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Un mural pintado en Córdoba en honor a Diego Maradona.

El origen del Rey de Fiorito

Pensar en Diego Maradona no es solo pensar en fútbol. Él también fue política, un reflejo de la sociedad argentina o el Truman Show que nunca acababa. Este es el prólogo de Rey de Fiorito, donde Ezequiel Fernández Moores, Alejandro Wall y Andrés Burgo regalan el diálogo donde nació esta creación. El libro ya lo puedes conseguir en la Tienda Sudor.

Burgo: El otro día pensaba que hay ensayos, buenos libros, grandes textos, trabajos académicos que tratan el fenómeno político y social que representaba Diego, pero me da la impresión que no hay una crónica que exprese todo eso.

–Wall: ¿Una cronología decís?

–Burgo: Un libro que lo cuente todo, me parece, o que intente contarlo.

–Fernández Moores: Algo así como una historia política y social de Diego, me gusta.

–Wall: ¿Vieron que algunas cosas hay que verlas a la distancia para interpretarlas mejor? El fútbol es algo que funciona en el presente: el gol que grito, la emoción que me produce, los nervios, la incertidumbre del resultado, esa vorágine o ese bodrio que no sabés cómo termina. El fútbol es ahora. Pero cuando ves lo del pasado, partidos viejos, que ya sabés cómo salieron, que fueron buenos o que fueron malos pero atractivos por otras cuestiones que no tienen que ver con el juego; que no sabés qué va a hacer el jugador, no tenés sorpresa, ya conocés la trampa, pero lo volvés a ver y le encontrás detalles, cisuras, errores que no le habías encontrado. Hasta te podés volver a emocionar por lo que recordás pero también por lo que descubrís. Qué lindo es el fútbol.

–Fernández Moores: ¿Y la política, de alguna manera, se le puede parecer no?

–Burgo: Bueno, no sé si a mí me emociona tanto, pero algo de eso pensaba.

–Wall: En la política también entendés jugadas con el paso del tiempo. Entendés la época. A veces la extrañás y otras veces agradecés no haberla vivido o ya no vivirla. El horror toma otras formas, otra dimensión, como los crímenes políticos, el instante en el que creés que todo se cagó. O el instante que siempre creíste clave era apenas una nota al pie. Y al revés también. Lo mismo con algunos personajes, sólo con algunos. El tiempo no tiene por qué hacerte cambiar de convicción pero en algunos casos lo hace, lo hizo. Te modifica ideas, opiniones, te hace mover, a veces incluso de maneras imperceptibles, rupturas mínimas, un reacomodamiento. En ciertos casos incluye la autocrítica, una revisión de lo otro que es revisión de uno mismo.

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–Fernández Moores: De Diego dirían que es contradicción, se repite mucho lo de que fue contradictorio.

–Burgo: Por eso hay que verlo en su conjunto, en cada momento propio y del país, si quieren del mundo. ¿Para dónde iba la sociedad en la que se movía Diego? ¿Con quién se cruzó para dar una opinión? ¿Qué le pasaba en su vida? Y sería muy preciso, quién gobernaba, cómo estaba la economía, dónde nació, dónde vivía, en qué club jugaba, qué desafíos tenía, qué había ganado. Una crónica que trace a Diego como animal político, incluso cuando creíamos que no era un animal político.

–Wall: Una gran crónica, o varias crónicas que se enlacen entre sí, pero también una hermenéutica de esa historia.

–Fernández Moores: Exacto, pueden ser varios textos, distintos periodistas que incluso enriquezcan con esa diversidad de miradas, ese paso a paso, que tampoco sea un recorrido monolítico. A Diego también se lo interpreta mejor con el tiempo. Una cosa que me impresiona mucho es cómo salen videos, declaraciones, fotos que no habíamos visto o las habíamos dejado pasar, que eso también sucedía.

–Wall: Hay uno que a mí me impactó hace poco. Le hacen una entrevista de la televisión sueca y le preguntan qué opina de las mujeres jugando al fútbol. Y el tipo va y dice que le da mucho placer y que además es presidente honorario de un equipo de fútbol femenino y que es increíble cómo juegan. En 1990 lo decía. Y les digo que me impactó no sólo porque a Diego se lo consideraba un machista sino porque tipos que no son capaces de parar una pelota critican el fútbol femenino o por décadas sostuvieron que las mujeres no podían jugar al fútbol, y el que mejor lo jugó, el que llenó de alegrías a un pueblo, el que hizo el gol que nadie podía hacer, lo disfrutaba y hasta era presidente de un equipo femenino. Es una lección.

–Fernández Moores: Y una lección política.

Presentación del libro Rey de Fiorito en Buenos Aires. FACEBOOK ALEJANDRO WALL

–Burgo: Yo no me acordaba, o no lo registraba, pero es verdad eso. O cuando se daba besos en la boca con Claudio Caniggia o cuando miraba a la cámara y decía que no se metieran con las travestis. Eso para el mundo del fútbol era revolucionario, te diría que vanguardista. Al mismo tiempo, dentro de sus contradicciones, que Diego haya negado durante años la paternidad de Diego Junior también fue una forma de usar su poder contra una madre indefensa.

–Fernández Moores: Entonces a Diego en lo político hay que entenderlo con el fútbol. O mirar dónde nació. Porque de Diego sabemos casi todo, ¿pero no se dice acaso que nuestros primeros años de vida son fundamentales? Por eso está bueno ir a Villa Fiorito, ir hasta el peronismo, el conurbano, la clase obrera de la que era su viejo. Eso lo constituye a Diego.

