Las barras, más allá del estigma

Las barras, más allá del estigma

Otra vez las llamadas barras bravas han vuelto a estar en el centro del debate público. Antes de apelar a la habitual estigmatización o la simplificación de un fenómeno que acumula décadas a nivel mundial, Sudor decidió entrevistar al antropólogo e investigador estadounidense Roger Magazine, quien lleva más de veinte años estudiando el comportamiento de las barras mexicanas.

La violencia en los estadios volvió a las portadas de los diarios a nivel mundial. Tinta roja en las páginas deportivas. El feroz ataque de los hinchas del Querétaro en contra de los del Atlas, ocurrido en medio de un partido de la Liga MX del fútbol mexicano el 5 de marzo pasado, puso nuevamente en la agenda pública la necesidad de controles más estrictos dentro de los recintos deportivos, pero, sobre todo, el reforzamiento de un estereotipo difícil de erradicar en Latinoamérica desde hace varias décadas: el supuesto salvajismo y marginalidad de los integrantes de las barras organizadas.

La batalla campal en la cancha del Estadio Corregidora generó reacciones inmediatas. La Liga MX suspendió el resto de los partidos programados por la novena fecha del torneo Clausura 2022. La Fiscalía General del Estado de Querétaro abrió «una carpeta de investigación por los delitos de homicidio en grado de tentativa» ante los flagrantes ataques con sillas, palos y armas blancas por parte de los aficionados del equipo local. Pese a las primeras imágenes a través de las redes sociales y las versiones preliminares sobre la muerte de 17 personas, María Pérez Rendón, Secretaria de Salud de Querétaro, aseguró que no se reportaron fallecidos.

«Nos hemos dado a la tarea de tratar de identificar en estos videos a los pacientes que tenemos, de ellos identificamos a tres, están estables, están vivos, la imagen pudiera decir otra cosa, pero están vivos, hasta el momento no tenemos ninguna defunción», aseguró la funcionaria.

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Las consecuencias inmediatas fueron la derrota del Querétaro por 0-3 ante Atlas, la prohibición de recibir fanáticos en su estadio por un año en todas las categorías, independientemente de dónde juegue, y la prohibición impuesta a la barra oficial Resistencia Albiazul a asistir a los partidos de local del Querétaro durante tres años y durante uno como visitante. La hinchada del Atlas quedó prohibida de acudir a sus partidos como visitante en los siguientes seis meses. Por otro lado, la actual administración de Querétaro fue inhabilitada por cinco años y se decidió que los Gallos Blancos sean puestos a la venta a más tardar en el 2022.

El rechazo unánime a nivel mundial generó que la Liga MX adoptara, además, medidas más estrictas para cautelar la seguridad en sus estadios. Las personas involucradas en los sucesos del 5 de marzo quedado prohibidas de por vida a acceder a los partidos del fútbol mexicano. Un precedente que será aplicado para futuros acontecimientos similares. Los clubes tendrán que generar una identidad por cada uno de los miembros de sus barras oficiales, y así como la implementación del FAN ID será obligatoria, lo mismo ocurrirá con el sistema de reconocimiento facial para la temporada 2022-23. Así, las zonas de barras solo estarán habilitadas para recibir aficionados debidamente identificados.

El antropólogo Roger Magazine ha dedicado varias investigaciones a las motivaciones de los barristas. YOUTUBE.

Para Roger Magazine, doctor en Antropología Social por la Universidad de Johns Hopkins y profesor e investigador del Programa del Posgrado en Antropología Social de la Universidad Iberoamericana de México, la reacción de las autoridades y de los medios de comunicación responde a la habitual estigmatización que existe de los barristas o ‘porros’, como los llaman en México, y a la concepción criminalizadora de la violencia asociada al fútbol: se da por sentado que esos grupos acuden a los estadios para volcar toda su agresividad y que el fútbol es un terreno fértil para ese propósito.

