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Otra vez los blancos

El Real Madrid —haciendo valer una vez más los quilates de su historia— se volvió a coronar campeón de Europa. Nuestro columnista Raúl Tola comparte un relato testimonial desde la mismísima Madrid, epicentro de las celebraciones, para hacer un repaso por los partidos épicos que protagonizó el equipo blanco para poder levantar su ‘orejona’ número catorce.  

Mi amigo J. es el padre más comprensivo, abnegado y abierto que conozco. Es fascinante verlo acompañar, aconsejar, jugar y darle cariño a su hijo menor, el pequeño y avispado A. Desde que nació, le ha repetido que en la vida puede ser lo que sea, que debe sentirse libre para escoger su profesión, sus amistades o su género. Solo le ha prohibido una cosa: ser hincha del Real Madrid.

—Pero con la temporada que está teniendo, es muy difícil que el chibolo no se haga del Madrid —me dijo resignado hace unos días.

MILAGRO TRAS MILAGRO

El Madrid acababa de obrar su tercer milagro consecutivo en la UEFA Champions League. El primero ocurrió en octavos de final contra el Paris Saint Germain. Luego de ganar por uno a cero en la ida (en un partido memorable de Thibaut Courtois, que paró un penal a Messi), el equipo francés parecía tener asegurada su clasificación con el gol que Kylian Mbappé anotó en los minutos finales del primer tiempo.

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Entonces comenzó la epopeya. En el minuto sesenta, Karim Benzema porfió la pelota con el arquero Donnarumma, quedó por la izquierda para Vinícius Jr. que la devolvió y permitió al centrodelantero francés abrir el marcador madridista. En el 75’, Modric recibió el balón en la frontera del área, la filtró entre un bosque de piernas azules y dejó mano a mano a Benzema, que controló y definió cruzado. Solo tres minutos después, Vinícius Jr. encaró al central Marquinhos que lo detuvo con el cuerpo, pero reaccionó despejando desesperado al medio, por donde venía el propio Benzema, que la acarició con su pie derecho y la alojó al lado del palo izquierdo del PSJ.

https://www.youtube.com/watch?v=4jK2vjqcO5o

El segundo milagro se produjo en cuartos de final, en la llave que enfrentó al Real Madrid con el Chelsea FC. El Madrid llegaba tranquilo luego de su triunfo por 3-1 en la ida jugada en Stamford Bridge. Pero el partidode vuelta en Madrid comenzó mal, con tres goles del campeón reinante de la Champions en los minutos 15’, 51’ y 75’. La llave parecía resuelta con un 4 a 3 global a solo quince minutos del pitazo final.

Pero en el minuto 79, Luca Modric la recibió en tres cuartos, tuvo el tiempo para levantar la cabeza, cachetearla con el borde exterior del pie derecho y dejar mano a mano a Rodrygo, que apareció como una luz, listo para clavarla de primera en el arco de Mendy. La eliminatoria volvía a quedar empatada y tuvo que irse a tiempo suplementario. En el 95’, Eduardo Camavinga robó la pelota en mitad de cancha, jugó con Vinícius Jr. que picó por la izquierda, frenó y la picó a mitad del área, donde apareció Benzema para definir de cabeza y clasificar a su equipo a la siguiente etapa.

Había mucha expectativa para la semifinal de esta Champions porque el Real Madrid volvía a enfrentarse a un equipo de Pep Guardiola, el entrenador que revolucionó el fútbol, acercando al Barcelona de Messi, Xavi e Iniesta a la perfección gracias a su fútbol de toque, permanentes rotaciones y presión alta, llevándolo a ser considerado el mejor equipo de todos los tiempos y a mantener una década de abierta superioridad sobre su eterno rival.

LA ÉPICA REMONTADA CONTRA EL CITY

El primer partido de la llave fue un excepcional ida y vuelta de goles y propuestas encontradas, con el equipo inglés practicando el fútbol total de Guardiola y el Madrid desplegándose para contenerlo y buscar los contragolpes. Luego de un gran primer tiempo y un inicio arrollador del segundo, los citizens parecían tener controlada la eliminatoria con un claro 3-1. El gol madridista había sido obra de Karim Benzema, elevado para entonces a la categoría de salvador de su equipo y mejor jugador del mundo.

Todo comenzó a nivelarse en el minuto 54’, cuando Ferland Mendy jugó por izquierda a Vinícius Jr., que se quitó a su marcador dejando correr la pelota, recorrió en diagonal todo el campo del Manchester City, entró al área rival y definió con suavidad ante la salida de Ederson Moraes, cuando Rodri y Rubén Dias llegaban desesperados al cierre.

Veinte minutos más tarde, Bernardo Silva se benefició por una ley de la ventaja resuelta por el árbitro Kovács, recibió el balón luego de una falta no pitada de Toni Kroos al defensor ucraniano Oleksandr Zinchenko y clavó un zurdazo en el ángulo derecho de Courtois. La ventaja volvió a ampliarse a dos goles hasta el minuto 80’, cuando Aymeric Laporte golpeó con su mano derecha un tiro libre centrado por Kroos y se decretó un penal para el Real Madrid. Delante de la pelota se paró Karim Benzema que cerró el resultado con una definición sutil, a lo Panenka, que dejó desparramado a Ederson y abierta la eliminatoria.

