Para nadie es un secreto que la década del noventa marcó un punto de inflexión en los intercambios globales. Desde entonces, los movimientos transfronterizos, las transacciones económicas y los préstamos culturales se han extendido por todo el planeta y han modificado todo tipo de patrones. Es por eso, que hoy en día podemos encontrarnos con un Grupo C formado por equipos que hacen gala de su diversidad cultural, que se soportan en un espíritu emprendedor, que le han sabido sacar provecho a un estado de bienestar o que no tienen miedo a cambiarse de región. Cuatro productos distintos de ese fenómeno llamado globalización.
Francia, la cabeza de serie, es el equipo que mejor ha reflejado los vaivenes del proceso globalizador. En el 98, ganó su hasta ahora única Copa del Mundo con una plantilla que reflejaba la diversidad de un país constituido por la migración. Los descendientes de árabes y africanos que representaron a Les Bleus hicieron pensar que era posible un mundo sin
fronteras, en el que las nacionalidades pueden ser dejadas de lado. Sin embargo, poco tiempo después, la utopía globalizadora se chocaría con la realidad. Al poco tiempo, el candidato presidencial francés Jean Marie Le Pen renegó del equipo al señalar que no lo representaba porque estaba formado por extranjeros que no se sabían el himno nacional. En el 2002, el político pasaría a la segunda vuelta y la selección multicultural quedaría eliminada en primera ronda.
Durante el camino hacia Rusia 2018, los herederos de ambos bandos escribieron historias similares. Mientras la selección multicultural clasificaba con holgura al mundial, Marine Le Pen, la hija de Jean Marie, pasaba a la segunda vuelta presidencial con un discurso nacionalista. Sin embargo, los galos decidieron darle un espaldarazo a la globalización al elegir a Emmanuel Macron como su presidente. Les Bleus sonríen. Ahora están entre los favoritos del mundial.
Perú también experimentó cambios importantes en la década del noventa. Desde esa época, la economía se soporta en un modelo neoliberal que nos ha llevado al crecimiento, pero que también ha borrado el compromiso colectivo. El Perú neoliberal es uno formado por emprendedores acostumbrados a sacarle la vuelta al papá Estado. En el caso de la selección peruana tuvo que venir un papá argentino, que no apeló al autoritarismo y que supo alejarse del apañamiento, para poner orden en casa. Solo él, les hizo entender a sus hijos que su espíritu emprendedor podía hacerlos más fuertes si se traducía en un esfuerzo colectivo. Ese buen padre ha hecho que por estos días dejemos de pensar en los padres de la patria. Tan poco le importa la política a los peruanos que las proezas de la selección provocaron que la renuncia del ex presidente Pedro Pablo Kuczynski pasara desapercibida.
El Perú neoliberal es uno formado por emprendedores acostumbrados a sacarle la vuelta al papá Estado. En el caso de la selección peruana tuvo que venir un papá argentino, que no apeló al autoritarismo y que supo alejarse del apañamiento, para poner orden en casa”
Dinamarca, en cambio, es uno de esos países que ha sabido darle la contra al espíritu neoliberal de la época. Cuando todos pensaban seguían las recetas del libre mercado para solucionar sus problemas económicos, el gobierno de Copenhague apostó por el modelo del Estado de Bienestar. Mientras el Estado se reducía en la mayoría del globo, en el país nórdico aparecía como el brazo protector de sus ciudadanos. Y en la década del noventa, dio buenos resultados. En 1992, la ‘dinamita roja’ dio el batacazo al ganar la Eurocopa. Seis años después volvería a reeditar sus buenas actuaciones al acceder a los cuartos de final del mundial de Francia. Desde entonces, no ha tenido una actuación futbolística descollante pero sí se ha desarrollado en otros sentidos.
El Estado de Bienestar es la herramienta que le ha permitido a Dinamarca participar del mundo globalizado y al mismo tiempo estar protegido. Gracias a ella, los daneses cuentan con una sociedad civil que responde en todos los sentidos. Es por esa razón que no dudan en criticar al primer ministro Lars Loke Rassmussen cuando realiza gastos excesivos. Y tampoco es raro que ganen 5 a 0 en un partido definitorio para clasificar al mundial.
Australia es el equipo aparentemente más débil del grupo y es el que más se está alejando de las reglas de la globalización. Este país formado por migrantes siempre había estado dispuesto a recibir nuevos ciudadanos; sin embargo, el gobierno del primer ministro Malcolm Turnbull ha decidido poner restricciones a los intercambios transfronterizos. Y lo han hecho pese a que cuando el equipo oceánico planteó cambiarse de la Confederación Oceánica a la Asiática fue recibido con los brazos abiertos. Se han olvidado que las normas de la globalización se replican en el fútbol. ©

