Primero el viento y luego la rosa. Cuando el escritor mexicano Carlos Mercado Orduña visitó la Basílica de Guadalupe para pedirle a la virgen morena que le cumpliera el milagrito de producir una teleserie inspirada en sus apariciones, no presintió que aquel airecillo insólito y repentino, que le cubrió el rostro mientras oraba, le daría una manito a su selección, en una Copa del Mundo.
Así como las pasiones, los milagros también piden ser contados. El México-Suecia, en Ekaterimburgo, tuvo esa doble índole. Un melodrama digno de La Rosa de Guadalupe, ese producto de Televisa que ya lleva diez años enseñándonos que siempre habrá una intervención divina para salvarnos del desmadre.
El ‘Predicador’ Juan Carlos Osorio cometió el pecadillo de repetir una alineación, por primera vez en 50 partidos al frente del ‘Tri’, y los suecos, prácticos para concebir la vida, le asestaron tres goles sin aferrarse al buen juego ni a los santos. Alemania igualaba con Corea a la misma hora, en Kazan, y apenas le bastaba un gol para que los mexicanos empacaran sus rosarios. ‘Chicharito’ y sus carnales se encomendaban a Corea, la achinada. La del sur, claro. La democrática pero no por ello más confiable: última, con cero puntos, y sin opciones para pasar de fase.
En las tribunas de Ekaterimburgo, las ‘porras’ mexicanas renunciaban a los cánticos y a lo que sucedía en el campo. Su atención viajaba a más de 700 kilómetros a través de las pantallas de sus celulares. Sus ojos apenas y se despegaban, ajenos a la realidad que tenían frente a sus narices. Se comportaban como millennials a la hora de la cena. Las redes sociales eran un confesionario en tiempo real donde el que menos imploraba una rosa blanca. Los rastros ahora caricaturescos que habría dejado la Virgen de Guadalupe en su paso por la Tierra. La única esperanza de Osorio.
En la cancha, el americanista Edson Álvarez no puede con la pena. El tercer gol ha sido obra de su mano izquierda luego de un lateral, previo pivoteo sueco, que le pasó por entre las piernas. Juntaría las manos por un buen rato si se lo permitieran. Pero Álvarez atina a tocarse la nariz, de arriba hacia abajo, como drenando su amargura.
En Kazan, Joachim Low, el técnico alemán, no pasa de sacarle brillo a su nariz, aunque el respetable ya no se escandalice por la auscultación de sus mucosidades en vivo y en directo. El árbitro adiciona nueve minutos en el Alemania-Corea, y el que menos traga saliva en Ekaterimburgo, y en el Zócalo. Pero la Virgen, lo han olvidado, dio indicios de piedad a los 28 minutos del primer tiempo, cuando Néstor Pitana anuló una mano de ‘Chicharito’ Hernández en su propia área.
En las tribunas de Ekaterimburgo, las ‘porras’ mexicanas renunciaban a los cánticos, y a lo que sucedía en el campo. Su atención viajaba a más de 700 kilómetros a través de las pantallas de sus celulares. Las redes sociales eran un confesionario en tiempo real donde el que menos imploraba una rosa blanca. Los rastros ahora caricaturescos que habría dejado la Virgen de Guadalupe en su paso por la Tierra. La única esperanza de Osorio…”
Esa rosa piadosa ingresó entre las piernas de Sule, el defensor alemán, como un hilo por el ojo de una aguja, para el zurdazo de Kim Young-Gwon a los 92’. “Imaginemos cosas chingonas”, pidió ‘Chicharito’. Y el deseo se le concedía. Una leve ventisca atravesaba la cancha despeinando los bucles del ‘Memo’ Ochoa, el alisado de Carlos Vela, y sacudiendo las orejotas del ‘Zorro’ Herrera.
Pitana, instrumento de Dios, pitó el final en Ekaterimburgo. Aún quedaban seis minutos en el otro lado, y el ‘Tri’ formó una ronda en la mitad del campo. El lateral Edson Pérez lloraba y lloraba. Desfallecía en la incertidumbre. Hasta que a los 96’, Son Heung-Min corrió como un carterista para empujar el balón en el desguarnecido arco alemán, liquidar al vigente campeón del mundo, y propiciar, solo entonces, una corriente de aire alrededor de Pérez. Un airecillo bendito y reparador. México había clasificado a los octavos de final.
“Experiencia es el nombre que le damos a nuestras equivocaciones”, tuiteó Pérez horas después, consciente de haber sido el protagonista de este episodio. Carlos Mercado Orduña, el hacedor de La Rosa de Guadalupe, y guionista indirecto de esta historia, resumió: “Dios obra de formas misteriosas”. En el Distrito Federal, un grupo de hinchas coparon la embajada coreana y rasparon sus gargantas a un solo grito: “Corea, hermana, ya eres mexicana”. En las redes se iluminaron con el capítulo que hasta optaron por la sutileza: “México ya no canta el himno. Lo corea”.
La goleada ante Suecia es el resultado más pobre del ‘Tri’ en los últimos 40 años. Desde Argentina 1978 no eran pasados por encima de esta manera, cuando cayeron por 6-0 ante Alemania Occidental.
Juan Carlos Osorio, el entrenador mexicano, el ‘Predicador’ que exorcizó a la selección de seis maldiciones (vencer a Estados Unidos luego de 44 años por Eliminatorias, y superar a Honduras en Tegucigalpa después de 22 años, por citar solo dos de ellas) se confesó en la conferencia de prensa, y aceptó que pecó de purista al repetir el equipo. La moraleja era infaltable. La rosa blanca se difuminó recién hasta desaparecer.
El episodio cuatro será ante Brasil en octavos. Primero el viento y luego la rosa. Pero con fútbol. ©

