Bateando fuera de Cuba

Bateando fuera de Cuba

En los últimos años, el béisbol cubano, uno de los deportes bandera del país comunista, no ha logrado cosechar resultados importantes. El periodista Moisés Ávila Roldán, corresponsal en Cuba durante tres años, señala cómo las fugas masivas de peloteros y la crisis económica está afectando a la disciplina más popular de la isla al grado que la selección no clasificó a los JJ.OO.

“En el cielo hay un Dios, el que quita y pone, y en la tierra dos o tres que me envidian con…  no reúnen las condiciones para comportarse como los varones”. Jorge Soler canta las canciones de ‘El Micha’, un rapero cubano de esos barrios de La Habana a los que llaman repartos.  Soler migró del suyo hace diez años. Ahora juega en las Grandes Ligas y se convirtió este año en el MVP (Jugador Más Valioso) de la Serie Mundial de Béisbol. El beisbolista salió del reparto, pero el reparto no ha salido de él. Es uno de los peloteros que forma parte de las decenas de casos de deserciones de beisbolistas cubanos.

Veinticinco veces campeona mundial, tres veces olímpica, y subcampeona del Clásico Mundial en el 2006, Cuba tiene al béisbol en su rutina diaria. Se puede notar hasta en la forma como se toman los ‘almendrones’ –los cacharros reformados de los años cincuenta que realizan taxi colectivo en La Habana–. Las mismas señas con las manos que usan los jugadores en el campo para comunicarse, son utilizadas por los pasajeros para preguntarle de lejos al conductor si va para la derecha o izquierda (señalando con el dedo índice), o si lo puede llevar por la Calle Tercera (haciéndole el símbolo de ok).

Este año, el jardinero cubano Jorge Soler ganó el galardón de MVP de la Serie Mundial en liga estadounidense. Es uno de las decenas de beisbolistas de la isla que huyeron al país norteamericano. TWITTER.

Poco conocedor de béisbol, durante mis primeros meses en Cuba, también intenté hacer señas para avisar que yo iba para la Tercera. Pero en mi concepción del mundo, hacía el 3 convencional con la mano (índice, medio y anular), lo que desataba miradas de compasión y risa de los habaneros, que con cariño me pedían que me “deje de boberías” y aprendiera a hacer bien la señal. Así como en Brasil se puede encontrar al sucesor de Neymar en cualquier esquina, los cubanos, por alguna designación cósmica, parecen nacer con el talento del bate.

EL DEPORTE NACIONAL

Fidel Castro, el padre de la revolución cubana, fue pitcher zurdo en la Universidad de La Habana cuando estudiaba leyes en la década del cuarenta, aunque tuvo una cortísima trayectoria. El comentarista cubano Modesto Agüero dice que, en conversaciones informales, Fidel contaba que no llegó a Grandes Ligas porque se dedicó a la política. Otro pudo haber sido el curso de la historia y tal vez podríamos estar hablando de un Castro “Yankee”.

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Además, el béisbol es parte de la iconografía revolucionaria. El 18 de noviembre de 1999, disputaron un duelo amistoso las selecciones de veteranos de Venezuela y Cuba. Después de los aplausos en ritmo 2/3, que acompañan a cada nombre que es mencionado por el locutor del estadio, apareció, entre los lanzadores, Hugo Chávez Frías. Y por Cuba, Fidel Castro Ruz como DT. Y hay fotos históricas de Castro junto con el desaparecido Camilo Cienfuegos, con el nombre de su equipo, “Barbudos”, escrito en sus camisolas abotonadas.

Sin embargo, en los últimos años, la crisis económica que cada año se agrava por ineficiencias internas, las atrasadas reformas a su economía soviética -con casi todas las actividades productivas controladas por el Estado- sumadas al embargo económico que le aplica Estados Unidos hace seis décadas, parecen empujar a las jóvenes promesas de la pelota a batear fuera de la isla.