Después de haber dedicado los últimos veinte años de su trayectoria como antropólogo para entender el comportamiento de las barras bravas mexicanas, el profesor Magazine tiene argumentos suficientes para cuestionar los habituales tópicos vinculados a las llamadas ‘barras bravas’. Estudios como Azul y oro como mi corazón: Masculinidad, juventud y poder en una porra de los Pumas de la UNAM (Universidad Iberoamericana, 2008) y Afición futbolística y rivalidades en el México contemporáneo: Una mirada nacional (Universidad Iberoamericana, 2012) han sido posibles a partir de un trabajo poco frecuente para los opinólogos de la violencia en los estadios: conversar con los mismos barristas. 

En esta entrevista, Magazine propone pensar el fenómeno se las barras como un hecho conectado a la realidad social de la región, a la realidad recortada y muchas veces sesgada que suelen construir los medios, y a una visión estereotipada de los barristas, que impide analizar su comportamiento más allá de los temores más primitivos. 

¿Qué fue lo primero que pensó cuando se enteró de los sucesos en Querétaro?

Evidentemente fue algo impresionante. Es triste ver estos acontecimientos, pero luego la primera cosa que pienso es más en la reacción de los medios. Vi que estaban llamando a los aficionados «animales». No lo dicen con felicidad exactamente. Casi que me da la sensación de que les agrada contar un hecho que va a llamar tanto la atención en las noticias. Y es por eso que yo creo que esto termina fuera de todas las proporciones. Para nada voy a defender a los participantes. Después de una investigación cuidadosa tienen que ver qué pasó, quiénes estaban involucrados. No solo los que dieron golpes, sino también los que estaban a cargo de todo. Y obviamente los culpables tienen que ser castigados. Pero, en contraste con ésta representación de los medios, puesto que yo y muchos alumnos míos del posgrado hemos trabajado directamente con los integrantes de barras por periodos largos para conocerlos, se ve claramente que su propósito no es ir al estadio a pelear. 

¿Cuál es su verdadero propósito entonces?

Lo hacen para apoyar a su equipo. Pero como ocurriría si juntas a 500 personas, sobre todo a 500 hombres jóvenes, pues van a haber algunos que busquen resolver los problemas con violencia. En muchos casos hay un intento de algunos integrantes por controlar a estas personas, aunque también ellos reconocen que requieren un tipo de defensa. A veces contra la policía o contra los aficionados rivales. A veces ven que su papel incluye proteger a otros aficionados de sus mismos clubes. Pero las confrontaciones físicas no son la cuestión principal. Es más bien el deseo de expresar el amor y la pasión por el equipo. Incluso es importante recordar que la posición de estos aficionados más que buscar ser «porros» es buscar un proceso de liberación. No es casualidad que veamos nombres como la Rebel (barra de los Pumas) o la Resistencia en el caso del Querétaro. Porque la formación de las barras, casi todas, se ha dado en los últimos 25 años para distinguirse de las porras que tenían una estructura más corporativista y clientelar. Muchas de estas barras vieron fuera del país modelos en Argentina y otros lugares con la idea de poder apoyar a sus equipos de una forma pasional.

La provocación es un elemento muy presente entre barras. Algo habitual en casi todos los partidos. ¿Por qué en esta ocasión se desbordó?

Hay un límite de lo que puedo decir porque yo no estuve ahí. No conozco a ningún investigador que estuviera presente. No puedo decir que he buscado profundamente en redes, pero entre la información que he encontrado es muy difícil encontrar las palabras de los mismos barristas. Pero por lo que todos vimos en los videos puede corroborarse lo que se menciona: se facilitó el acceso al campo y otras zonas a los primeros aficionados de Querétaro.Y después de esto hay una ausencia muy llamativa de las fuerzas de seguridad cuando ya logran ingresar y también cuando empiezan a pelear. No llega nadie. Algo en lo que siempre insisten los barristas cuando hablamos con ellos es en la necesidad de contar con protocolos de seguridad suficientes. Ellos dicen que siempre están dispuestos a colaborar con la policía, con la federación y con los clubes en formular estos protocolos. Porque al final de cuentas les gusta la forma verbal, la provocación y cosas así, pero no están buscando la violencia. Porque saben que solo les va a traer problemas: estar lastimado físicamente, estar prohibidos de entrar a los estadios, problemas legales. Entonces no quieren esto. Ellos insisten en la necesidad de tener protocolos que los mantenga separados. Y también son muy claros en afirmar que ciertas ciudades y estadios son más deficientes que otros. Y después de ver lo que pasó el sábado (en La Corregidora) queda claro que es un buen ejemplo de un estadio deficiente. Y, bueno, podemos interpretar de esta es una forma en que los clubes y la liga se están ahorrando dinero, cuando la seguridad de los hinchas es algo que deben atender. Sobre todo porque la televisión y los clubes aprovechan del ambiente que generan. Es parte del espectáculo que transmite la televisión. Pero los clubes quieren el lado positivo del espectáculo sin tener que hacer la inversión para atender lo otro (la seguridad).

