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Clasificar: un mito unificador

Durante décadas se ha discutido sobre la carencia de un relato identitario que cohesione a la nación peruana. Al repasar ese tema, la socióloga Noelia Chávez encuentra en las clasificaciones a los mundiales de fútbol el mito que le da sentido a la peruanidad. Una eventual victoria sobre Australia permitiría, una vez más, que la Blanquirroja nos ofrezca ese elemento unificador necesario para evadir las crisis políticas.

Este artículo empieza un poco denso, pero prometo llegar al fútbol. En una de mis clases sobre procesos y pensamientos sociales peruanos discutíamos sobre los elementos que fundan y recrean nuestra idea de nación, aquello que Benedict Anderson define como una comunidad imaginada, construida idealmente por personas que tienen un sentido de pertenencia hacia un grupo con el cual comparten una suerte de camaradería horizontal.

Nos preguntábamos si acaso en un país como el nuestro, levantado sobre enormes fracturas sociales que no terminan de cerrarse (discriminación, racismo, desigualdad e individualismo estructural), era acaso posible la construcción de esa comunidad imaginada. La respuesta inmediata es siempre: “difícilmente”. Somos tan diversos, tan desiguales e indiferentes entre nosotros, que es casi imposible construir una idea única de comunidad política. Menos aún hoy.

TAMBIÉN LEE: Identidad, una patria en chimpunes, una entrevista sobre el fútbol peruano

También podemos dejar de lado la idea de comunidad (homogénea) y sostener que hemos producido diversos imaginarios de nación, como señala la socióloga Narda Henríquez. El problema es que las proposiciones de nación que se basan en un momento fundacional no tienen un origen glorioso, sino uno de derrota: la conquista. Cuando impera una vida social fragmentada y sujetos con identidades escindidas, construir un mito unificador es un proyecto complejo, por decir lo menos. Aparte de la conquista, ningún otro proceso ha sido tan fundante de lo que somos, ni siquiera la independencia, señala Narda. No hemos tenido revoluciones, ni tenemos un consenso sobre el gobierno de Velasco, el fin del conflicto armado interno o el retorno a la democracia.

LA CLASIFICACIÓN COMO RELATO

Les cuento todo esto porque después de la clase conversé sobre esta carencia de elementos fundantes positivos de nuestros imaginarios nacionales con Gisselle Vila, brillante colega con quien comparto la pasión por el fútbol y el deporte. “¿Hay algún momento unificador que se desvincule de la derrota y el fracaso en nuestra historia republicana?”, pregunté, y seguidamente sentencié, “no hay, pues”. Pero Gisselle tuvo una mejor idea: pensar en la clasificación de la selección peruana de fútbol al Mundial de México 70 como mito unificador y elemento fundante de una forma de nación, que es, además, simbólicamente potente, que le da materialidad a nuestra abstracta —y muchas veces lejana— idea de país.

¿Por qué esa clasificación, algo que pareciera carecer de importancia “real”, sería un mito unificador y un momento fundante de nacionalidad? Propongo que ese evento puntual encierra en sí mismo al menos tres elementos fundamentales. El primero es que el fútbol permite la personificación de idea de nación en una selección (masculina) de fútbol de once jugadores de diversas proveniencias (incluyendo a las clases popular), que, además, ponen en movimiento nuestros símbolos patrios; es decir, ponen en acción a la “nacionalidad”.

En segundo lugar, porque la competencia tiene reglas claras que nos permite visualizar objetivos comunes que nos es muy difícil acordar en otras arenas donde nunca nos ponemos de acuerdo. Aquí tenemos claridad, predictibilidad: meter goles, acumular puntos, ganar campeonatos y clasificar al mundial. Así también, esta competencia permite reivindicar nuestras derrotas frente a países con los que hemos perdido importantes batallas.

Y, en tercer lugar, porque permite crear una épica de una posibilidad de éxito que combina el esfuerzo individual y el colectivo para alcanzar el propósito del triunfo. Esa épica de victoria, tan ausente en nuestra historia, no es única en su especie, sino que, por la dinámica del negocio futbolístico, tiene la oportunidad de reaparecer, revivir, reeditarse, cada cuatro años. Es decir, cada cuatro años esa épica es posible de alcanzar.

Clasificar al Mundial de México 70 y tener un muy buen desempeño, fue, entonces, el primer momento en que esa épica del triunfo ocurre. Sucede durante el quiebre histórico que enarbola la dictadura militar de Velasco y su idea de nación. Además, el campeonato es precedido por la catástrofe del terremoto de Yungay, siendo la selección el símbolo de “superar los momentos más difíciles”. En un país donde la institucionalidad no terminaba de responder a las demandas de la ciudadanía y cada quién empezaba a tejer sus estrategias individuales para sostenerse, la selección es uno de los pocos elementos que nos permiten generar un imaginario de nación y una idea de conjunto con un mito unificador victorioso.

EL MITO RENACE

Un proceso similar tuvo lugar hace cuatro años cuando la Blanquirroja volvió a un mundial después de más de tres décadas de ausencia. El mito cobró nuevamente vida. A pesar de que por entonces vivíamos tiempos convulsos que incluyeron disputas políticas y la renuncia del presidente Kuczyinski, el pueblo peruano se unió en torno a la camiseta de la selección y gritó al unísono el gol de André Carrillo contra Australia en el Mundial de Rusia 2018. No fue casualidad que un año después se produjeran documentales como “Identidad” o “Contigo Perú” que exploraban el papel del seleccionado peruano como eje cohesionador. Y un escenario similar es el que viviremos este lunes cuando nos juguemos un nuevo repechaje, esta vez ante Australia.

Cierto es que, al convertirse en una puerta de escape de una realidad política y socialmente precaria, tampoco facilita que podamos concentrar nuestros esfuerzos en justamente fortalecer estos otros aspectos que idealmente deberían ser fundamentos del Estado-Nación. Además, es un mito muy inconstante, pues como todo en este país, la institucionalidad del gobierno del fútbol es endeble, dependemos de personas más que de políticas duraderas. A ello le podemos agregar que es una idea de nación sostenida a conveniencia del mercado futbolístico. Podríamos hablar de una colectividad artificial.

Sin embargo, el mito existe, y ese mito tal vez pueda explicar en parte por qué el repechaje de este lunes parece tan importante, por qué los colegios acabarán sus clases al medio día, los profesores reprogramaremos sesiones que se cruzan con el partido y el presidente probablemente lo declare feriado. Hoy, que el sistema político está en su peor instante de decadencia, el mito unificador y fundacional de la selección clasificando al mundial revive para sostenernos como país, aunque sea artificialmente, por un día o quizá unos meses. ~

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