A Mohamed, Momo, Mo Salah le ha tocado saber lo que siente Messi jugando por Argentina. Una cosa es en su equipo, el Liverpool subcampeón de la Champions, donde mira a un lado y tiene a Mané, mira al otro y tiene a Firmino, y otra cosa es en la selección de su país donde por más que esta noche miró a todos lados le costó encontrarse con alguien. Una pena porque Egipto prácticamente se despide del Mundial llevándose al tipo llamado a sustituir a Messi y a Cristiano Ronaldo en el álbum de figuritas de futbolistas distintos, tocados por algo que a falta de mejor nombre podemos llamar magia. Y era egipcio, que es añadir algo también distinto, aunque uno no sepa bien qué.
El partido acaba de terminar en San Petersburgo con el marcador final de 3 para Rusia, 1 para Egipto, y en Saransk, la ciudad donde el sábado Perú perdió ante Dinamarca y hoy lo hizo Colombia ante Japón, la fiesta rusa promete alargarse hasta mañana. Una pena también porque esta noche sale el tren que me llevará a Ekaterimburgo para el partido ante Francia que dirá si pasamos a octavos o volvemos por donde vinimos, o si sacamos la calculadora en el último partido ante la áspera Australia. (En cualquier caso, en el momento en que escribo estas líneas, la alegría peruana no se mancha).
A lo largo del Rusia-Egipto o, mejor dicho, en las últimas 48 horas no he podido dejar de mirar y pensar en Salah. Матч! es el canal ruso del Mundial. Transmite todos los partidos en directo y también le entra a otros deportes, 24 horas al día, siete días a la semana. Si alguien enciende la tele pongamos a las 4 am —la hora en que amanece en Rusia durante estos meses de verano septentrional— puede hacer tiempo hasta el desayuno viendo un documental sobre golf o a un puñado de rusos debatiendo sobre cómo Messi pudo fallar un penal ante Islandia.
Матч! es Match TV, un canal público creado en 2015 por mandato del presidente Putin con el apoyo de la gasífera Gazprom, la compañía más poderosa del país y una de las grandes corporaciones globales que deciden ciertas cosas que nos pasan a todos en el planeta desde el control remoto de los hidrocarburos. A menos que uno sepa ruso, en Матч! no se entiende nada salvo los nombres de los países que compiten en el Mundial como la local “Rasssia” o la blanquirroja “Péro”, que hay que traducir como Perú.
También, claro, se pueden entender los nombres de algunos jugadores.
Entre estos últimos, como digo, el más repetido en las últimas 48 horas ha sido el de Mohamed, Momo o simplemente Mo Salah. El Faraón egipcio. Tanto así que en un país con un nacionalismo tan exacerbado como Rusia no había un futbolista local que le hiciese sombra. Ni Chéryshev, que jugó un partidazo en el debut ante Arabia Saudita y hoy volvió a ser una de las manijas de su selección, ni el jovencito Golovin, la otra manija. En Матч!, todo el día, todo era Salah, Salah, Salah.
El fútbol, como la literatura en la Grecia clásica, es una fuente inagotable de mitos, héroes, dioses y semidioses. El último de ellos era el zurdo Salah. Uno de los llamados a levantar a los hinchas de sus asientos no sólo en el Mundial ruso, sino en todas partes, como mandan los cánones de la globalización emocional futbolera en la que anda metida la FIFA con la complicidad de todos los locos por el fútbol en que nos hemos convertido la mayoría de bípedos implumes, vivamos en Londres, Yaundé, Riad o Huaral.
“Por la forma como se expande y el grado de enajenación que provoca en los conversos, el fútbol es el cristianismo de los años dos mil”, mitad bromeaba, mitad me decía en serio una anarquista barcelonesa que no se escapaba de esta contradicción ideológica por su secreta pero irreprimible afición culé. (El que esté libre de este tipo de contradicciones que tire la primera piedra. Pero que la tire con efecto).