Esta debía cerrarse en Madrid, donde el equipo de Ancelotti tenía, al menos en teoría, la ventaja de casa. Entremedias, el 30 de abril, un triunfo por 4-0 ante el Espanyol le aseguró su 35ª Liga en la fecha 34, a cuatro del final del campeonato. Su consistencia le permitió cerrarlo con trece puntos de distancia del renqueante Barcelona que dirige Xavi Hernández.

https://www.youtube.com/watch?v=lme15YYJUtQ

El comienzo de la segunda manga de la semifinal de la Champions League fue muy trabajado. En el primer tiempo hubo mucha estrategia, pocas llegadas a ambos arcos y se cerró sin goles. En el segundo, luego de un par de intentonas de Vinícius, el Manchester City comenzó a imponerse. Bernardo Silva, de excelente partido, escapó por el medio y jugó a la derecha, donde llegaba el franco-argelino Riyad Mahrez, que definió de zurda al palo del arquero.

A dieciocho minutos del final del partido la ventaja parecía decisiva y Guardiola jugó a ser pragmático, introduciendo varios cambios para aguantar el resultado, que pudo ampliarse con un violento disparo de Joao Cancelo y dos arrancadas fulminantes de Jack Grealish. El Real Madrid estaba muerto en el minuto 89, cuando se produjo el tercer y mayor milagro de la Champions.

A mí me tocó verlo en el aeropuerto de Miami, donde hacía escala de Lima. A esas alturas, el partido había dejado de interesar a la mayoría de las personas que cruzaban los pasillos o se detenían delante de la pantalla gigante a la espera de que los llamaran a embarcar. Todo parecía resuelto cuando Camavinga encontró por la izquierda a Benzema, que centró como venía, dejando la pelota a menos de medio metro de Ederson, que estiró los brazos aprestándose a recogerla. En ese momento apareció el recién ingresado Rodrygo Goes, que picó entre los defensas, le ganó en astucia al arquero, la pinchó en el instante que estaba por cogerla y acortó la diferencia a un solo gol.

La siguiente jugada llegó en el minuto 92 del tiempo reglamentario. Daniel Carvajal porfió por la derecha, tiró un centro al corazón del área y encontró la cabeza del mismo Rodrygo, que la incrustó apenas debajo del travesaño, abriendo de nuevo la eliminatoria, desatando la euforia en el Santiago Bernabéu, volviendo a admirar a todo el mundo y congregando de nuevo a los viajeros, que se arremolinaron a mi alrededor, delante de la pantalla gigante de uno de los pasillos del aeropuerto de Miami.

https://twitter.com/Juezcentral/status/1530663320822460416

En ese momento ocurrió lo increíble. No hacía falta estar en el estadio, el cambio fue tan notorio que se pudo percibir en la televisión. De pronto, los rostros de los jugadores del Manchester City cambiaron y se cargaron de pesimismo. Sus movimientos, hasta ese momento ligeros y plásticos se hicieron lentos, resignados y torpes. Fue como si una maldición hubiera caído sobre ellos o, más bien, como si en una parte de sus cerebros hubiera surgido la certeza de que estaban condenados, porque fuerzas misteriosas e irracionales empujaba a este Real Madrid de los resultados imposibles. Por más que corrieran, marcaran y cumplieran las indicaciones de sus entrenadores, perderían irremediablemente ese partido, porque no jugaban solamente al fútbol. Ahí había algo más.

Eso fue exactamente lo que ocurrió en el tiempo suplementario, con una jugada que inició Camavinga, quien jugó a la derecha para el centro atrás de Rodrygo y la falta dentro del área de Dias a Karim Benzema. El mismo Benzema convirtió el penal que subió el 3-1 al marcador —6-5 global—, y clasificó al Madrid a la final en el Stade de France (París), contra el Liverpool de Jürgen Kloop.

CAMPEONES POR SIEMPRE

La lógica decía que este partido debía ganarlo el equipo inglés que, de la mano de Klopp, ha conseguido desarrollar a la perfección los conceptos del «Gegenpressing», una forma de presión especialmente agresiva que transforma la defensa en una forma de ataque, con intervalos de una intensidad tan alta como si fueran pequeños partidos propios. Este sistema, sumado al liderazgo del entrenador alemán, al desarrollo de nuevas tecnologías aplicadas al deporte y al concurso de sensacionales jugadores como Sadio Mané, Mohamed Salah, Trent Alexander-Arnold o Virgil Van Dijk, ha hecho del equipo inglés una verdadera aplanadora, finalista tres veces de la Champions League —2018, 2019 (campeón) y 2022—, ganador del título de la Premier League de la temporada 2019-2020 y de la FA Cup de 2020.