¿Se puede afirmar que el fútbol es utilizado como una suerte de válvula de escape a raíz de las tensiones acumuladas producto de la  pandemia?

La verdad es que no estoy completamente seguro. Casi tengo la tendencia a pensar al revés, a partir de lo que otros miembros del equipo de investigación ha observado durante la pandemia: que los barristas han tenido bastante cuidado con el tema de salud. Porque uno podría pensar que estos jóvenes tienen una actitud de no preocuparse por el Covid, pero no es así. No es que la vida y la salud no tengan importancia. Creo que las tensiones en este tipo de barras está ahí desde hace 20 o 25 años. Por eso piden estos protocolos, aunque puede haber problemas porque los protocolos no funcionan. También tenemos que pensar en el contexto del país más allá de la pandemia, y en que vivimos en un país muy violento, en donde, pese a tener a miles de personas juntas en un estadio, especialmente hombres, sorprende que no exista más violencia. Sé que hay barras que han expulsado elementos del crimen organizado, pero, al mismo tiempo, si consideramos que muchos de sus integrantes son hombres jóvenes de barrios populares, donde sabemos que particularmente hoy en día es un lugar donde la violencia es endémica, es muy poco razonable pensar que algunos de ellos no van a emplear estas formas. Sin embargo, creo que es muy importante recordar que las violencia no es que empiece en los estadios y se extienda a la sociedad. Es al revés. 

UN PAÍS VIOLENTO

¿Cree que la proliferación de esta idea tiene que ver con el número de víctimas producto de la violencia en los estadios?

Aún no sabemos si hay muertos o no (en el caso de lo sucedido en Querétaro), pero antes de esto no ha habido antecedentes similares en México. Y si comparamos esto con los 35 mil homicidios que se dan al año en el país son situaciones incomparables. Siento que luego terminan siendo el chivo expiatorio que usan los medios y el gobierno. Por supuesto, yo entiendo que no es fácil ir detrás del crimen organizado, porque ellos mismos se ponen en peligro, pero algo así termina siendo una distracción y algo para llenar los noticieros. Por cierto, todo lo que hemos visto ha sido posible porque había cámaras en el estadio. En cambio, en los otros homicidios pocas veces hay cámaras.

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¿Qué temas están quedando relegados en México por darle prioridad a la supuesta escalada de violencia en los estadios?

Si pensamos que la semana pasada incluyó el Día Internacional de la Mujer, que tiene como principal objetivo cuestionar la violencia contra las mujeres en el país, me parece que es un problema más serio que lo ocurrido en el estadio si comparamos las estadísticas. Y repito otra vez que no estoy defendiendo lo que pasó. 

¿Juzgaría lo sucedido el 5 de marzo como un problema recurrente y sin control o como un descuido aislado vinculado a la falta de controles de seguridad?

Creo que sin duda fue un descuido. No sé si fue un descuido de momento o general de estos protocolos de seguridad. Creo que cuando algo así ocurre es porque varios factores se combinan. Se ha hablado, por ejemplo, de una historia de tensión entre los aficionados de ambos clubes. Y existen rivalidades más fuertes que otras en el fútbol mexicano. También hay que pensar en los individuos que iniciaron el primer ataque. Necesitaríamos escuchar sus palabras, saber qué los motivó. Por supuesto, es muy difícil entender. Además, por más que fueran entrevistados no significa que necesariamente digan la verdad, pero tampoco significa que el comportamiento de unos es representativos de todos los miembros de las barras.