–Wall: ¿Y lo forma la dictadura? Porque ahí hay algo. Fíjate el dato de que Diego nació en 1960 cuando el hospital Eva Perón de Lanús, donde lo tuvo Doña Tota, no podía llamarse así, estaba proscripto. Y él salió a la cancha de fútbol con Argentinos en la última dictadura, sus primeros años fueron entre la represión. Hasta hizo la colimba. Tuvo su primera desilusión, el Mundial 78, pero a la vez entró por primera vez a la Casa Rosada con el genocida Jorge Rafael Videla como campeón del mundo juvenil.

–Burgo: Y pienso, sin embargo, que tocó el cielo con las manos, levantó la Copa, con la vuelta de la democracia. Después de Malvinas le hizo esos dos goles a los ingleses, ¿cómo se hacía para no darle esa significación reivindicatoria? El Mundial 86 no tenía del otro lado, en su reverso, las torturas y las desapariciones.

–Fernández Moores: Con todo lo que pasa ahí, además. Es su revolución interior. Del salto a Europa con el Barcelona, al glamour, pasa al sur italiano, Nápoles, a rescatar a un pueblo, a defenderlo también, a ser su ventrílocuo. Verá en Nápoles lo que veía en Fiorito. Es posible que en esos años, con ese contexto, se haya destapado su rebeldía. Porque la tenía, seguro, pero la tenía dormida. Ya en el 86 va contra la FIFA por los horarios del Mundial, el antecedente de lo que querría después, un sindicato. Y luego ya directamente le niega la mano a Joao Havelange.

–Wall: En el medio, te recuerdo, llega una invitación clave para viajar a Cuba. Y lo que vino después, la fascinación por Fidel, una relación de padre e hijo y una lealtad política y emocional que nunca se quebró. Diego estuvo cuando lo necesitó Cuba. Y Cuba estuvo cuando lo necesitó Diego.

–Burgo: Ahí agrego un matiz. El menemismo. Se abrazó con Carlos Menem, bancó la reelección en 1995, lo iba a ver a Olivos, jugaba con él, entra en esa ola por completo. Aunque también es cierto que él sintió que lo vendieron cuando cayó preso en la calle Franklin, que el gobierno le soltó la mano, y él tuvo su distancia. Esas idas y vueltas pueden verse en los dos Mundiales de Diego en el menemismo: en el 90 le enchufan (y acepta) ser el embajador deportivo de Argentina, y, en el 94, Menem estaba en Estados Unidos pero el plantel lo evita.

–Fernández Moores: Eran años muy difíciles para Diego. El doping en Italia, el doping en Estados Unidos, iba y venía en el fútbol. Y la cocaína le ganaba por goleada. Queda en el centro de uno de los casos más mediáticos, la detención de Guillermo Coppola, su amigo y representante. Eran los mediodías de Mauro Viale, donde siempre aparecía el nombre de Diego porque los que circulaban por el expediente estaban todos a su alrededor, incluso como familiares.

–Wall: Decís el caso más mediático y pienso si Diego no será el hombre más mediático. No se me ocurre nadie más. Una vida perseguida por las cámaras, filmada y contada como un reality. Nada de lo de Maradona era ajeno. Tal vez en Dubai o en Sinaloa, pero tampoco. Porque al final era peor: nada de lo de Maradona le era propio y exclusivo.

–Burgo: Eso podría ser una explicación para su lugar -y exposición- como padre, el de Dalma y Gianinna, pero también el de Diego Junior, al que reconoció y abrazó recién 29 años después. Nada menos que él, que también construyó con su pueblo una forma de paternidad. ¿O no creen algunos que Diego es también uno de los padres de la patria?

Diego Maradona siempre fue noticia para los medios de comunicación. SHUTTERSTOCK.

–Fernández Moores: ¿Y Boca? Porque no hablamos de Boca y ahí se arma también un sentido de lo popular, lo maradoniano. Porque podrían decir (porque lo dijo él mismo) que de chico era de Independiente, o que debutó en Argentinos Juniors y mostró ahí sus primeras proezas, o hasta que pudo haber terminado en River, pero Diego fue de Boca. Y Boca fue el de 1981 pero también el del regreso para el final. El de Mauricio Macri, al que alguna vez le pudo haber sonreído pero siempre detestó, incluso cuando fue presidente. Nada más distinto lo que significan uno y otro. Villa Fiorito frente al Cardenal Newman.

–Wall: No lo quiso cuando fue presidente y lo dijo muchas veces. Adhirió con fuerza por el kirchnerismo. Tuvo una rara excepción cuando fue el voto no positivo de Julio Cobos, que dijo que lo había gritado como un gol. Pero lo que siguió ahí fue el Diego más politizado en términos de lo que pasaba en el país, el Diego más peronizado porque así se reivindicaba abiertamente, como peronista, kirchnerista y cristinista.

–Burgo: Diego es la desmesura. Hasta en la muerte fue así. La misma Casa Rosada que lo vibró en 1986, lo lloró en 2020. Y todo fue caos, en medio de una pandemia, después de meses de encierro. Era su muerte pero también ahí intervenía políticamente. Y en el medio su familia. Todo esto se tiene que contar en esa línea, hacer una lectura de encastre.

–Wall: Once periodistas, trabajadores de prensa, que escriban historias políticas y sociales de Diego Armando Maradona.

–Fernández Moores: Once crónicas, otro intento de interpretación, también una forma de entenderlo. Y de entendernos.


Novedad editorial

Crónicas políticas y sociales de la vida de Diego Maradona. Publicadas en conjunto por el Sindicato de Prensa de Buenos Aires y Ediciones Carrascosa.

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