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El regreso de los Guerreros

Tras dos temporadas en las que ni siquiera pudieron clasificar a los Playoffs, los Golden State Warriors lograron el séptimo anillo de su historia y el cuarto en ocho años. Bruno Rivas Frías analiza el título de la franquicia de San Francisco, uno que le permite a Stephen Curry meterse en la discusión del top ten histórico de la NBA y que da bases para pensar que los de la bahía podrán seguir siendo el equipo dominante durante varias temporadas más.

Durante las finales del 2019, Stephen Curry conoció lo que es la soledad. De pronto, una temporada que se vislumbraba como histórica se había visto contaminada por las lesiones. Primero, Kevin Durant —quien fuera la gran figura de las finales del 2017 y 2018— había quedado fuera de juego por una rotura del tendón de Aquiles y luego Klay Thompson —el otro ‘Splash Brother’— también abandonaba el campo por una lesión del ligamento cruzado. Sufriendo la doble e incluso triple marca de los Toronto Raptors, Curry se encontró sin compañeros que lo ayudaran a nutrir la ofensiva de su equipo. El sueño de ganar el triplete y su primer MVP de las finales se había esfumado. Dicha dolorosa derrota parecía ser el inicio del fin de la dinastía de los Golden State Warriors.

Tras la traumática final, Curry vería cambios importantes en el camerino. Un molesto Durant terminaba firmando por los Brooklyn Nets, Andre Igoudala era traspasado a Memphis y Shawn Livingston —un importante jugador de rol— anunciaba su retiro. También, durante esos días, se confirmaba que Thompson estaría varios meses alejado de los tabloncillos. La llegada de D’Angelo Russell parecía ser la señal de los nuevos vientos que se avecinaban para el cuadro dirigido por Steve Kerr. Todo indicaba que ante la partida de figuras tan importantes había que reconstruir en torno a Steph y Draymond Green —el baluarte defensivo—.

Pero el destino volvió a ensañarse con los de la bahía. A poco de haber empezado la temporada 2019-2020, Curry sufriría una fractura del segundo metacarpiano que lo haría perderse casi la totalidad del curso. Para colmo de males, Russell no encajaría en el equipo y sería traspasado. Los resultados terminaron siendo los lógicos: Golden State concluyó la temporada en el último lugar de la Conferencia de la Conferencia del Oeste con un registro de 15 victorias y 50 derrotas.   Para la liga estaba claro que los guerreros se habían ido de vacaciones.

LA RECONSTRUCCIÓN DE LOS WARRIORS

La temporada 2020-2021 empezó con cambios que evidenciaban que los Warriors querían volver a competir. Meses antes, la directiva había recibido a Andrew Wiggins —el #1 del draft del 2014 que no había cumplido con las expectativas en los equipos donde había militado— como consecuencia del traspaso de D’Angelo Russell y había utilizado su ronda del draft para escoger al pivot James Wiseman. Esperanzados en el retorno de Klay Thompson, los de la bahía se alistaban para volver a ser competidores. Sin embargo, a poco de iniciada la temporada volvían a ser protagonistas de una mala noticia: Thompson volvería a quedar fuera por otra lesión. Esta vez una rotura del tendón de Aquiles atrasaba su vuelta.

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Con la ausencia de Thompson y luego de Wiseman, también por lesión, los Warriors terminaron firmando una temporada terrenal. Guiados por Curry en ofensiva y Green en defensa, terminaron octavos de la Conferencia del Oeste, posición que les daba acceso al Play-in —una eliminatoria para clasificar a la postemporada—. Sin embargo, a pesar de las buenas actuaciones de Steph se quedaron sin playoffs tras ser superados primero por los Lakers y luego por los Memphis Grizlies. Las únicas notas positivas de la campaña 2020-2021 terminaron siendo el desarrollo de Jordan Poole  —un jugador de segundo año que daba señas de ser el reserva adecuado para los ‘Splash brothers’— y la mejoría de Wiggins, quien parecía estarse adaptando al papel de jugador de rol.  También  destacaron Juan Toscano Anderson y Damion Lee, jugadores que permitían potenciar la segunda unidad.   

