Inglaterra es Megan Markle, una actriz sobrevalorada que encontró la felicidad fingiendo ser alguien que no es. Una abogada que busca justicia en un mundo desnivelado. Inglaterra también es Gareth Southgate, el técnico que aparece con cara de mal humor apenas acaba el duelo entre la Rubia Albion y Bélgica. Han perdido, pero en realidad está actuando. Ser o parecer. Con chaleco de lord y extra gel, parece estar preparado más para una obra de teatro que para dirigir un partido de fútbol. Pocos le creen su fastidio; difícil hacerlo.
Inglaterra es Megan Markle, ahora bautizada como la duquesa de Sussex. Renunció a todo para ganar estatus y aunque pertenece a la élite, se sabe que no encaja. Inglaterra ganó un Mundial, en el que era local, con un gol que no fue ni existiría si en esa época (1966) se hubiera utilizado el VAR. Siempre le dicen candidato, pero termina sin colmar las expectativas. Todos piensan en lo que pudo ser y no en lo que es. Si no aprovecharon a una de sus últimas generaciones con Rooney, Gerrard, Lampard y compañía, este equipo de recambio tiene como estandarte a Harry Kane, el capitán y goleador del equipo que ni siquiera tuvo un minuto ante Bélgica luego de marcar cinco goles ante Túnez y Panamá. Southgate no sabe actuar; hizo ocho cambios en el equipo titular esperando que nadie se diera cuenta que no quería ganar.
Si hace un mes todos hablaban sobre la boda real, el resto de los mortales parecían la irrealidad. Los cuentos de hadas, sin embargo, solo existen en la fantasía, aunque para Meghan Markle sean realidad. La actriz de Suits y otras series tuvo que renunciar a sus redes sociales (las eliminó), a su carrera, a su religión, a su nombre, a su estilo de vida (no puede asistir a fiestas), a tener una posición política y a tener amigos. En el siglo XXI todavía existe la esclavitud (no fue coaccionada) y hasta los imperios del pensamiento.
Hace mucho que la selección inglesa no es parte de la realeza del fútbol y ha renunciado a jugar. Pertenece a una segunda clase esforzada pero sobrevalorada por una liga trepidante y atractiva por sus millonarios equipos que pueden contratar a los mejores del mundo, pero pocos de ellos son ingleses. Salvo Kane y Delle Alli, el resto es un equipo mediano, correlón y que ha olvidado sus propias raíces. Los que inventaron el fútbol se olvidaron de jugarlo. Crear algo no significa que seas el mejor en ello.
Hace mucho que la selección inglesa no es parte de la realeza del fútbol y ha renunciado a jugar. Pertenece a una segunda clase esforzada pero sobrevalorada por una liga trepidante y atractiva por sus millonarios equipos que pueden contratar a los mejores del mundo, pero pocos de ellos son ingleses…”
Perder era ganar, aunque suene contradictorio. Al menos en este partido. Por eso Rashford se falló un gol infame en el segundo tiempo. Por eso siete de los ocho tiros que hizo Inglaterra fueron desviados. Por eso el gol de Bélgica lo gritaron más los hooligans que los propios belgas. Así de paradójico. Mientras Japón clasificó por ser un equipo limpio —no solo porque sus hinchas hacen reciclaje en las tribunas— al tener menos tarjetas que Senegal, Inglaterra no quería dejar su suerte al destino o a las patadas. Hasta el pequeño Adnan Januzaj, autor de una pintura, miraba confundido al final del partido porqué nadie de Bélgica celebraba. Los derrotados lucían como victoriosos.
“Que se besen”, gritaban en el estadio El Molinón, en Gijón en España 1982 cuando Alemania necesitaba ganar para clasificar y Austria no perder por más de un gol para también avanzar. Sí, el resultado fue 1-0 a favor de los germanos. Argelia quedó eliminada y se habla todavía de un pacto descarado porque el balón paseaba por todos los lugares menos por las áreas. Hans Peter Briegel pediría disculpas 25 años después del amaño. La FIFA investigó, pero miró a otro lado. Lo que sí se decidió es que desde allí la última jornada se jugara en simultáneo, ya no en días u horas diferentes para acomodarse según los otros resultados.
El 10 de octubre del año pasado, Radamel Falcao y Renato Tapia hacían beatbox al enterarse que con el empate Colombia estaba clasificando al Mundial y Perú al repechaje. En los últimos minutos la pelota rodó despreocupada por el campo, se paseaba de un lado a otro como una dulce balada hasta que el árbitro pitó el final. Era un triunfo para los dos.
Los árbitros ayudaron a que Corea del Sur llegara hasta semifinales en el Mundial asiático del 2002, anulándole dos goles a Italia y expulsando a Totti por fingir un penal. Pero lo de Inglaterra no ha sido trampa sino acomodo, hacer cálculos para ubicarse en el lado perfecto. Por ejemplo, en la Champions para evitar suspicacias sortean todas las llaves: desde los octavos de final hasta las semifinales. Ojalá esta vez los ingleses hayan calculado bien, porque en la Eurocopa de hace dos años Islandia los eliminó rápido y no estaban actuando, sino jugando en serio.
Para Bélgica, la victoria ha sido como esa imagen de Batshuayi que al celebrar el gol de Januzaj pateó el balón al palo y le rebotó en la cara. Southgate sigue con el ceño fruncido, con el gel intacto y el chaleco abotonado. No ha perdido el aire de lord, este técnico que ha hecho que Inglaterra sea una actriz sobrevalorada. ©

