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Ya no retrocedo

[Escribe: Victoria Guerrero] El primer empate sin goles del Mundial: Francia-Dinamarca en Moscú. Un partido burocrático y de ‘pecho frío’, dirían los argentinos. Esquizofrénicamente veía en la tele el partido Perú-Australia mientras buscaba un link.

El primer empate sin goles del Mundial: Francia-Dinamarca en Moscú. Un partido burocrático y ‘pecho frío’, dirían los argentinos. Esquizofrénicamente veía en la tele el partido Perú-Australia mientras buscaba un link. Y mi amiga, la poeta Roxana Crisólogo, que vive en Helsinki, Finlandia, no podía ver el partido de Perú. Nos mandábamos mensajes y parecíamos expertas. Gol de Guerrero, le decía yo. Ella, “aburridísimo el partido Francia-Dinamarca”, pero en Francia vivieron algunos de lxs poetas que amamos. Y allí tenemos, por supuesto, nuestra propia selección.

Para lxs poetxs y escritores latinoamericanos, París fue alguna vez el centro del mundo literario: cafés, museos y boulevares agitados por el parloteo de sus habitués: los malditos, Verlaine, Rimbaud, y el hermético Mallarmé sentados en Les Deux Magots tomándose una copa de absenta. Más allá, Simone de Beauvoir o Jean Paul Sartre en el Café de Flore. En esa París, el poeta peruano César Moro —profesor de Mario Vargas Llosa en la escuela militar Leoncio Prado— se unió a las filas del surrealismo. El otro César, Vallejo, decidió quedarse allí para siempre. Y la genial Flora Tristán tuvo que hacer un viaje de ida y vuelta porque ni Lima ni París se portaron con justicia frente a sus demandas de reconocimiento.

Esos alucinados escritores migrantes del Barrio Latino malvivían como podían o regresaban a sus países de origen. Mientras tanto, la poeta Carmen Ollé, otra sobreviviente de la ‘Ciudad luz’, escribe en Noches de adrenalina (1981): “¿Qué son los Campos Elíseos o la Gioconda sino el ménage delegado a las jóvenes muchachas del Tercer Mundo? Lavar pisos,
refregar las estrellas”.

¿Qué son los campos Elíseos para lxs jóvenes que viven en los suburbios de esa París del siglo XXI? En un mundo marcado por fronteras, Les Bleus son un claro ejemplo de las corrientes migratorias que han cambiado el rostro de los países, sobre todo, del llamado “Primer mundo”. Allí donde hay comida y trabajo, principalmente. Allí donde no hay
guerras, porque las guerras se libran en el continente de sus padres. Allí migraron o huyeron y se refugiaron sus familias.

Ahora, los jugadores de origen africano llenan las filas de las selecciones europeas. Pione Sisto, extremo danés, nació en Uganda. Los padres de los jugadores más famosos de Les Bleus como Paul Pogba son de Guinea y la madre del jovencísimo Kylian Mbappé es argelina y su padre camerunés…”

Ahora, los jugadores de origen africano llenan las filas de las selecciones europeas. Pione Sisto, extremo danés, nació en Uganda. Los padres de los jugadores más famosos de Les Bleus como Paul Pogba son de Guinea y la madre del jovencísimo Kylian Mbappé es argelina y su padre camerunés. Hoy solo Mbappé, que estuvo en el banquillo, entró en el minuto 77 para fabricar dos pases con sus largas piernas que valen oro. Durante el primer tiempo, solo hubo dos ofensivas, de Olivier Giroud y de Ousmane Dembélé, cuyo padre es de Mali.

La París del siglo XXI ha convivido tanto con la escritura del controversial y misógino Michel Houellebecq, como con la teoría king kong de la provocadora Virgine Despentes: “Escribo desde la fealdad, y para las feas, las viejas, las camioneras, las frígidas, las mal folladas, las infollables, todas las excluidas del gran mercado de la buena chica” como con las “revueltas de las banlieues (suburbios)” ocurridas en casi todo el país a raíz de la muerte de dos jóvenes de origen árabe en las afueras de París en el 2005. Esa “gentuza”, como la llamó Sarcozy en ese entonces, es también le visage de Les Bleus, sus rostros, los lugares donde se educan, lxs raperxs a los que escuchan. Esta es la misma historia de muchos de lxs muchachxs que habitan la periferia parisina aunque no compartan el mismo futuro. Los azules han logrado salir del guetto y valen millones en los equipos europeos para los que juegan. Eso no es novedad entre nosotrxs, pues nuestros jugadores provienen, también, de lugares muy pobres con índices altos de marginalidad y delincuencia. Salir de allí también es un triunfo.

Lxs poetas —como muchos artistas— vivimos de otros oficios, pero sé que en Dinamarca existe la figura del “poeta vitalicio”. ¡Vaya suerte! ¿Habrá algún futbolista vitalicio?

Escribimos en papelitos o en laptops, prendemos la TV: azules (hoy de blanco) y rojos se dan la mano. El gris Francia-Dinamarca. Un empate ordinario que hasta pareciera digitado. A la misma hora, en el otro partido del grupo, la hinchada se agita: Perú anota su primer gol en los Mundiales luego de 36 años, y vienen a mí los nombres de Velásquez o Cueto, mis colecciones de recortes, ya perdidas.

Mientras el mundo del fútbol y la mano de obra barata sigue alimentándose de hombres y mujeres racializados de la periferia, la artista afroperuana Victoria Santa Cruz tuvo la osadía de decir hace 50 años: “Me gritaron negra/al fin comprendí/y ya no retrocedo”, en un hermoso y vigoroso poema/performance que hoy celebramos aquí. ©

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