Pero, como todos sabemos, eso no fue lo que ocurrió en París, donde el Real Madrid aguantó las oleadas ofensivas del Liverpool y, de la mano de un majestoso Thibaut Courtois, que soportó más de veinte disparos a puerta y regaló varias atajadas antológicas, como una media vuelta a bocajarro de Mané o un mano a mano contra Salah en la segunda parte. Con él, con el generoso despliegue de Carvajal por la banda derecha y el solitario gol de Vinícius tras un buscapié del uruguayo Valverde, el Real Madrid se hizo con la 14ª Copa de Europa para sus estanterías.

https://www.youtube.com/watch?v=gJeQRiIaDgM

¿Fue este triunfo otro milagro más? Es difícil decirlo. Como dice Redo Hauptshammer, protagonista de «Centroeuropa» (Galaxia Gutenberg), la buena novela de Vicente Luir Mora, uno puede creer en las casualidades «hasta que se dan cuatro veces seguidas». En el fútbol de alta competencia actual, donde nada queda salvado al azar, confiar en la suerte es una ingenuidad, la recete infalible para un sonoro fracaso.

No es el caso del Real Madrid, que durante diez años aguantó a pie firme el asalto del mejor equipo de todos los tiempos (el Barcelona de Messi, Iniesta y Xavi), manteniendo su costumbre de ganar la Champions en 2014 y 2016 ante el Atlético de Madrid del Cholo Simeone, en 2017 ante la Juventus de Turín y en 2018 ante el propio Liverpool de Klopp. Cuando las figuras de esa generación irrepetible comenzaron a jubilarse o migraron a otros equipos, estuvo listo para recuperar el tren de la historia, sin que importara la salida de estrellas como Cristiano Ronaldo, emblemas como Sergio Ramos, el declive de otras como Gareth Bale o el irremediable paso del tiempo en esa estructura irrompible que componen Luca Modri, Toni Kroos y Karim Benzema.

Para que este proyecto mantuviera su vigencia, fueron indispensables dos personas, seleccionadas con buen tino por Florentino Pérez: los entrenadores Zinedine Zidane y Carlo Ancelotti. Además de saberlo todo del fútbol, ambos comparten una característica: ceden todo el protagonismo de las victorias —de los que son corresponsables— a sus equipos. Viejo zorro del fútbol, Ancelotti parecía un turista jubilado que se relajaba con unos lentes oscuros y un puro entre los dedos mientras celebraba el título de la Liga con Vinicius, Militao, Alaba y Rodrygo. Mascaba chicle luego de la final de la Champions League contra el Liverpool, cuyo resultado explicó sin perder un gramo de su actitud displicente y cool: «Nos ha ayudado el hecho de que nadie pensaba que podíamos llegar a ganarla».

https://twitter.com/MrAncelotti/status/1530700889211691011

Como mi amigo J., que reafirmó su hinchaje por el Barcelona cuando llegó a vivir a esa ciudad hace más de veinte años, yo llevo décadas siendo seguidor culé. El recuerdo decisivo, ese que me hizo fanático blaugrana, se remonta a los tiempos del dream-team de Johan Cruyff, donde brillaban el danés Michael Laudrup, el búlgaro Hristo Stoichkov, el propio Guardiola y el defensa holandés Ronald Koeman.

Recuerdo bien la final de la Champions de mayo de 1992, que se definió con un tiro libre de Koeman en el minuto 112 del partido. Al día siguiente tenía un complicado examen de biología, pero igual, sin ninguna clase de remordimiento, dejé de estudiar para verlo. Mi afición sería recompensada con las diabluras de Romario, los años de Ronaldo, la llegada de Ronaldinho y la década prodigiosa que inició Guardiola como entrenador y elevó a Lionel Messi al altar de los mejores jugadores de todos los tiempos.

TAMBIÉN LEE: Indestructibles y finalistas, una crónica sobre las semifinales de la Champions

Pero ahora me pasa lo mismo que a J. Anoche volvimos a casa luego del cumpleaños de un compañero de colegio del menor y mis dos hijos se instalaron conmigo en el sillón de la sala a ver la final entre el Real Madrid y el Liverpool. Estaban tan emocionados que no tuvieron problemas en aguantar los casi cuarenta minutos de retraso para el comienzo del partido, por problemas en la seguridad de los ingresos del Stade de France. Cuando el partido comenzó empezaron a aplaudir, me acribillaron a preguntas (¿quién quieres que gane?, ¿los rojos son los «malos»?, ¿ese es Benzema?, ¿por qué se peina así Vinícius?, ¿qué es un fuera de juego?) y no se distrajeron hasta que el sueño los doblegó.

Esta mañana se han despertado muy temprano, han corrido a despertarme con los ojos abiertos y han resumido todas sus inquietudes con un monosílabo: «¿Y?» Con cierta resignación he tenido que contarles que el Real Madrid ganó la final. Hace unos meses, cuando comenzaron a interesarse por los deportes, conseguí convencerlos de que eran de tres equipos: de la selección peruana, la «U» y el Barcelona. Para preocupación mía, hoy en el desayuno me han dicho que también son un poco del Real Madrid. ~

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  1. Buena crónica, sin embargo, detecto un error. Real Madrid le gana el primer partido en Inglaterra a Chelsea 1 a 3 y no en el Bernabéu como indicas. Saludos.

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