Al margen de todos estas consideraciones, ¿qué imagen cree que se va a reforzar de los barristas a nivel social?

Siempre son momentos en los que el discurso dominante es de los barristas como violentos, como criminales, que ellos son el problema, y hay pocas voces que van en otro sentido. Y sí, sin duda, puede llevar a más ataques desde los medios que generan más miedo, que yo considero que no es necesario. Entonces esto justifica más acciones de parte de las federaciones y de los clubes. 

¿Acciones represivas?

Bueno, sí. Hace unos años cambiaron las leyes, particularmente para enfrentar este tipo de acciones, algo que en ese momento también criticamos. No sé si va a generar otra legislación, pero yo creo que la tendencia es a tomar más acciones desde la liga y prohibir aficionados visitantes y cosas así. Pero otra vez: se generaliza cuando en realidad son pocos los involucrados (en hechos violentos). Sin examinar otras opciones que serían, por ejemplo, los protocolos de seguridad, algo que los mismos barristas han mencionado: dejar de vender cerveza en los estadios, algo que en muchos otros países ni lo considerarían. Pero otra vez ahí vemos el interés económico.

¿Qué nos dice lo ocurrido en el estadio Corregidora sobre la sociedad mexicana?

Como sabemos, la sociedad mexicana sigue en un momento con niveles muy altos de violencia, que yo creo que tiene sus raíces en una combinación de cosas: desde falta de opciones económicas hasta la cercanía de un mercado para drogas ilícitas en Estados Unidos. Yo creo que a nivel de sociedad necesitamos cambios drásticos para volver a vivir de manera pacífica. Inevitablemente vamos a ver esto reflejado en muchos aspectos de la vida, como el fútbol. Pero no necesitamos el fútbol para saber esto. 

EL PERFIL DEL BARRISTA

En sus estudios, ¿qué rasgos han encontrado en los barristas que habitualmente no son reflejados en los medios?

Quizá hay diferencia entre los grupos estudiados, pero en general encuentro que tienen propuestas que yo llamaría socialmente progresivas e interesantes. Y a mí no me sorprendería, pensando en lo que ocurrió en el medio oriente hace algunos años en el que los barristas fueron actores políticos importantes o en lo que he escuchado en Ucrania ahora que los barristas se han organizado para pelear contra la invasión rusa, que las barras en México ocupen un papel similar. Y entonces, en vez de ser la parte de la sociedad que consideramos como el problema, podrían ser parte de la solución. Por ejemplo, cuando hemos hablado con varios de ellos mencionan sus acciones de caridad o las obras sociales que realizan. Pero esto no es lo que escuchamos en las noticias.

Detrás de la imagen del barrista, ¿qué problemas estructurales se esconden?

Un problema claramente es la violencia endémica, que va a terminar afectando a algunos de los individuos. Pero también hay otra cosa que nos obliga a pensar en la misma estructura del fútbol y la estructura más amplia de la sociedad. Y me refiero a esa estructura basada en la oposición, la rivalidad y la competencia. Obviamente refleja toda una ideología capitalista en la cual todo es básicamente competencia. No solo empresas compiten por clientes, sino también regiones y ciudades compiten por inversiones. Esto es completamente paralelo a lo que pasa a nivel del fútbol. No es casualidad que las rivalidades se den entre vecinos. O también vemos este odio a los equipos de la capital debido al centralismo económico y político en México. Entonces, si pudiéramos pensar, antes que en oposición y competencia, en cooperación entre las ciudades del país o entre los países a nivel internacional pues yo creo que podríamos pensar en algo distinto para el deporte. Y, sí, hay movimientos de este tipo en el deporte no competitivo, pero, ojo, no es que quiera decir que al eliminar la competencia deportiva se vaya a eliminar la competencia en la sociedad. Más bien requerimos un cambio desde el fondo, y creo que esto podría dar pie a otros cambios. Esta estructura oposicional que es más grande que las barras y más grande que el fútbol también es uno de los problemas de fondo.

