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El balón es su amigo

Poco antes de iniciar el encuentro ante Bélgica, por los octavos de final, los hinchas japoneses quisieron motivar a sus jugadores apelando a un viejo recuerdo de infancia. Mientras los dirigidos por Akira Nishino calentaban en el césped del Rostov Arena, en una de las tribunas se desplegaba una bandera gigante en la que Oliver Atom alzaba una Copa.

Así, el personaje de la serie animada Los Supercampeones, capaz de realizar jugadas imposibles y de correr eternamente detrás de una pelota como en un sueño, parecía indicar que el día de hacer historia había llegado.

Lejos de la ficción, los japoneses se plantearon llevar al fútbol aquello de “si vas a hacer algo, hazlo bien”. Desde 1998 han clasificado a todos los Mundiales de fútbol masculino, fueron campeones de fútbol femenino en el 2011 y en categorías menores mantienen una constante presencia. Estos resultados son acompañados por una planificación más eficiente de los torneos juveniles, que desde el 2011 integran a clubes y escuelas de educación secundaria de todo el país, logrando un nivel de competencia del que hoy se beneficia su selección mayor. No es casualidad que algunos de sus jugadores hagan alarde de una habilidad que parece sacada de un cómic.

Bélgica es otro país aficionado a las historietas y al buen fútbol, aunque todavía no logra zafar del estigma del eterno candidato que comparte con su vecino Holanda. Para romper el maleficio, los belgas aplicaron un programa de monitoreo y potenciamiento de sus jugadores en formación. Desde 1998, el programa ‘Foot Elite’ recluta a 300 niños y adolescentes entre los mejores de cada club y los que pasan las pruebas de selección llevadas a cabo en las distintas regiones del país. Luego, trabajan cuatro sesiones por semana en las ocho sedes que ha dispuesto la federación belga, además de los entrenamientos ordinarios con sus clubes, garantizando 250 horas extra al año de entrenamientos en alta competencia.

Un centro interceptado fácilmente por Courtois se convirtió en un feroz contragolpe en los pies de Kevin De Bruyne, que tras cruzar la mitad de la cancha pareció reencarnarse en el héroe animado de la bandera japonesa. Meunier metió el centro rasante y finalmente Chadli, que se llama Nacer, liquidó el sueño de los del sol naciente”

Los belgas, además, priorizaron la búsqueda de jugadores con talento y plantearon un sistema de 4-3-3 para todos sus equipos nacionales. Thibaut Courtois, Dries Mertens y Kevin De Bruyne son algunos de los nombres que surgieron desde entonces en un país que ya ha sabido ubicarse en el primer lugar del ranking FIFA. Una experiencia que debería bastar para terminar con las histerias inmediatistas a las que estamos habituados en otras regiones del planeta.

La noche del 2 de julio, Japón salió decidido a borrar los malos comentarios que generaron sus últimos minutos frente a Polonia, cuando especularon sin vergüenza alguna, sabedores de que aun en la derrota podían clasificar por tener menos tarjetas amarillas que Senegal, su rival directo. Ya lo había anunciado Nishino apenas fue designado como entrenador, en abril pasado: “Japón tiene su propio estilo, y eso implica habilidad, disciplina y organización”. No necesitó más para adelantar a los belgas con dos golazos dignos de mejores resultados, a cargo de Haraguchi y de Inui, el último después de una fina cortesía de Kagawa, que la bajó de pecho y cedió de taco para que el 14 japonés meta un derechazo pegado al palo.

Pero Bélgica, que a pesar de su dominio no lograba sacar provecho del gigante Lukaku ni del hábil Hazard, al fin se recompuso gracias a los cambios realizados por Roberto Martínez, el entrenador español que fue resistido inicialmente por su escaso palmarés. Mandó a la cancha a Jan Vertonghen y a Marouane Fellaini, dos torres que ganaron por arriba e igualaron el marcador en cinco minutos.

Cuando corría el último minuto del tiempo de descuento, a los japoneses los traicionó su propio entusiasmo. Desbordados de optimismo, fueron al ataque como kamikazes en busca de un gol que nunca llegó. Un centro interceptado fácilmente por Courtois se convirtió en un feroz contragolpe en los pies de Kevin De Bruyne, que tras cruzar la mitad de la cancha pareció reencarnarse en el héroe animado de la bandera japonesa. Meunier metió el centro rasante y finalmente Chadli, que se llama Nacer, liquidó el sueño de los del sol naciente.

Bélgica superó la difícil prueba de remontar un dos a cero en contra, volvió a colocarse por segunda vez consecutiva entre los ocho mejores del mundo y sigue siendo el equipo más goleador de Rusia 2018. Los japoneses —hinchas y jugadores— pueden volver a su país con la frente en alto. Pocas veces el fútbol ha conocido derrota tan digna. ©

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