Con las buenas señales de la temporada anterior, los Warriors arrancaron la temporada 2021-2022 a toda velocidad. Se habían sumado a la plantilla dos jugadores de rol destinados a aportar a la defensa y al camerino: Gary Payton II —un especialista defensivo que hasta el momento tenía como única referencia el ser el hijo de la ex estrella de los Sonics— y Andre Igoudala —quien volvía a casa más para guiar a los jóvenes que para jugar—. También llegaron procedentes del draft Jonathan Kumminga y Moses Moody y fueron contratados Otto Porter Jr. y Nemanja Bjelica, más jugadores que le daban profundidad a la banca. La única baja seguía siendo la de Wiseman por lesión.

Con el equipo reforzado, Golden State buscó demostrar su chapa de candidato desde una pretemporada en la que ganó los cinco partidos —incluyendo dos sobre los favoritos Lakers—. Dicho ritmo lo mantuvo hasta inicios de año. Durante los primeros meses logró marcas colectivas —en enero tenía el mejor récord de la NBA— e individuales —en diciembre, Curry se transformó en el jugador con más triples en la historia de la liga—. Habían pasado de competidor a candidato. Solo las lesiones frenarían su ritmo. Primero Draymond Green quedaría fuera del equipo varios meses por problemas con la espalda y luego Curry se perdería las últimas semanas de la temporada por una lesión en la pierna. Sin embargo, dichas bajas fueron cubiertas por el retorno de Klay Thompson en enero y por el crecimiento de jugadores como Jordan Poole —que adquirió oficialmente el título del tercer ‘Splash Brother’— y Andrew Wiggins —que fue elegido por primera vez en el equipo titular del Juego de las Estrellas­—.

La nueva formación de los Warriors mostró que era capaz de destacarse en ambos lados de la cancha. Mucho se comenta sobre el poderío ofensivo de un equipo que tiene tiradores de la talla de Stephen Curry y Klay Thompson —y ahora Jordan Poole y Andrew Wiggins—; sin embargo, su juego defensivo también es de altísimo nivel. De la mano del asistente Mike Brown han sabido desarrollar una alienación baja  que puede tener a jugadores como Kevon Looney o Draymond Green como pivotes pequeños. A ello, hay que agregar la presencia de excelentes defensivos como Andrew Wiggins, Gary Payton II y Klay Thompson. Incluso Curry ha sabido desarrollar sus habilidades en las últimas temporadas. Es por ello que terminaron la temporada como el segundo mejor equipo defensivo de la liga —solo superados por Boston, sus rivales en las finales— y con una diferencial ofensivo de puntos de +5.5 sobre sus rivales. Esos números les permitieron clasificar como el tercer mejor equipo de la Conferencia del Oeste. Golden State regresaba a los Playoffs con ganas de revancha.

LA MÁQUINA DE LOS PLAYOFFS

Los Warriors no tuvieron rival en los Playoffs de la Conferencia del Oeste. En primera ronda se dieron el lujo de eliminar a los Denver Nuggets con Curry saliendo de la banca. En la serie fue clave Jordan Poole que arrancó como titular y que en su estreno en los postemporada registró treinta puntos y 5/7 en triples. Los de Golden State terminaron ganando con un cómodo 4 a 1 en una serie en la que Nicola Jokic —el MVP de la temporada— poco pudo hacer.  

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En segunda ronda, se enfrentaron a los Memphis Grizzlies —la sensación de la conferencia y quien fuera su verdugo en la temporada anterior—. En una serie que fue bastante física —Payton salió lesionado en el juego 2 tras recibir una falta fragante de Dillon Brooks—, los Warriors hicieron gala de su veteranía para eliminar a unos inexpertos Grizzlies que perdieron —también por lesión— a su estrella Ja Morant en el tercer partido de la serie. Sin Morant de por medio, Golden State se llevó la serie 4 a 2 pese a que no tenía la ventaja de local.