La mayoría sueña con llegar a las Grandes Ligas, donde están los contratos millonarios de ensueño, Pero no todos son jonrones. Algunos se van por las buenas -con los esfuerzos que demanda pedir la baja del equipo, la obtención de un pasaporte, la visa y el dinero para hacerlo-, o por las malas, abandonando al equipo en el extranjero, cuando tienen alguna competencia internacional. Y eso ha mermado el desempeño de esta isla de las Antillas, acostumbrada a verse de tú a tú con las grandes potencias deportivas. Tanto así que, desde el 2005, Cuba no gana un Mundial y por primera vez en su historia no logró clasificar a los Juegos Olímpicos, los de Tokio 2020.

En el diamante del Estadio Latinoamericano de La Habana, cuando el bateador le pega mal a la bola y esta se va hacia atrás y golpea las mallas de protección, se suele utilizar la expresión: “foul a la malla”. Esa frase se ha extrapolado a la vida diaria, para cuando las cosas salen mal. Dice el escritor Leonardo Padura, fan de la pelota por excelencia y coautor de un libro de entrevistas a figuras de este deporte, que “según esté el béisbol, así está Cuba”. Esa situación se condice con la crisis económica y con nuevas olas migratorias. Un “foul a la malla” a toda regla.

EL MUNDIAL DE LOS ABANDONOS

La deserción en Cuba no es un fenómeno nuevo, data al menos de la década del noventa, una etapa conocida como el “período especial”. Por ese entonces, la Unión Soviética, se fue ponchada y con las bases llenas, dejando en out a Cuba, que la tenía como mayor -y casi único- socio comercial. La isla pasó severos aprietos económicos. Fue la época de los balseros que se lanzaban al mar desde el malecón, y de la política pies secos, pies mojados: quien por fortuna del viento llegaba a las costas de Florida después de viajar las noventa millas desde Cuba, era acogido legalmente.

El récord se había marcado en el torneo de Clubes Campeones, en México, 1996.  En aquella ocasión, cinco Jugadores del Equipo Industriales, el más popular del país, se quedaron en el país azteca. En el último Preolímpico para Tokio-2020, disputado en Estados Unidos, tres de sus estrellas y hasta el psicólogo del equipo no volvieron.

Pero entre septiembre y octubre de este año se vivió la deserción más grande de la historia del béisbol cubano. De los 24 integrantes del plantel que viajó al Mundial Sub-23, solo volvieron doce. “Será recordado como el Mundial de los abandonos”, dijo el periodista especializado en el tema Francys Romero. Un fenómeno sin precedentes en la historia del béisbol.

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Romero, autor de “El Sueño y la Realidad. Historias de la emigración del béisbol cubano (1960-2018)”, recuerda que la primera deserción tuvo lugar en 1991, cuando un lanzador del equipo Industriales de La Habana, René Arocha, abandonó la selección en el aeropuerto de Miami.

En este último grupo que se fue destacaban Brian Chi, lanzador que integró el equipo Cuba al Preolímpico, de 22 años, y Luis Danys Morales, uno de los principales prospectos del béisbol cubano, con 18 años.  Morales ya había sido sorprendido antes en un intento de fuga. Esta vez, fue el primero en irse. Otra de las figuras que aprovechó el torneo para buscar una nueva vida fue Lázaro Blanco. “Nunca es tarde si la dicha es buena”, aseguró el pitcher de 35 años. Y, aunque guarda esperanzas de poder probarse en algún equipo, está dispuesto a realizar otras labores.

Decenas de peloteros cubanos, que emigraron por distintas vías, han tenido éxito en las Grandes Ligas de EE.UU. Entre los casos más famosos, se encuentran los ya retirados Orlando ‘Duque’ Hernández, José Contreras y Kendrys Morales. Asimismo, en la actualidad, José Abreu, Aroldis Chapman, Yulieski Gurriel, José Adolis García y Luis Robert juegan en los equipos del país norteamericano. A ellos se suma Jorge Soler, quien tras haber pasado por los Chicago Cubs y los Kansas City Royals juega actualmente en los Atlanta Braves. