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Una sombra croata llamada Suker

El banco de suplentes es un lugar oscuro, gélido y nauseabundo para los goleadores. Sobre todo cuando su equipo/selección gana y lo hace en el último minuto. Sobre todo cuando su equipo/selección lleva siete goles y ninguno ha sido marcado por él…

Más aún cuando recuerda que el que pudo ser su primer gol en Rusia 2018 —en el primer partido contra Nigeria— se vio interrumpido en su camino al arco por un defensor africano. La palabra autogol resulta deshonrosa. Mario Mandzukic, que no tuvo minutos en el triunfo de Croacia contra Islandia, veía desde la banca como un mediocampista con el número 4, Ivan Perisic, anotaba en el minuto 90 y aseguraba al equipo croata como puntero del Grupo D.

El banco de suplentes es un espacio sombrío, glacial y abyecto para los goleadores. Sobre todo cuando ve a su equipo/selección siendo apabullado o, por el contrario, apabullando a sus rivales. Sobre todo cuando su equipo/selección está en una definición por penales y ni siquiera pudo entrar en los últimos minutos para integrar esa lista de riesgo semejante a una cuerda floja. En 1990, Davor Suker —el que se convertiría en el mejor jugador croata de la historia— representaba a Yugoslavia en el Mundial de Italia, pero el técnico Ivica Osim solo le permitió gritar los goles de sus compañeros. Suker, que por entonces tenía 22 años, no jugó un solo minuto y vio cómo la Argentina de Goicochea y Maradona avanzaba tras los penales.

Mario Mandzukic, el gigante croata de 190 centímetros, con 30 goles en 87 partidos internacionales, tendrá su revancha en los octavos de final contra Dinamarca. Entonces, será titular y el arco contrario estará en su radar de francotirador. Davor Suker pudo desquitarse ocho años después con la camiseta roja y blanca a cuadros en Francia 1998. Tenía 30 años —la edad en que para muchos empieza el ocaso de su carrera— y estaba rabioso.

Suker, quien por entonces pertenecía al Real Madrid, era el estandarte de un país que decretó su independencia en 1991 con el estallido de la Guerra de los Balcanes y jugaba su primer Mundial. En aquel torneo, marcó seis goles y guió a la selección croata al tercer puesto. Veinte años después —o sería mejor decir: tres Mundiales después—, Croacia no ha podido superar la primera fase: Corea-Japón 2002, Alemania 2006 y Brasil 2014 fueron adioses prematuros. Un fracaso tras otro.

Mandzukic no solo lleva la carga de ser el referente de área de la selección croata, sino también de ser el “nuevo Suker”. La prensa sensacionalista, necesitada de titulares, suele promocionar a un novel jugador con talento y lo asemeja a una vieja gloria de su país. Le pasó a Messi con Maradona y a Robinho con Pelé. Pocos superan el rótulo. Otros se quedan en ser la promesa eterna, en un espejismo que nunca pidieron ser. Ser comparado se convierte en un yunque sobre la espalda.

Davor Suker, hoy presidente de la Federación Croata de Fútbol, ha repetido hasta el hartazgo que no quiere que lo comparen con el delantero de la Juventus. “Mario es un gran delantero, trabaja lo indecible por el equipo, más de lo que yo hacía, y mete goles”, ha dicho.

Vivir a la sombra de la generación del 98 ha sido un peso del que la selección 2.0 de Luka Modric, Iván Rakitic y Mario Mandzukic no ha podido escapar. Ese manto noventero los persigue y, para muchos analistas deportivos, esta será la última oportunidad que tengan para librase de ella y alcanzar la trascendencia de las leyendas”

Vivir a la sombra de la generación del 98 ha sido un peso del que la selección 2.0 de Luka Modric, Iván Rakitic y Mario Mandzukic no ha podido escapar. Ese manto noventero los persigue y, para muchos analistas deportivos, esta será la última oportunidad que tengan para librase de ella y alcanzar la trascendencia de las leyendas.

Finalizada la fase de grupos en Rusia 2018, por lo menos, ya superaron a la ‘generación dorada’ de Croacia. Puntaje perfecto: nueve puntos, en tres partidos jugados, mientras que los históricos del 98 hicieron seis puntos en la misma etapa. La primera tarea está hecha.

El atacante que superó a Gabriel Batitusta y a Ronaldo en la tabla de goleadores de Francia 1998 también se irrita cada vez que le preguntan por las semejanzas de la selección actual con la que integró junto a Zvonimir Boban y Aljosa Asanovic: “Basta ya de comparar a la Croacia del 98 con la actual. Cada una tenía sus cosas buenas y menos buenas”.

Suker, máximo goleador de la historia croata con 45 goles e incluido entre los 125 mejores jugadores de la historia por Pelé, confía en la precisión de Modric, en el respaldo de Rakitic y en el olfato de Mandzukic, pero entiende que deben ir a paso de tortuga. “Hay que tener los pies en el suelo, ir partido a partido. Croacia aún no ha ganado nada”, dijo tras la goleada 3-0 ante Argentina.

Tras 20 años de vivir en las sombras, Croacia parece haber encontrado un equipo competitivo y jugadores de clase mundial que se encuentran en la aristocracia futbolística. Pese a jugar con nueve convocados habitualmente suplentes contra Islandia, el equipo no se desarmó. Modric fue el encargado de ser el ancla en el mediocampo y el termómetro de una selección que, por momentos, avasallaba a su rival sin dejarlo dar más de tres toques seguidos.

El miedo a las sombras suele ser un miedo infantil, el terror a un espectro tan real como imaginario que acosa silente. En 1998, mientras la Croacia de Suker se subía al podio como la tercera mejor selección del mundo, Modric y Mandzukic tenían 12 años, y Rakitic 10, y entonces no sabían que una sombra los seguiría sin cansancio. Una sombra que, al principio, fue un póster pegado en sus paredes. Pero que, a partir de próximo 1 de julio en Rusia —con el inicio de los octavos de final—, puede empezar a desaparecer para siempre. ©

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