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Un gran salto para su humanidad

Alunizaje en Rusia 2018. Descenso suave y controlado. Cristiano Ronaldo acaba de apoyar sus manos en el área chica luego de burlar a su marcador con un jueguito de hombros, y lanzar un misil de corto alcance a cinco metros del arco.

Indetectable para la cándida defensa marroquí y fulminante para su arquero que alza su izquierda por acto reflejo. También le podríamos llamar palomita, claro. Pero pocos como Cristiano Ronaldo para definir con sencillez. La suerte de un equipo o un balón volador plenamente identificado.

Mientras en las tribunas del Luzhniki, los marroquíes se tragaban, apenas a los cuatro minutos, su arenga fallida de “Messi, Messi”, los pies de Cristiano Ronaldo se despegaban del piso impulsados de júbilo. En cámara lenta puede verse cómo bate su índice varias veces y despliega sus brazos como dos alerones antes de caer. Su cuarto gol en Rusia 2018 lo elevaba a la velocidad de la luz como máximo goleador, héroe portugués, y futuro Balón de Oro. También podríamos decir que celebró con un salto, por supuesto. Pero ninguno como él para resolver su deuda mundialista (tres goles en las tres ediciones pasadas) en dos partidos y plantar bandera en la superficie estelar de este deporte: la Copa del Mundo.
Y en la exUnión Soviética, además, que hace 60 años compitió con Estados Unidos por explorar el espacio. Casi veinte años les duró la obsesión a ese par. En el fútbol, la carrera espacial por ser el mejor del mundo lleva una década. Una rivalidad sin precedentes. El mayor negocio de la historia. Cristiano Ronaldo y Lionel Messi.

Ambos ingresaron a la órbita en el 2007, cuando escoltaron a Kaká, un brasileño casto con cintura de pecador, percibido como el último humano en hacerse con el Balón de Oro. Desde entonces se han prestado el trofeo cinco veces cada uno más allá de postulantes serios como Iniesta, Neymar y recientemente Salah. Desde entonces, la acción de uno ha repercutido en el otro. Un morbo que parecieran disfrutar. Si uno festeja sus goles colgando su camiseta sudada en un perchero invisible, el otro también. Ser distintos atiza la pugna. Y de una manera tan grosera como voltear una carta. Antipático. Simpático. Extrovertido. Tímido. Soberbio. Humilde. El reverso siempre fue para Cristiano. Hasta ahora.

“La acción de uno ha repercutido en el otro. Un morbo que parecieran disfrutar. Si uno festeja sus goles colgando su camiseta sudada en un perchero invisible, el otro también. Ser distintos atiza la pugna. Y de una manera tan grosera como voltear una carta. Antipático. Simpático. Extrovertido. Tímido. Soberbio. Humilde. El reverso siempre fue para Cristiano. Hasta ahora”

Su triplete ante España, y su tempranero gol ante Marruecos, pero sobre todo su pasta de líder distan de un Messi apocado, incapaz de socorrer a Argentina de un papelón. Cristiano Ronaldo, el 7 que con los años se reencauchó de 9, se convirtió en el goleador europeo de todos los tiempos con 85 goles, y se puso a tiro de dos récords: a 24 del iraní Ali Daei como ‘Pichichi’ absoluto de un país, y a dos tantos de Eusebio, la Perla de Mozambique, como el máximo goleador de Portugal en los Mundiales.

La memeología es sabia: mientras un bombero con el rostro tostado de Cristiano salva a dos niños, con los escudos del Real Madrid y Portugal, de una casa en llamas, a Messi le alcanza para auxiliar a uno llamado Barcelona. Le faltan brazos para cargar a Argentina.

“Un penalty, un regalo de De Gea, una falta que llevaba un siglo sin ejecutar y un cabezazo. Eso no le da para ser el número 1. Solo finaliza”, tuiteó David Bernabeu, un periodista español que cubre las incidencias del Barcelona desde hace 17 temporadas. Un mezquino que tiene la fortuna de apellidarse como el estadio del Real Madrid, la estación donde Cristiano muestra sus pectorales desde el 2009.

No es necesario ser un partidario del atacante de Madeira para destacar que en Rusia 2018 ya anotó con la derecha, la izquierda y la cabeza. Dentro y fuera del área. De penal y tiro libre. Al inicio y al final del partido. “Solo sabe meter goles”, arguyen quienes lo resisten olvidando que Uruguay clasificó gracias al olfato de Luisito Suárez. O que España, la del tiquitaca, apenas pudo con Irán por la tozudez de Diego Costa. La diferencia que mandó a su casa a Marruecos.

Antes del Mundial, Messi posó para una revista ‘gringa’ acariciando a una cabra. La foto no era inocente: Goat (cabra en inglés) también son las siglas de Greatest of all time (el mejor de todos los tiempos). Aunque el portugués haya dicho que su inusual chivita es una apuesta con Cuaresma, la asociación no es gratuita.

“Nunca hubo nada igual y, seguramente, no lo volverá a haber”, asegura el madrileño Jimmy Burns, autor de Cristiano y Leo, la carrera para convertirse en el mejor jugador de todos los tiempos (Editorial Córner). Después de 1975 tampoco lo hubo. La conquista del espacio futbolístico está inclinándose hacia Cristiano. Por ahora, es un descenso suave y controlado en Rusia 2018. Un gran salto para su humanidad. ©

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