Follow

Recibe las mejores historias del deporte peruano y mundial

El elogio a los vencidos

[Escribe: Kike La Hoz] Alemania ha caído con estrépito y no existe alma sensible en la tierra ajena a este acontecimiento. El mundo, que siempre cambia con el mismo sigilo con el que rota sobre el espacio, esta vez ha sufrido una ruptura ante millones de ojos incrédulos…
Ilustración: Gnomono

Alemania ha caído con estrépito y no existe alma sensible en la tierra ajena a este acontecimiento. El mundo, que siempre cambia con el mismo sigilo con el que rota sobre el espacio, esta vez ha sufrido una ruptura ante millones de ojos incrédulos: eso que los analistas califican como un hecho insólito; eso que parte la historia en dos de forma irremediable.

Cuesta creerlo. Incluso escribirlo. Alemania ha sido eliminada en primera ronda y el único antecedente posible conduce al Mundial de Francia 1938 cuando el nazismo aún no hacía metástasis. Por estos días, la conmoción mundial —y en algunos casos cerebral— es tal que un diario español titula sin activar el autocorrector ni el sentido común: “La peor Alemania desde Hitler”.

Es curioso, pero ese mismo tirano, que culparía a Boateng, Ruediger, Guendogan, Özil y Khedira de percudir la raza alemana y su superioridad, circula por las redes sociales en las horas posteriores a la derrota. Histérico y trémulo, el Hitler de la película El hundimiento, vuelve a ser el protagonista de aquel meme universal que sirve para exagerar la molestia provocada por una mala noticia. No hace falta saber una pizca de alemán. Ahí radica su efecto. Pero esta vez la ironía parece haber superado los cálculos del creador de esta parodia 2.0. Alemania se ha desbarrancado y entonces, a partir de ahora, todo parece posible.

En Berlín, se han servido menos platos de kalbsleber. No hay estómago para digerir un hígado encebollado después de ver a Neuer entristecido y a Joachim Löw olerse —otra vez— los dedos restregados en la entrepierna. Adidas, la marca alemana que nació en el año del Milagro de Berna allá en 1954, ha decidido rebajar en un 30% las camisetas de Die Mannschaft por temor a una crisis de fe. Gary Lineker ha tenido que corregir su mítica frase, esa que dice que el fútbol es un deporte que inventaron los ingleses, que se juega once contra once, y que (no) siempre gana Alemania. “La versión anterior queda para la historia”, ha escrito el exfutbolista inglés desde su Twitter. Una robot llamada Sofía, capaz de mostrar más de 50 expresiones faciales, ha intentado consolar a Angela Merkel, la presidenta que casi nunca cambia de expresión. Durante un evento tecnológico en Berlín, le ha dicho que, pese a la derrota, “Alemania sigue siendo una de las naciones futbolísticas más exitosas”, pero Merkel, con el mismo e inalterable gesto de siempre, ha preferido no parecerse a una robot: “Sinceramente hoy estamos todos muy tristes”.

La victoria de Corea, país más habituado a exportar televisores que futbolistas, reivindica la esperanza de los despojados, de los humildes. Hace que el fútbol siga siendo ese deporte en el que se puede ganar, empatar o perder, y en el que felizmente no siempre gana Alemania”

Y no es para menos. Mientras el diario alemán Bild decidió titular su portada del día después de la derrota con la frase “Ohne worte” (sin palabras) —en evidente guiño a la expresión empleada para describir el 7-1 sobre Brasil en el Mundial 2014—; otra palabra alemana podría describir muy bien el fenómeno que experimentan algunos brasileños y argentinos, despechados aún por lo que ocurrió hace cuatro años: schadenfreude, ese sentimiento de satisfacción provocado por la infelicidad o la humillación del otro. Y que se disfruta mucho más si ese otro es la selección que no suele ser humillada, la máquina perfecta sin averías ni tuercas mal puestas, que ha sido creada para no fallar.

