Jorge Eslava

Profesor y escritor (Perú)
Todavía sudo como un caballo cuando juego pelota. Desde el arco, a mis 63 años, sigo cada movimiento del partido y guapeo a mi gente. Descuelgo arriba, jamás arrugo en las salidas ni voy con malas intenciones. Repito como Camus: todo lo que sé de la vida se lo debo al fútbol. Un exceso, pero en esencia es cierto. El músculo y la tensión me han unido a mis hijos. Cierta nobleza, a mi mujer. Y en cada una de mis clases, delante de la pizarra, me siento como bajo los palos. Nada más salvaje y sentimental que vivir el fútbol. Es verdad que perdemos agua y minerales, pero cuánto de imaginación y vitalidad ganamos en cada encuentro.

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Dos arqueros conversan

Uno aprendió a volar en los potreros de Rosario; el otro, en el ‘Paraíso de los suicidas’, fatídica pendiente de antaño en Magdalena. A uno lo retiró un dirigente, al otro la miopía. Mientras Ramón Quiroga alargó su pasión futbolera sentándose en el banquillo y luego dando chillidos por televisión,

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ALBERTO NICHO.

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