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De tirapiedras a oficialista

Esta semana, Sporting Cristal hizo noticia por un comunicado en el que un grupo de ex presidentes de la institución criticaba el silencio de la directiva actual ante las acciones polémicas de la FPF. A las pocas horas, la que parecía ser una guerra civil se solucionó con el diálogo. Los críticos habrían aceptado el relato de que el club apuesta por cambiar al fútbol peruano “luchando desde adentro”. Nuestro columnista Pedro Ortiz Bisso hace un paralelo entre la nueva postura del club rimense y la de políticos que pensaban que podían arreglar un sistema fallido siendo parte de él.  

El áspero comunicado que difundieron hace unos días varios ex presidentes de Sporting Cristal le añadió unas líneas de calor al clima generalmente tibio que rodea esa institución. Términos como “silencio cómplice”, seguidos de invocaciones a mantener los valores históricos del club, hicieron que algunos tremendistas presagiaran un huracán de categoría 5 que hasta podría poner en peligro la continuidad de Innova Sports, la empresa que desde hace tres años conduce los destinos del club rimense.

Sin embargo, todo no pasó de una calentura pasajera que se resolvió tras varias reuniones entre los encorajinados directivos y el también indignado presidente Joel Raffo, quien se sintió afectado en su honor.

UN CLUB MODELO EN CUESTIÓN

El origen de este breve incordio fue otro pronunciamiento público —suscrito por Alianza, la U y Cienciano— en que se le pedía explicaciones a la Federación Peruana de Fútbol por los presuntos gastos excesivos incurridos durante el viaje a Qatar para el repechaje. La revelación periodística de que en el avión alquilado por la federación viajaron, además de los seleccionados y sus familiares, un largo etcétera de amigos y directivos, encendió la cólera de quiénes desde siempre han querido mostrarse como la “reserva moral” de nuestro alicaído fútbol criollo.

El autodenominado “club modelo”, el autor del “manual de estilo”, de la revolución que llevó a la “fuerza vencedora” al subtítulo de la Libertadores hace 25 años, no podía mantenerse en silencio ante la enésima demostración de dispendio y clientelismo político salida desde San Luis. No es difícil imaginar a los ex presidentes irritados, hirviendo, con las pupilas enrojecidas. Era la indignación de los chicos buenos.

Nueve ex presidentes de Cristal rechazaron las acciones de la actual directiva. FELIPE CANTUARIAS.

Peor aún por la razón detrás de la ausencia de Cristal de ese documento: Raffo fue uno de los 158 viajeros a Qatar. Y las palabras que él mismo usó para explicar sus motivos opacaron cualquier ánimo de justificación: “Me subí al avión a Doha para trabajar por el fútbol peruano”.

TAMBIÉN LEE: El avión del repechaje, un informe sobre el viaje de la selección a Doha.

Volar codo a codo con el barbero de Trauco, el dueño de una famosa cebichería y los amiguísimos de Agustín Lozano no parece ser la mejor demostración de trabajo —ni de amor, dedicación, esfuerzo, entrega, sacrificio, inmolación o como quieran llamarle— por nuestro balompié. Suena más a un “hagan sitio que quiero salir en la foto” (y si es gratis, mejor).

En su columna semanal en El Comercio, José Carlos Requena decía que el avión blanquirrojo “terminó constituyendo un microcosmos de varias de las taras que arrastra la sociedad peruana: favoritismos, relajo en las regulaciones, comportamiento cortesano”.

EL PPKAUSISMO RIMENSE

Sin embargo, Raffo tiene sus razones. En los últimos meses, Cristal ha pasado de ser uno de los clubes que impulsó una demanda en el TAS contra la federación, a formar parte de sus comisiones de trabajo. Lo mismo ha pasado con Melgar, otro ilustre ex integrante del club de los “críticos”. Es como si, López Aliaga se hubiera integrado al gabinete de Aníbal Torres.

TAMBIÉN LEE: No miren arriba, una columna sobre los problemas del Boys

Antes de volar a Doha, el titular celeste estuvo en Madrid —a donde recalcó que llegó con su plata— reunido con miembros del mundillo futbolístico local. Allí, dijo, tuvo “toda una jornada laboral (…) con la Liga de España, con la Federación Española, con la agremiación de futbolistas, con equipos de La Liga, precisamente, para poder traer ese conocimiento y poder ponerlo en práctica, adaptado a nuestra realidad a favor del fútbol peruano y empezar a cambiar esto”. Fue recién en Barcelona donde se subió al avión que voló a la capital catarí.

De acuerdo con una fuente que conoce el manejo interno en la federación, semanas atrás Raffo y otros directivos fueron convencidos de trabajar “desde adentro” para conseguir los cambios que requiere el fútbol. “¿De qué te sirve ser oposición si no te hacen caso? Son 60 contra 7. La cuestión es trabajar desde adentro. De nada sirve el pataleo si siempre estás en minoría”, añadió la fuente.

Durante la conferencia de prensa que dio para responder al comunicado de los ex directivos, Raffo defendió su nueva postura. “Nuestro futbol peruano está totalmente quebrado y es necesario empezar a trabajar y no tirar más piedras. Lo que estábamos haciendo en cada una de estas apelaciones, impugnaciones desde fuera, era tirarle más piedras a nuestro alicaído sistema”, dijo. También criticó a los periodistas por verter comentarios que “incitan la violencia”.

El ardor con que Raffo justificó su posición me parece admirable. Pocas veces he visto a un directivo del fútbol peruano defendiendo así una postura, hablando de valores y ofreciendo el rostro por la institución que representa. Pero permítanme dudar sobre el éxito de esta “nueva manera” de trabajar por nuestro balompié, de este pragmatismo repentino.

Además, llamar “tira piedras” a quienes antes compartían el mismo lado no solo es irrespetuoso, sino hasta intolerante. ¿O acaso no es posible defender posturas éticas lejos de los pasillos del poder?

El ánimo y las ínfulas de Raffo parecen encarnar una versión renovada de ese pepekausismo inocentón que vivimos seis años atrás, que sobreidealizó la labor de los cuadros técnicos para dominar el monstruo estatal (con los resultados que todos conocemos). La Federación Peruana de Fútbol no es igual que el Estado Peruano, pero arrastra muchas de sus taras que han terminado por convertirla en una organización anquilosada, opaca, ávida del populismo para sobrevivir. ¿Se necesita juventud y conocimiento para modernizarla? Por supuesto. ¿Alguien acaso puede dudarlo? Pero si antes no comprendemos que como todo monstruo alimentado por la podredumbre, es un torbellino de intereses encontrados, repleto de trampas y mañas, así como de gente incapaz de entregar su cuota de poder para no perder su espacio de confort, cualquier intento por doblegarlo desde dentro será apenas un bonito sueño.  Más aún si la encarnación de todo lo que se quiere cambiar sigue a la cabeza. ~

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