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Grupo H: El triunfo de la glocalización

[Escribe: Bruno Rivas Frías] En la primera fecha del grupo H, las selecciones de Japón y Senegal no solo sorprendieron a los entendidos del fútbol por sus victorias sobre las favoritas Colombia y Polonia…
Diseño: Fernando Cortés

En la primera fecha del grupo H, las selecciones de Japón y Senegal no solo sorprendieron a los entendidos del fútbol por sus victorias sobre las favoritas Colombia y Polonia. También llamaron la atención de los periodistas por tener en sus banquillos a técnicos nacidos en sus países. De esta manera, los Samuráis Azules y los Leones de la Tarenga rompían con la costumbre de que selecciones asiáticas o africanas sean dirigidas por extranjeros en un Mundial. Y de alguna manera también reivindicaban a políticos de sus países defensores de la negritud o de la glocalización.

El primer presidente de la Senegal independiente fue un poeta. A pesar de haber conducido a su país en los primeros años libres del yugo del colonialismo, Léopold Sedar Senghor siempre quiso que lo reconocieran por sus discursos más que por sus actos políticos. Y es que lo suyo era el verso y su filosofía era la negritud. Para ese intelectual, educado por la academia francesa, la identificación con la cultura negra era fundamental para el desarrollo de los países africanos. Sin renunciar a la influencia europea había que valorar lo autóctono y abrazar el mestizaje.

Más de quince años después de su muerte, su legado ha sido tomado por Aliou Cissé, el seleccionador de su país. Y es que las coincidencias entre político y técnico son varias. Cissé, también se formó en Francia, país en el que tuvo una carrera relativamente exitosa; y sus mensajes buscan resaltar la importancia de valorar lo afro. “Soy el único DT negro en este Mundial. Espero que se sumen más en el futuro”, dijo en la conferencia de prensa tras la victoria sobre Polonia. Palabras que han hecho recordar que muchas selecciones de ese lado del mundo han preferido elegir europeos que africanos. Pese a la independencia política, el colonialismo cultural se ha mantenido. Con su victoria sobre los europeos, Cissé mostró que es posible seguir un camino diferente: el del mestizaje. Si bien no lograron clasificar hicieron honor a su filosofía.

Japón es el otro equipo de este grupo que ha revalorizado el producto nacional. Tras haber sido dirigido por un entrenador italiano, Alberto Zaccheroni, en Brasil 2014; le ha entregado el mando a Akira Nishino. Este vaivén entre lo local y lo foráneo ha sido una constante en la selección azul. Desde que se ha vuelto un participante regular de las Copas del Mundo, ha cambiado de tendencia constantemente. En su primera participación, ocurrida en Francia 98, fue dirigida por el nacional Takeshi Okada. La decepcionante presentación obtenida en esa cita –quedó última de su grupo y no obtuvo ninguna victoria– provocó que se decidiera apostar por técnicos extranjeros.

En el 2002 se le dio el mando al francés Philippe Trousier y en el 2006 al brasileño Zico. Nuevamente, los malos resultados los llevaron a retornar a lo conocido. En el 2010, volvió a asumir Okada quién los llevó a la que ha sido hasta el momento su mejor participación: octavos de final. Pese a ello, para el 2014, la federación japonesa eligió a otro entrenador extranjero. Lo que sería una mala decisión porque Zaccheroni los volvería dejar en la cola de un grupo. Ahora con Nishino parece haber encontrado su mejor nivel y, quizás lo más importante, una identidad.

Lo que queda claro es que en estos tiempos actuales para obtener buenos resultados es necesario conciliar la integración global con las características locales. Una selección glocalizada sabrá competir internacionalmente sin perder su identidad”

Sin embargo, este cambio constante adquiere sentido si tomamos en cuenta los procesos de glocalización por los que ha pasado Japón desde la década del ochenta. Cuando sus empresas empezaron a posicionarse por el mundo, el gobierno nipón decidió romper con el hermetismo que lo caracterizó desde el fin de la Segunda Guerra Mundial y se abrió al mundo. Desde entonces ha estado abierto a la influencia occidental y ha exportado sus productos culturales por todo el planeta. Gobiernos como el de Shinzo Abe han estado detrás de ello. Todo esto ha llevado a que hoy en día se hable de que en Japón se vive una cultura sushi, una glocalizazión que es producto de la influencia occidental pero que ha sabido preservar la identidad japonesa. Este proceso le ha tomado tiempo, pero parece que ahora está dando resultados futbolísticos. El pase a los octavos de final lo demuestra.

Colombia también ha buscado encontrar un equilibrio entre la apertura global y la identidad local. A inicios del Siglo XXI, se volvió el principal aliado de Estados Unidos al adherirse al Plan Colombia diseñado por Washington. Este proyecto fue un apoyo para las políticas de Álvaro Uribe que se tradujeron en una mejora de la seguridad y la economía. A la par, el fútbol colombiano se fue desarrollando y produciendo jugadores de exportación. Sin embargo, recién con la llegada de Juan Manuel Santos, el país cafetero logró alcanzar metas altamente esperadas. En el 2014 volvió al Mundial después de tres ausencias y en el 2017 se firmó la paz con las FARC. Durante el mandato de Santos, Colombia, sin separarse de EE.UU., supo generar una agenda propia que le permitió mejorar en el frente interno. Ahora, a pesar de las tempestades, mantiene la sangre fría y ha logrado clasificar como primera del grupo.

Polonia, el peor equipo de la serie, es el que más alejado ha estado de las dinámicas de la glocalización. El gobierno de Andrzej Duda desarrolló una serie de políticas que le están cerrando las puertas de la comunidad internacional. Creyendo que puede prescindir de los acuerdos de la Unión Europea ha hecho modificaciones en el Poder Judicial que le han valido el rechazo del organismo multilateral. Incluso, se llegó a evaluar su expulsión de la comunidad. Esta movida hacia el aislacionismo ha tenido resultados inmediatos. Las Águilas Blancas han vuelto ha terminar últimas en su grupo mundialista.

Lo que queda claro es que en estos tiempos actuales para obtener buenos resultados es necesario conciliar la integración global con las características locales. Una selección glocalizada sabrá competir internacionalmente sin perder su identidad. ©

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