¿Qué rol están jugando los medios para tensionar aún más esta idea de rivalidad?

Aprovechan esto. No sé si es un trabajo de periodismo bien hecho en el sentido de que lo que corresponde es ir a entrevistar a los mismos participantes. Hace poco encontré una entrevista a un joven de la barra de Atlas, y sus quejas no eran contra los aficionados del Querétaro. Se quejaba de que había sido golpeado por la policía y también se quejaba del hecho de que habían claramente dejado entrar a los aficionados del Querétaro con palos y otros objetos. Si bien hay la idea aceptada entre pares de que este tipo de enfrentamientos se pueden dar, muchos no están de acuerdo que sean con armas, algo que lo hace desbalanceado. Regresando a los medios, yo creo que por no contar la historia completa tal vez generan más rivalidad y más odio entre los grupos, pero, más que eso, generan este sentido de miedo y pánico que luego nos lleva a más represalias en contra de gente que en la mayoría de casos son inocentes.

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A raíz de los enfrentamientos en Querétaro se empezó a repetir un pedido de sanciones más drásticas contra México. ¿Se acabaría la violencia solo porque se le quite, por ejemplo, la coorganización del Mundial del 2026?

No, porque lo que se necesita a nivel de fútbol son protocolos. Supongo que una manera de arreglar el problema es que no entren los visitantes, pero creo que ahí se pierde mucho del ambiente y ciertas libertades de poder viajar a otra ciudad y ver un partido. Y parece que son cosas que las mismas barras estaban dispuestas a cumplir y tienen el conocimiento de resolver con estos protocolos. Y seguro que hay preocupación frente a las versiones del retiro de la sede del Mundial, pero creo que este es un asunto dentro de la liga mexicana. No ocurrió en algún partido de la selección. Y si fueran a castigar a México de esta forma, yo creo que debería ser por problemas de seguridad más generales y no solo en el fútbol. Sería una lástima porque esto no va a resolver el problema de la violencia en el país.

¿Cuál cree que va ser el comportamiento de las barra mexicanas a partir de lo sucedido? ¿Se agudizará aún más la violencia en los estadios o será una oportunidad de volcar estas tensiones hacia otros espacios?

Como en otras ocasiones cuando han ocurrido confrontaciones, los barristas insisten en que  su único propósito para ir al estadio es apoyar a sus respectivos equipos y que no quieren esta violencia. Entonces yo creo que puede tener el efecto opuesto de volver a recordar la importancia de tener los cuidados necesarios para que estas cosas no ocurran.

¿Cree que irá acompañado de un respaldo a nivel social? ¿Cómo hacer para que la sociedad entienda la dimensión y complejidad del problema más allá del estigma habitual?

No es algo que va a pasar de hoy para mañana, pero tal vez empieza con un cambio en los medios para que hagan un esfuerzo de hablar con los barristas y entrevistarlos como actores participantes del espectáculo del fútbol. Y esta es la única manera de difundir sus voces más allá. Como investigadores hemos escrito al respecto, pero obviamente esto tiene una audiencia más limitada que los medios masivos. Por eso yo haría un llamado a los medios de comunicación para cubrir esto, y también hacerlo no solo el día de una confrontación en un estadio. ~

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Escrito por

Su madre casi no sudó al darlo a luz. El cuarto de cuatro hermanos llegó sin quejidos ni dolores. Pero el sudor ausente en el parto lo cubrió todo durante su crianza a causa de una hiperactividad crónica. Sudaba y hacía sudar a los demás. Años después, se inició en el periodismo que cuenta la actividad más sudorosa de todas: el deporte. Y las buenas historias lo arrastraron a un viaje experimental a Argentina, el país en el que no se puede regresar con las axilas secas después de un partido de fútbol, una movilización social o un debate político. En medio de esa mezcla de humores dio a luz a una idea que le rondaba hacía mucho. Y no pudo llamarla de otro modo: Sudor.

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