Uno de los llamados a levantar a los hinchas de sus asientos no sólo en el Mundial ruso, sino en todas partes, como mandan los cánones de la globalización emocional futbolera en la que anda metida la FIFA con la complicidad de todos los locos por el fútbol en que nos hemos convertido la mayoría de bípedos implumes, vivamos en Londres, Yaundé, Riad o Huaral”
Volviendo a Rusia, como digo, hoy la cara y los bonitos rulos de Salah han sido las imágenes fetiche de Матч! Todo lo que ha hecho o le han hecho al egipcio a lo largo de su vida ha sido noticia en el canal concebido para el Mundial por el abogado, ex agente de la KGB y ex taxista, don Vladímir Vladímirovich Putin.
Aunque no jugó el primer partido que su selección perdió ante Uruguay por un gol encajado en el minuto 89, el uruguayo el minuto 90punto de marcar el minuto 90’l abogado y ex agente de la KGB, don Vladiúltimo minuto , Cavani fue a pedirle su camiseta porque para los hijos del uruguayo Salah sí es “una estrella”. Ese partido se jugó el 15 de junio, el mismo día en que el egipcio cumplía 26 años. Como no lo pudo celebrar (las derrotas no se celebran, aunque caigan en día de cumpleaños), poco después sus compañeros le mandaron a preparar una torta de 100 kilos con los colores de la bandera de Egipto y una bota de oro a modo de deseo y premonición.
Es lógico que para los hinchas rusos Salah fuera presentado como un cuco. Prueba de ello es que hoy se tuvo que fabricar el penal que él mismo convirtió en gol. Sin embargo, aparte de él, los rusos no tuvieron problemas para golear a un equipo bonito de ver pero competitivamente inocente. Al minuto 61 ya habían metido los tres goles, con lo que parecían responder al pedido de Putin de que no hace falta ganar el Mundial pero sí dejarse la vida para estar a la altura del renacer de la gran Rusia como superpotencia mundial.
Entre las imágenes que hoy se emitieron de Salah figuraban también las de los colegios, hospitales y depuradoras que ha donado para que sus vecinos cuenten con servicios tan básicos como el agua potable. La efigie de El Faraón, como lo llaman en su país, parece ser omnipresente en su natal El Cairo. En los parabrisas de los autos, en los murales callejeros, en la forma como los niños celebran sus goles en las pichanguitas de barrio, hincándose de rodillas para besar el suelo. Un movimiento que reproduce el sujūd o sajdah, la postura para rezar en el islam.
Esta exhibición abierta de la fe musulmana de Salah también llamaba la atención en el canal público de la Rusia mundialista. Tal vez no saben que los hinchas del Liverpool, además del clásico “You’ll never walk alone”, también han creado un cántico para el goleador egipcio: “Si sigue marcando goles, yo también seré musulmán”.
Como Cristiano Ronaldo, Salah podría decir soy rico, soy guapo y buen jugador. Y además musulmán, con una estampa que transmite una idea distinta a la que se propaga en cierta prensa islamofóbica europea. De hecho, dio una muestra de no ser un fundamentalista religioso cuando interrumpió el ayuno de Ramadán para llegar físicamente más entero a la final de la Champions.
Cuando se lesionó tras un forcejeo con Sergio Ramos y tuvo que abandonar el campo llorando, un clérigo kuwaití con más de 60 mil seguidores en Twitter escribió: “Dios lo castigó. Para el musulmán, la vida no la dirigen la razón y el esfuerzo, sino que está en manos de Dios”. Y para que nadie justificara la decisión de Salah por la importancia de ese partido y la inminencia del Mundial (el Ramadán terminó este año el 16 de junio, dos días después del Rusia-Arabia Saudí), añadió: “Jugar al fútbol no es una excusa legítima para romper el ayuno”.
Es una pena que Salah hoy no sea el héroe que pudo ser.
Como persona, a mí me parece más interesante que Messi y ya no digamos que Cristiano Ronaldo. Aunque soy ateo, en estos tiempos de islamofobia acicateada por posturas tan intransigentes como la del clérigo tuitero, el nombre de Mo Salah me sonaba muy bien. Era como el futuro de un fútbol distinto en tres sílabas que a estas horas, en el tren rumbo a Ekaterimburgo, comienzan a sonar lejanas. ©


Muy buenos y claros los comentarios, que sigan los progresos.Saludos