Por eso es más exacto decir que Alemania ha sufrido una humillación. La sola derrota, la sola caída, no ameritarían tantas bocas abiertas, ni caras largas. Los alemanes, como el resto de los mortales, también saben lo que es perder en el fútbol, pero siempre que eso suceda en una semifinal o en la definición de un título. Lo ocurrido ante Corea del Sur, al margen de esa patibularia escena en la que Neuer —el arquero que mejor juega con los pies— pierde el balón antes de que Son Heung-min marque el 2-0 definitivo, tiene las características de un drama. Y no solo germano, sino planetario. Porque una derrota como la del miércoles en Kazán es la saludable comprobación de la condición humana que tan bien sintetiza el fútbol, ese juego universal que se habla con los pies y se piensa desde las entrañas. La victoria de Corea, país más habituado a exportar televisores que futbolistas, reivindica la esperanza de los despojados, de los humildes. Hace que el fútbol siga siendo ese deporte en el que se puede ganar, empatar o perder, y en el que felizmente no siempre gana Alemania.

Porque así como Martín Caparrós nos recordó que victorias como la Barcelona sobre el PSG, en esa noche épica del 6-1 en el Camp Nou, explican por qué el fútbol es el fútbol; derrotas como las del miércoles 27 de junio, con dos goles insospechados en los últimos cuatros minutos en Kazán, confirman la vigencia de ese componente de imprevisibilidad que tiene el fútbol. La belleza del triunfo de los débiles. El heroísmo de los anónimos. Pero también la extraña fascinación que tenemos por la derrota. Sobre todo por el vencido que llegaba como invencible; por el poderoso que, creyéndose ungido por los dioses, destinado siempre a torcer el destino a su favor, también es capaz de sufrir la más miserable de las tragedias. Once contra once seguirá siendo la mejor metáfora para explicar la posibilidad de lo inaudito.

Poco importa si el ciclo de Joachim Löw llega a su fin en los próximos días. Una nueva etapa deberá empezar en Alemania para redefinir estructuras y paradigmas. La derrota más extrema, con su poder transformador, tiene los efectos de un cataclismo: a partir de su inesperado azote solo deja espacio para la reconstrucción.

Así como existen victorias que explican por qué el fútbol es el fútbol, existen derrotas que las superan. ©

Total
0
Shares
Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Publicaciones relacionadas
Leer más

Un desastre de la naturaleza

[Escribe: Leonardo Ledesma Watson] El huracán lleva tu nombre. Qué nombre: Harry Kane. El hombre con rostro de actor de cine –y que es menor que casi todos los que escribimos en esta página– es, por un montón, la estrella del país que inventó el fútbol, el protagonista principal del deporte de toda una isla,
Leer más

Esta historia continuará

[Escribe: Juan Manuel Robles] Al final del partido, una imagen me rompió el corazón y otra me lo recompuso. La primera fue el llanto de Christian Cueva, el llanto de un niño, lágrimas amargas que no dan lugar a interpretaciones: el 8 se siente culpable por la eliminación —¡maldito penal errado!— y esta tarde lo vio clarísimo.
Leer más

Divino y mortal

[Escribe: Lorena Álvarez] Brasil logró en seis minutos lo que llevaba más de 180 esperando: concretar una victoria en Rusia 2018. Pitazo final, el pentacampeón celebraba su triunfo frente a Costa Rica. Neymar, en cambio, caía de rodillas sobre el campo de San Petersburgo, llorando. El peso de la historia parece agobiar al ídolo del fútbol mundial.
Leer más

La vida después de Zlatan

[Escribe: Mario Blanco] En un país que ocupa el quinto lugar en igualdad de género, según en el índice Global de la Brecha de Género; en el que las compañías obligan a sus empleados a hacer una pausa en sus rutinas diarias para que se tomen un café y conversen con sus compañeros y jefes (la ceremonia es llamada fika); en el que sus empresarios más acaudalados pueden...
Total
0
Share