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La respuesta de los tibios

Esta semana se denunció que jugadores de Universitario fueron víctimas de agresiones por parte de seguidores del club crema. Nuestro columnista Pedro Ortiz Bisso señala que este tipo de acciones no tienen ninguna justificación y que todo aquel que ame al club debe manifestar un profundo rechazo a ellas, incluso a riesgo de ser considerado un “tibio”.  

Todo futbolero tiene su historia como hincha. La mía empezó con “Achito”, palabrita que repetía desde los brazos de mi madre en tiempos en que ‘Cachito’ Ramírez expandía con goles su reinado cada fin de semana. Siguió el 29 de febrero de 1976, la noche en que el Ugarte del Chivo Neyra sacó a la ‘U’ de la Libertadores y yo, incrédulo, lloraba mientras mi familia me miraba sin entender tanto dolor.

La inflación alanista impidió que estuviera en el 3-2 sobre Alianza del 86, pero juro que la voz de ‘Pocho’ Rospigliosi me hizo ver al ‘Diablo’ Drago empujando el tercero. Luego me recuerdo en Norte, esquivando corontas y bolsitas apestosas. También viendo a la crema tricampeonar con ojos de periodista. Maldiciendo a Piero Alva. Queriendo a Piero Alva. Mendigando wifi desde España para no perderme la definición del 2013. Gritando con Denis cuando nos salvamos de la baja. Sufriendo y vibrando, aunque siempre, siempre, sin dejar de creer.

LA PASIÓN NO JUSTIFICA LA VIOLENCIA

El amor del hincha está nutrido de una irracionalidad maravillosa imposible de explicar. Ese enamoramiento está hecho tanto de sonrisas infinitas como de dolores inmensos, hechuras de recuerdos cosidos con retazos: el gol del ‘Beto’ Carranza al Minas, la volea de Seminario en un clásico, el Puma lanzándose en carretilla, el hombro malogrado del Ruso, un taconazo de Leguía, un sombrero de Robert, Rossi escapándose del Camello, el 4-1 del último domingo o Lolo haciendo de sus lágrimas un símbolo de su grandeza.

TAMBIÉN LEE: Volver a enamorar al hincha, una columna de Pedro Ortiz Bisso

La pureza de ese enamoramiento no puede justificar la violencia. Diversos testimonios recogidos por los medios y la SAFAP, el gremio que agrupa a los futbolistas del país, señalan que al menos Hernán Novick fue agredido por barristas de Universitario en un incidente en el que también estuvo involucrado Federico Alonso. Incluso allegados a los agresores han tratado de justificar el hecho indicando que fue una reacción ante una respuesta “inadecuada” de los jugadores (¿Será acaso “inadecuado” responder ante una amenaza o un insulto?).

Por eso sorprende que el administrador del club, Jean Ferrari, haya declarado que el ataque no existió. “Hubo cruce de palabras fuertes entre hinchas y jugadores en Campo Mar. Pero tejen historias que no hay. Yo he hablado puntualmente con Novick y Alonso, me dijeron que hubo intercambio fuerte de palabras. Descarto agresiones físicas”, dijo a “Fútbol como Cancha” de RPP. ¿Por qué los jugadores uruguayos negarían haber sido víctimas de una agresión?

La lógica absurda que manejan los violentistas es que la mejor manera de que un equipo encuentre el rumbo futbolístico es “hacerle sentir” la molestia de la hinchada. Creen, ridículamente, que un puñete puede hacer que un jugador patee mejor un balón o una amenaza de muerte hacerle cabecear con mayor firmeza. Esta lógica delincuencial no es propia del Perú, pero en el caso de Universitario se ha convertido en un estigma del cual no ha podido desligarse en los últimos treinta años.

TAMBIÉN LEE: Hacia un Norte más justo, una columna de Alejandra Bernedo

A ello se añade el tono agresivo que utilizan ciertos allegados a su dirigencia cuando reciben una crítica. De inmediato se los tilda de enemigos o asalariados de Gremco, como si el solo hecho de haber traído orden al caos administrativo que asolaba al club los hiciera inmunes al menor cuestionamiento.

LA NECESARIA RESPUESTA INSTITUCIONAL

La recuperación de Universitario trasciende al hecho de darle racionalidad a su manejo institucional o de convertir a su primer equipo en un cuadro competitivo. Implica también deslindar sin miramientos de cualquier acto de violencia. Y en esto deben estar involucrados dirigentes, administrativos, personal técnico y plantel de jugadores. Quienes aún recordamos el empobrecimiento moral que sufrió el club durante los noventa, maquillados por los éxitos deportivos, sabemos a dónde conduce no cerrarle la puerta a quienes solo conocen de golpes e improperios.

Ciertos hinchas llaman ‘tibios’ a quienes nos oponemos a estos actos delincuenciales. “Esta es la ‘U’”, braman, inflando sus pechos virtuales desde el anonimato de las redes. Allá ellos con sus estúpidos actos de valentía. La ‘U’ no es eso. O, en todo caso, no deberíamos dejar que lo sea. ~

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