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En finales de conferencia también supieron dejar atrás sin mayores complicaciones a unos Dallas Mavericks que venían de dar el batacazo tras eliminar a los ultrafavoritos Phoenix Suns. La marca asfixiante de Andrew Wiggins redujo el aporte en ofensiva del ‘Chico Maravilla’ Luka Doncic y permitió que los Warriors avanzaran cediendo solo una derrota. Esa ruta tan sencilla le permitió llegar con varios días de descanso a las Finales de la NBA contra los Boston Celtics. Dicho descanso terminaría siendo un factor determinante.

CURRY MONUMENTAL Y KERR EL AJEDRECISTA

Las finales empezaron con un Curry en estado de gracia. ‘El chef’ arrancó la serie estableciendo una marca de seis triples en un primer cuarto —la mayor cantidad anotada en esta instancia—. Sin embargo, el ímpetu con el que empezó el equipo de la bahía les terminó pasando factura en el último cuarto. Los de Boston lograron remontar una diferencia de quince puntos y ganar el cuarto período con una parcial de 40-16. La pérdida de localía llevó a que el entrenador Steve Kerr buscara realizar ajustes que le permitieran sorprender a los de Ime Udoka.

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Entre la espada y la pared, los Warriors apelaron a los juegos mentales de Draymond Green para sacar de su juego a los Celtics en el segundo partido disputado en el Chase Center e imponerse por un marcador cómodo de 107 a 88. Sin embargo, el juego que fue clave terminó siendo el cuarto de la serie, el segundo que se jugó en Boston. En él, Kerr apeló a una alineación baja en la que Otto Porter Jr —un alero con un tiro exterior sólido— suplió al pivot Kevon Looney. Dicho cambio de estrategia permitió que Green se concentrara en marcar jugadores más pequeños como Marcus Smart y Jaylen Brown. La faena defensiva se complementó con una actuación épica de Curry en ofensiva. Sus 43 puntos permitieron que Golden State recuperara la ventaja de localía que había perdido en el primer juego.

Kerr mantuvo la alineación baja en los juegos 5 y 6. En ellos volvieron a crecer las figuras de Andrew Wiggins —que no solo marcó a Jayson Tatum, la estrella de los Celtics, sino que tuvo un importante aporte en ofensiva— y de Draymond Green que firmó un doble doble en el sexto juego. También Klay Thompson aportó con puntos importantes que hicieron falta en los dos primeros juegos. Pero el que volvió a ser determinante fue Curry quien a ritmo de penetraciones impidió que los de Boston se acercaran en el último cuarto del partido decisivo. Una vez más, los Warriors decidieron la serie sin necesidad de llegar a un séptimo partido.

La increíble serie de Curry fue recompensada con su primer premio MVP de las finales. Con esta actuación ha logrado acallar a los que señalaban que en los campeonatos anteriores no había tenido el brillo que se esperaba de él o que había sido cargado por la actuación ofensiva de Kevin Durant. Los comentaristas de la televisión estadounidense ya han empezado a debatir sobre si el máximo triplero de la NBA merece un puesto entre los diez mejores de la historia de la liga. Sin embargo, más allá de su extraordinaria actuación individual y su gran capacidad de liderazgo es innegable que los logros que ha obtenido este año son producto del esfuerzo colectivo. La sabiduría de Steve Kerr en los banquillos, el aporte ofensivo y defensivo de sus compadres Klay Thompson y Draymond Green, el aire fresco que han traído Andrew Wiggins y Jordan Poole y el músculo y sudor de los jugadores de rol son los que le han dado la oportunidad de conseguir el que probablemente sea el anillo que más apreciará cuando se retire.

Si Curry había probado la soledad en el 2019, en el 2022 se ha reencontrado con la mejor compañía. Una que le permite soñar con mantener la dinastía que los Warriors empezaron en el 2015. ‘El chef’ no cocina solo. Y es que una de sus grandes virtudes es la de saber compartir las recetas ganadoras. ~

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