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Vivo imaginándote

[Escribe: Eloy Seclén] Iván Duque Márquez, a los 41 años, es el presidente electo de Colombia, el más joven en toda su historia. El 54% de votantes respaldó en las urnas al abogado y ex senador, representante del partido Centro Democrático, que no ha dudado en elevar, como lema principal de su campaña, la recurrente política neoliberal de la “mano dura”…
Ivan Ciro Palomino

Iván Duque Márquez, a los 41 años, es el presidente electo de Colombia, el más joven en toda su historia. El 54% de votantes respaldó en las urnas al abogado y ex senador, representante del partido Centro Democrático, que no ha dudado en elevar, como lema principal de su campaña, la recurrente política neoliberal de la “mano dura”, en todos los ámbitos y con todas las connotaciones que ella implica.

Carlos Alberto Sánchez Moreno, con todo y sus más de 80 partidos como volante central de la Selección Colombia, no pensó en las consecuencias de la mano dura aplicada en el fútbol. Cual si fuera uno de sus compatriotas en la segunda vuelta electoral del reciente domingo, tuvo que tomar una decisión con poquísimo tiempo para pensar; con el temor de recibir un gol apenas a los dos minutos de juego, lo cual hubiera traído consigo la inevitable carga de los Mundiales pasados. Y bien sabemos cómo pesa el pasado. Entre el miedo y la duda, que suelen ser recíprocos, Sánchez puso la mano como si el balón fuera una urna. Y hay que decir que cambió la historia, aunque no necesariamente de la forma que él y todo su país hubieran querido.

Yuya Osako, con su metro ochenta y dos de estatura, se eleva con la fuerza que le infunde a los japoneses el saber esperar. Si hasta parece que esa virtud se expresara en una bandera sobria que sugiere que el sol siempre ha de regresar. Su Selección había jugado cinco partidos amistosos antes de este debut. Perdieron tres, empataron uno y recién ganaron el último. Solo ante Colombia fueron tres enfrentamientos a lo largo de toda la historia. Nunca pudieron ganar. Apenas habían podido anotarle un gol que, muy a la japonesa, fue el del honor. En perfecta correspondencia con aquellos cuatro goles recibidos en Brasil 2014, el cabezazo de Yuya a los 73 minutos logró superar a cuatro defensores colombianos.

Todas las participaciones colombianas en los mundiales de fútbol coincidieron con sendos procesos electorales. Mucho tienen en común ambas circunstancias: un país se ilusiona, se moviliza, se polariza, se desengaña, se indigna…”

Japón había esperado pacientemente que su herido rival saliera a buscarlo, y su paciencia no se alteró ni siquiera con el empate transitorio, tras un error arbitral en el cobro de la falta a Radamel Falcao. Cuando ellos celebran su gol, no festejan el azar, sino el resultado de su trabajo táctico, inteligente ante todas las cosas.

Nadie se ha acordado de los nuevos pasos de salsa que sus rivales publicaron en Instagram, absolutamente convencidos de emular el baile de la última vez. Corre Yuya con la alegría de quien solo se ha logrado superar a sí mismo. No hay revancha en su celebración. Hay paz. Paz.

Gustavo Francisco Petro Urrego, con más de ocho millones de votos válidos, también hizo historia en las elecciones presidenciales de su país. Ha sido el primer candidato abiertamente de izquierda en pasar a una segunda vuelta, y el apoyo recibido ha superado todas las expectativas. Ya con los resultados confirmados, y con la serenidad que debe haberle brindado su infancia en Zipaquirá, esa belleza arquitectónica que atesora una inverosímil catedral de sal en lo profundo de imponentes minas, publicó un pronunciamiento que parecía premonitorio: “Cuál derrota. Ocho millones de
colombianos y colombianas libres en pie. Aquí no hay derrota. Por ahora no seremos gobierno”.

Con certeza se puede decir que, también en el Mundial, Colombia efectivamente sigue en pie. Que ni con un hombre menos dejó de buscar el gol y que, solo por ahora, no ha triunfado.

Andrés Dávila Ladrón de Guevara, politólogo de la sexagenaria Universidad Los Andes, ha apuntado con pertinencia que todas las participaciones colombianas en los mundiales de fútbol coincidieron con sendos procesos electorales. Mucho tienen en común ambas circunstancias: un país se ilusiona, se moviliza, se polariza, se desengaña, se indigna. Y, antes de que el ciclo vuelva a repetirse, se imagina cómo hubiera sido en otras circunstancias: qué hubiera pasado si Roger Milla se comía la gambeta de Higuita; o si Escobar no metía aquel autogol; o si aquella Colombia del 2014, la mejor de todos los mundiales según los entendidos, se hubiera atrevido a avasallar a aquel Brasil, el peor de todos los mundiales, según los mismos entendidos.

La canción vuelve a sonar hoy, y en su letra se asegura que era otro partido 11 contra 11, o de qué estaríamos hablando si el profesor Sergio Fajardo, candidato por la Coalición Colombia, hubiera sacado un punto más y alcanzaba la segunda vuelta contra Duque. Sea en política como en el fútbol, aquí se vive imaginando.

Monsieur Periné es una banda que ha llevado por el mundo un género musical tan bueno como indefinible al que todos reconocen como swing colombiano. Este estilo nació de la combinación experimental de varios géneros, cual metáfora de la diversidad cultural de esta nación que ha tenido la valentía de proclamar la paz, y ahora debe ser más valiente para defenderla. No habla de ello, ni mucho menos de fútbol, su vocalista, la caleña Catalina García, pero hay que escucharla cuando dice eso que:

Vivo fingiendo un sueño que no se cuenta,
vivo imaginándote, sólo imaginándote.

Porque en Colombia dicen que su país es un partido de fútbol. Y debe ser así. Han empezado perdiendo. ©

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