

Sobre sus pechos envalentonados, las dos criaturas de su escudo proyectan esos dones de la naturaleza de los que habla ‘Advance Australia Fair’, su himno: un canguro, el marsupial nacional que salta por los cielos, y el emú, el ave que se ha dedicado a avanzar sobre los parajes del sexto país más extenso del mundo”

Con problemas económicos a cuestas, a la zona llegaron más de veinte mil emús que migraban de manera regular hacia la costa australiana. Ante la espesura de los grandes campos de trigo, las aves corredoras no encontraron mejor idea que quedarse a habitar en terreno agrícola. Las avestruces australianas consumieron el trigo y echaron a perder las cosechas de los veteranos de guerra, quienes acostumbrados a solucionar los problemas con plomo, decidieron exterminarlas.

Todo se hizo bajo las órdenes del Ministerio de Defensa. El objetivo era rodear a los emús en los campos de trigo y que un puñado de soldados de la Real Artillería Australiana, armados con ametralladoras Lewis y comandados por el mayor G.P.W Meredith, disparara diez mil cartuchos. Incluso se establecieron recompensas para aquellos granjeros que aniquilaran una de estas aves.

Al cabo de seis días, los militares solo lograron matar entre 200 y 500 aves. Los hombres gastaron toda su munición y no consiguieron el objetivo. Estaban sorprendidos con la notable movilidad de los emús, que se desperdigaban a trote veloz ante el estruendo de las armas. A pesar de estar heridos, lograban huir de forma maratónica. La milicia se retiró y las aves volvieron a hacer de las suyas en los campos.

Tras un segundo intento fallido por exterminarlos y con la presión mediática de la ridiculez de la operación, el ejército australiano solo logró aniquilar en total a cerca de 3500 emús, cerca del 10% del objetivo inicial. La prensa de ese entonces llamó al episodio como ‘La Guerra del Emú’ y coronó a las aves como victoriosas tras reponerse del embate. Del embate que significó el gol.

A pesar del golpe anímico del gol de Eriksen, la selección australiana siguió avanzando. De a pocos, pero con seguridad. Contra la escasez de técnica de sus compañeros, Jedinak, el volante central, fue el hilvanador del juego australiano. Las arremetidas de Kruse y Leckie por las bandas junto al empuje de Mooy eran las señales de un equipo dispuesto a correr y avanzar sobre el área contraria cueste lo que cueste. «¡Avanza, bella Australia!», dice el himno.

Al frente, un equipo danés que se escondió en su capullo en el segundo tiempo y que aprovechaba los contragolpes. Sin embargo, aparecieron tres viejos conocidos para los peruanos: Yussuf Poulsen, el VAR y un penal. El mismo jugador danés que cometió la falta contra Christian Cueva reapareció en su propia área, esta vez, para poner la mano sobre un cabezazo de Leckie. Sería VARcito —con el cariño que le imprimiera Diego Salazar— quien determinó el cobro del penal.

Con los nervios de acero y la consigna de avanzar, Jedinak se paró frente al balón escondiendo su mirada del retador de turno: el portero Kasper Schmeichel. Como haciendo un ritual para atraer a los espíritus que desviaron el remate de Cueva, Schmeichel apretó a Jedinak con la mirada, lanzó algunos gritos desmoralizadores y agitó los brazos creyendo haber hecho daño psicológico. El volante australiano desvió la mirada y ahuyentó a los fantasmas de Saransk.

Jedinak la colocó a un lado y derrotó al portero danés poniendo el empate. Un empate injusto porque Australia siguió corriendo como emú herido, dispuesto a derribar a cualquier danés que se interpusiera en su camino hacia el arco y consciente de que en una de las tierras más extensas del mundo solo existe una máxima para pisotear las adversidades.

«¡Avanza, bella Australia!» ©

Total
0
Shares
Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Publicaciones relacionadas
Leer más

El offside más doloroso

[Escribe: Lorena Álvarez] Minuto 62. Irán batía el arco del español David de Gea y conseguía un empate inédito que lo acercaba a la clasificación y dejaba al equipo de la península ibérica expectante hasta la última fecha de la ronda de grupos en que enfrentaría a Marruecos, ya eliminado.
Leer más

Lograr lo ‘Imposible’

[Escribe: José Alfredo Madueño] Jorge Sampaoli conoce bien la melodía del nuevo hit mundialista de la hinchada argentina. El cantito que ha invadido las calles de Moscú y se ha viralizado en redes sociales tiene la tonada de la banda Callejeros, que lleva por título Imposible, y en su letra original retrata una sociedad donde el aborto es legal, los periodistas dicen la verdad y los niños siempre tienen qué comer.
Total
0
Share