Antes que la izquierda eléctrica hubo una derecha estática. El chimpún diestro de Xhardan Shaqiri, el mediocampista de Suiza con cuerpo de luchador de artes marciales mixtas, exasperó a los serbios 30 días antes de pisar el césped del estadio de Kaliningrado.
En la parte trasera de su botín derecho destacaba, en forma triangular, la bandera de Kosovo, el lugar de nacimiento del 10 del Stoke City de Inglaterra. Shaqiri publicó esta imagen a través de su cuenta de Instagram reafirmado su identidad con Kosovo, el lugar del que sus padres tuvieron que huir cuando tenía dos años producto de las Guerras de Yugoslavia. “El jugador suizo Shaqiri comenzó una guerra particular ante Serbia”, publicó Srbin.info, portal de ese país. El partido empezaba a tomar vuelo y aún ambas selecciones, Suiza y Serbia, no habían aterrizado en Rusia.
En el 2008, Kosovo, integrada en un 90% por albaneses y cerca del 6% de serbios, proclamó su independencia de Serbia contando con el respaldo de Estados Unidos y parte de la Unión Europea. Serbia no acepta, hasta la actualidad, la independencia de Kosovo y cuenta con el apoyo de Rusia y España.
Entre 1998 y 1999, fue el escenario de combates entre el Ejército serbio y el Ejército de Liberación de Kosovo (ELK; UCK en albanés), que pretendía defender los intereses de la mayoría de origen albanés de la región. Este conflicto terminó con la intervención de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) que expulsó a las fuerzas serbias de Kosovo. Luego se impondría una administración interina por parte de las Naciones Unidas que, finalmente, produjo la autodeterminación de los kosovares-albaneses.
La Guerra de los Balcanes (a finales del siglo XX), también conocida como las Guerras Yugoslavas —para diferenciarlas de los enfrentamientos que ocurrieron en la misma zona a principios de siglo—, empezó en 1991 y duró hasta el 2001. Precisamente en 1991 nació en Gnjilane, que hoy forma parte de Kosovo, Xherdan Shaqiri. Dos años después del estallido de la guerra, su familia tuvo que escapar rumbo a Suiza.
En su botín derecho, Shaqiri llevaba la bandera kosovar y en el izquierdo la de Suiza. Era un partido muy especial para él y para su familia. El fútbol le daba la oportunidad de cobrarse una revancha histórica, pero con goles, esos misiles sin pólvora que hieren sin matar a nadie. Así lo entendió Shaqiri. En el encuentro, el mediocampista se mostró siempre presto para recibir los pases de sus compañeros y ser él el protagonista del juego. Shaqiri, a comparación de otros jugadores con el rótulo de estrella, no se escondió. Era su partido. El que empezó a vivir hace un mes.
En su botín derecho, Shaqiri llevaba la bandera kosovar y en el izquierdo la de Suiza. Era un partido muy especial para él y para su familia. El fútbol le daba la oportunidad de cobrarse una revancha histórica, pero con goles, esos misiles sin pólvora que hieren sin matar a nadie”
Pero el primer estallido fue de Serbia y el bombardero se llamaba Aleksandar Mitrovic, quien de un cabezazo venció la resistencia suiza. Mitrovic es el delantero que ya le había lanzado una primera bomba a Shaqiri antes del juego: “Si ama tanto Kosovo, ¿por qué no juega para ellos?”, dijo.
Shaqiri, en cambio, creía aún que la revancha era posible. Pidió siempre el balón, apoyó en la marca y remató al arco cada vez que tuvo una oportunidad. En el minuto 52, ensayó un disparo con la pierna izquierda que se estrelló en un defensor suizo. La pelota le quedó a Granit Xhaka, quien llegaba a toda velocidad para rematar y marcar el empate.
Xhaka, otro niño de la guerra, corrió para celebrar haciendo el ademán con las manos del águila bicéfala que aparece en la bandera de Albania. Sus pulgares representaban las cabezas de las dos águilas, y los demás dedos, junto a las palmas de las manos, las plumas.
El padre de Granit Xhaka, Ragip, fue arrestado en la antigua Yugoslavia en 1986 y estuvo preso tres años por protestar contra el gobierno comunista de Slobodan Milosevic, quien castigaba las causas de croatas, kosovares y bosnios. Al quedar en libertad, la familia emigró hacia Suiza donde nacerían Taulant, quien juega para la selección de Albania, y Granit, quien representa a Suiza.
La selección helvética —conformada también por Valon Behrami, nacido en Mitrovica, ahora ciudad kosovar, e hijo de familia albanesa— no dejó de atacar, envalentonada por el empate y por una revancha histórica que podía llegar en forma de gol.
En el minuto 90, Shaqiri recibió el balón, dos metros por delante de la línea del mediocampo, con Kosovo (derecha) y condució con Suiza (izquierda) hasta entrar a la base serbia (el área). Cuando vio que los serbios se acercaban, uno por atrás, el defensor, y uno por delante, el arquero, cruzó el balón para definir el triunfo de la patria donde creció. Corrió hacia la esquina del córner y, así como Xhaka, imitó con sus manos el águila de dos cabezas de la bandera de Albania.
“We did it bro” (lo hicimos, hermano), fue el mensaje que publicó Xhaka, a través de una historia de Instagram, acompañado de una foto en la que se ve las celebraciones de él y Shaqiri imitando con sus manos el ave bicéfala. Lo hicieron. Las águilas de procedencia albano-kosovar tomaron vuelo ante Serbia, ese país que aún no los deja ser libres del todo. ©

