El enemigo público número uno

El enemigo público número uno

En noviembre pasado, nos dejó el periodista Pierre Manrique. Nuestro columnista Pedro Ortiz Bisso recuerda los injustos ataques que recibió el fallecido editor de deportes de RPP por haber dado la primicia del resultado analítico adverso de Paolo Guerrero. El suyo fue el caso de un periodista lapidado por haber hecho su trabajo.

Hace cuatro años, el corazón del país estuvo a punto de detenerse. Paolo Guerrero, el héroe indiscutido de la épica que nos había puesto a las puertas del regreso a los mundiales, no jugaría el repechaje ante Nueva Zelanda. La pesadilla se resumía en una expresión extraña –resultado analítico adverso–, que encerraba otras palabras más desconcertantes –dopaje, suspensión, castigo– y una que los peruanos aprendimos a maldecir: benzoilegonina.

El drama nacional desatado ese 3 de noviembre urgía de un culpable sobre el cual descargar las toneladas de rabia e indignación que llameaban en casas, esquinas y redes sociales. Y el hincha, de la mano de periodistas armados de ignorancia y mala leche, no tardó en encontrarlo. El culpable se llamaba Pierre Manrique.

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Esa mañana, más temprano, el editor de deportes de RPP había sido informado de una bomba en ciernes. “Atención que pasó algo en el antidóping de la Bombonera”. La referencia era al control de sustancias prohibidas posterior al encuentro que la selección había empatado sin goles con Argentina. Tecleó el teléfono, buscó versiones, las cruzó y a las 11:03 de la mañana informó sobre lo que sabía. Repito: informó. Hizo su trabajo.

“Lo llaman soplón”. Así se tituló un reportaje infame que días después le dedicó el programa “Beto a saber”, que en ese entonces se transmitía por ATV. Su conductor, Beto Ortiz, lo presentó así: “Pierre Manrique es quien descubrió, hizo público, se comunicó con los periodistas de Argentina para que la noticia de Paolo Guerrero tuviera la repercusión que tuvo y las consecuencias que tuvo. Aquí hemos elaborado un reportaje sobre el único arequipeño que habla como argentino”.

En las redes, eran pocos los medios y periodistas que intentaban explicar con claridad lo que acontecía. Otros optaron por fungir de contorsionistas para resguardar la responsabilidad de Guerrero, utilizando información descontextualizada y vacía de conocimiento científico.

En tanto, los insultos sobre Manrique rayaban en lo insano como bien resumió Kike la Hoz en Sudor. Lo acusaron de vender la noticia a periodistas argentinos y de haber sido presa del figuretismo. En el colmo del absurdo, se insistió en que si la información se hubiese mantenido en secreto, el capitán de la selección no habría recibido sanción alguna.

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Guerrero, en tanto, no recibía ningún cuestionamiento. Fue despojado de su condición de ser humano, de su capacidad para equivocarse o ser víctima de un error. A Manrique hasta lo amenazaron de muerte. Lo que siguió después es historia conocida: Paolo pudo jugar el Mundial, hizo un gol, pero no se libró de la suspensión. Su caso se convertirá pronto en una película. 

Hace unos días, Pierre Manrique nos dejó para siempre. No tuve el gusto de conocerlo personalmente, apenas intercambiamos unos saludos luego de un comentario que hice sobre su caso. Pero hay que recordarlo. Por lo que hizo y por lo que le hicieron.


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Escrito por

Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Lima. Durante sus 30 años de periodista ha reporteado y escrito columnas sobre temas de actualidad, política, periodismo, espectáculos y deportes. Fue subdirector del diario El Comercio. En 1994 ganó el premio Ayuda a la Comunidad de la Sociedad Interamericana de Prensa. Coeditor del libro 11 historias de la Copa América publicado en 2019. Es docente de periodismo en la facultad de Comunicación de la Universidad de Lima.

(1) Comentario

  • Mario Fernández Guevara

    Pierre Manrique ya no está con nosotros. Y mucho recuerdo lo que vivió la vez que destapó el Caso Guerrero en una auténtica primicia que ya muchos hubieran querido fuera suya. Pero como no fue así, entonces pasó a ser vilipendiado en tal forma por un “periodismo” que, en esos momentos, me pareció como nunca un océano con dos gotas de profundidad. Yo nunca crucé una palabra con Pierre cómo tampoco escuché o leí de él una respuesta a tantos insultos por los que fue víctima. Pensaría el buen Pierre que aquello que no te mata sólo te favorece y que el mentiroso o calumniador terminará respetando al hombre que dice la verdad. Y Pierre con Paolo dijo la verdad. marla3843@hotmail.com

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