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Umtiti, señor ministro

El fútbol a veces se pone pedagógico. Quiere que nos olvidemos por un rato de la pelota, sus tácticas, sus estrategias, y nos centremos en este axioma del escritor Enric González: “Llamamos fútbol a un juego y a todo lo que rodea ese juego”.

Lo que rodea este juego es, entre otras cosas, una envoltura de identidad, sentido de pertenencia y llamado urgente de la tribu. Así es como el fútbol, sobre todo a lo largo del mes-cada-cuatro-años que dura un Mundial (torneo por excelencia de las patrias heridas y los patriotas conflictuados), tiende a hallar su correlato en la economía, la geopolítica y la historia.
Es entonces cuando el juego adopta un tono grave, carraspea como un profe en un salón de clase y quiere enseñarnos algo. Darnos una lección.

Sin ir más lejos, es lo que ha pasado este martes en el partido en que Francia acaba de ganarle por 1 a 0 a Bélgica para convertirse en uno de los finalistas del Mundial de Rusia 2018. Con un golazo de cabeza de Samuel Umtiti, no lo olvidemos, un defensa central nacido en Camerún.

La previa del partido fue como visitar la casa del jabonero: quien no caía en la interpretación sociopolítica del asunto, resbalaba. Que si diecisiete de los veintitrés futbolistas de la selección francesa son de origen africano o directamente nacieron allí, en el llamado continente negro. Que si de once jugadores de la selección belga acaso no se podía decir lo mismo. Que mira lo que escribió Romelu Lukaku en The Players’ Tribune, que, como Edison Flores, dejó en evidencia la discriminación.

Hasta el más obcecado hincha que sólo ve/consume fútbol y no lee prensa seria ni va al cine a ver películas que no sean blockbusters de Hollywood miraba las alineaciones de Francia y Bélgica y asentía: “Sí, estos negros no parecen franceses. Tampoco parecen belgas”.

Umtiti, Varane, Kanté, Pogba, Matuidi, Mbappé, Ousmane Dembélé, etc.

Kompany, Witsel, Fellaini, Mousa Dembélé, Chadli, Batshuayi, Lukaku.

La lectura fácil es ver en estas listas de apellidos un reflejo de sociedades “modelo” que han asimilado con éxito el mayor fenómeno social de lo que va del siglo XXI: la inmigración que sigue el eje sur→norte o, lo que es lo mismo, el eje pobreza→riqueza, o también: me-muero-de-hambre→me-mudo-a-donde-se-tiran-toneladas-de-comida-a-la-basura-y-a-la-gente-eso-le-importa-un-comino. La inmigración África→Europa Occidental.

En realidad, se trata de un falso reflejo. Un abuso de la estadística.

Según las cifras que alcanzo a revisar/verificar por ahí, los inmigrantes en Francia son el doce por ciento de la población y, en Bélgica, el once. Esto quiere decir que la representación de la inmigración en sus selecciones es seis veces mayor en el caso de los franceses y más de cuatro veces en el caso de los belgas. En resumen: no hay tantos inmigrantes subsaharianos en las calles de Francia y Bélgica como en sus selecciones.

Si uno se pusiera radical, hasta podría tener la impresión de que no se trata de selecciones, sino de clubes europeos con el suficiente poder económico para concentrar en sus equipos a los mejores futbolistas nacidos en África, tierra pródiga en alumbrar magos del balón, pero sin ninguna selección que haya ganado un torneo internacional importante hasta ahora.

Peor: al contrastar esas cifras con la representación de los inmigrantes en los parlamentos o entre las clases dirigentes de ambos países, descubro que casi no hay. Es decir, no hay umtitis ministros ni lukakus alcaldes ni etc.

Hasta podría tener la impresión de que no se trata de selecciones, sino de clubes europeos con el suficiente poder económico para concentrar en sus equipos a los mejores futbolistas nacidos en África (…) Peor: al contrastar esas cifras con la representación de los inmigrantes en los parlamentos o entre las clases dirigentes de ambos países, descubro que casi no hay. Es decir, no hay umtitis ministros ni lukakus alcaldes ni etc.

Para que se hagan una mejor idea de lo que quiero decir: es lo mismo que pasa en el Perú con los pueblos indígenas, con la diferencia de que estamos hablando de personas que nacieron, o cuyos padres nacieron, en otros países como el Congo, Senegal o Camerún. La historia del colonialismo europeo expuesta sobre el tapete verde de un campo de fútbol.

“Se podría hacer una historia social de Francia estudiando el equipo de fútbol”, le decía el escritor francés nacido en Yibuti Abdourahman Waberi al periodista Marc Bassets esta tarde. “En los cincuenta había jugadores con nombres polacos [Kopa Kopaszewski]: gente del norte y el este de Francia, las cuencas obreras. En los equipos de los setenta y ochenta vemos nombres italianos [Platini] y españoles [Fernández, Amorós]. Y a partir de mediados de los ochenta y los noventa tendemos a los hijos del África postcolonial”.

Las de Francia y Bélgica no son las únicas selecciones europeas que han llegado al Mundial de Rusia con futbolistas que sobre-representan en la cancha la inmigración presente en sus poblaciones. Ahí queda todavía la Inglaterra del jamaicano Sterling. O la Alemania ya eliminada que alineó a los dos primeros defensas centrales negros que se le recuerden: Boateng y Rüdiger (y Özil, de origen turco, o Khedira, de ascendencia tunecina).

Al menos en el fútbol de selecciones, Europa va dejando de ser lo que era hace treinta o cuarenta años. Un suspiro en la historia de la humanidad. No sé si es una noticia para celebrar. En otros ámbitos de la vida cotidiana (¿los que sí importan?), lo que crece es otra cosa: la ultraderecha, la intolerancia, la islamofobia y los cercos de muerte para detener la inmigración africana.

Hace dos décadas, Francia ganó su Mundial del 98 con la famosa “black-blanc-beur”, un juego de palabras que modificaba los colores de la bandera para venir a decir que era una selección “negra-blanca-árabe”. Pocos años después, el partido racista de Jean-Marie Le Pen, padre de Marine Le Pen, que el año pasado llegó a la segunda vuelta electoral, consiguió casi cinco millones de votos.

De ahí que incluso en estos tiempos de selecciones europeas que parecen clubes superpoderosos dispuestos a concentrar el talento futbolístico nacido aquí o allá, no está mal que quien haya marcado el gol en el partido de hoy sea Umtiti. Y que lo hayan gritado millones de franceses. Para empezar, los que hace un año le entregaban su voto a la racista Le Pen.

Lo mismo habría pasado al revés con Romelu ‘Edison Flores’ Lukaku, por cierto. ©

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