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Un sacudón de 8.1 grados

La estrepitosa caída de Alianza Lima por 8-1 ante River Plate por la Copa Libertadores ha desatado un esperable caudal de memes, pero también la dramática indignación de opinólogos y comentaristas deportivos preocupados por el nivel de los clubes nacionales. ¿Hace cuánto vivimos esperando el terremoto? El periodista Kike La Hoz analiza el rol de los medios en la crisis deportiva que vive el fútbol peruano a nivel internacional.

¿Hace falta un terremoto en Lima para saber que la ciudad no está preparada para un cataclismo de más de ocho grados en la escala de Richter? La respuesta es no, evidentemente. Lo mismo ocurre con el fútbol peruano en la competencia internacional. Me tomé la tarea de hacer este cálculo: desde que se instauró el actual formato de la Copa Libertadores en 2017, con cuatro cupos para los clubes nacionales, estos solo han ganado 15 de los 106 partidos oficiales disputados. Quizá resulte más crudo y esclarecedor decir que perdieron 68 veces. O que no ganaron en 91 ocasiones. 

A la derrota de Alianza Lima ante River Plate por 8-1 le caben muchos adjetivos: humillante, lapidaria, estrepitosa, deprimente u oprobiosa. Pero, si bien el legado e historia del club blanquiazul se mantendrá incólume y nadie debería ponerlos en tela de juicio, la derrota en Buenos Aires es todo menos sorpresiva. Los clubes peruanos no clasifican a los octavos de final de la Copa Libertadores desde el año 2013. Así es, desde hace casi diez ediciones. Y desde aquel año también 14 de los 19 equipos que compitieron en la fase de grupos quedaron en último lugar. Los otros cinco acabaron apenas terceros. Cruzar la barrera de los siete puntos ha sido imposible de superar. Y lo usual han sido campañas individuales de uno, dos, tres o cuatro puntos sumados al final de la fase de grupos.

En cada edición, desde 2017, los vigentes campeones peruanos han sufrido lo que la prensa equilibrista suele titular como “papelones”. En 2017, Sporting Cristal sufrió tres goleadas de visita: 0-3 ante Santa Fe, 1-5 ante The Strongest y 0-4 ante Santos. En 2018, Alianza Lima acabó último con apenas un punto y se despidió con una goleada 0-5 ante Boca Juniors en La Bombonera. En 2019, Sporting Cristal fue goleado 0-3 en casa por Olimpia y más tarde acabó tercero. En 2020, Binacional perdió goleado de visita 1-5 ante Sao Paulo, 0-4 ante LDU y dos veces ante River (0-6 y 0-8). En 2021, Sporting Cristal cayó 0-3 ante Sao Paulo y apenas sumó cuatro puntos en su serie.

TAMBIÉN LEE: El clásico que (ahora) sí importa, informe de Mariafe Serra

En esa misma edición del 2020, Universitario, subcampeón peruano, perdió por goleada en sus tres visitas: 0-3 ante Defensa y Justicia, 0-4 ante Independiente del Valle y 0-6 ante Palmeiras. En 2022, por lo tanto, la realidad no debía ser muy distinta. El 8-0 de River sobre un Alianza ya eliminado es tan solo un síntoma inequívoco de una verdad de perogrullo: el nivel del torneo local no alcanza para que los mejores clubes peruanos aspiren a competir con mejores armas. No hace falta ser experto para advertir que los trapos sucios se han empezado a acumular en esta casa y por lo visto nadie los quiere lavar.

La prensa deportiva, habituada a pendular entre el elogio excesivo a las figuras del torneo local (por supuesto, para vender portadas y coquetear con las casas de apuestas) y la crítica severa con tono dramático cada vez que las derrotas internacionales se acumulan, ha vuelto a la carga otra vez. En Twitter, los analistas y comentaristas más influyentes, los que te invitan a apostar con solo un click, se han apresurado a prohibir que los hinchas confeccionen memes, acusan incluso a esos propios hinchas de ser parte del problema (claro, porque “todos somos parte de esto”) y se desgañitan como si antes del 8-0 de esta noche la realidad del fútbol peruano hubiese sido un paraíso en el que Gareca era profeta y redentor. Estaría bien recordar el rol de cada uno. Los hinchas siempre serán hinchas. Y si bien discutir qué es peor, si perder 0-6 ó 0-8, resulte ocioso; los hinchas apelarán siempre al sarcasmo y al humor negro para aliviar los momentos críticos y, de paso, afianzar sus identidades a partir de la lealtad a un club en específico.

Lo bochornoso no es la goleada a Alianza o los memes que hinchas rivales se arrojan mutuamente cada vez que un resultado así se convierte en titular de último minuto. Mi buen amigo Ralp León, documentalista y ferviente hincha de la U, lo explica mejor que yo: “Lo más bochornoso es el papel de la prensa que tiene preferidos, inflan y venden humo a montones y ahora se horrorizan. Hipócritas. Mañana los periodistas y los jugadores seguirán cobrando sus sueldazos. Los hinchas son los que la pasan mal”. Por eso, agregaría yo: al menos dejémosles la pasajera alegría de un meme bien puesto.

Entre periodistas cuesta decir lo que se sabe hace tiempo y que algunos pocos técnicos y futbolistas han osado decir bajo riesgo de caer mal: somos parte central del problema. La prensa deportiva peruana prefiere dedicar muchas más páginas y horas de televisión o radio al entretenimiento vacío, al seudoanálisis estratégico y a la sobredramatización de las declaraciones que encienden las rivalidades hasta el borde de la violencia dentro de un torneo local con las costuras siempre a punto de reventarse. La verdadera indignación tendría asidero si hubiera un real y verificable compromiso con la promoción de las divisiones inferiores, la exigencia de una verdadera profesionalización de los clubes, el cuestionamiento a las contrataciones sobrevaloradas que bien podrían evitarse para financiar planes institucionales a largo plazo. El show más inmediato manda e incluso la indignación de ahora, me animaría a decir, forma parte de ese mismo show. 

TAMBIÉN LEE: La resistencia arequipeña, columna de Pedro Ortíz Bisso

No se trata de Alianza. No hay que olvidar que antes fue la U, Binacional, incluso Cristal. Por eso pido que se entienda bien: la indignación pasará el fin de semana con una victoria del equipo de turno o con un gol que los acerque a la punta del torneo local. Total, falta todo un año para que los que tienen el poder de llevar a la agenda pública los temas necesarios para un verdadero cambio en el fútbol peruano vuelvan a indignarse con una nueva goleada a nivel internacional. Esto, por cierto, bien podría ser un meme. ~

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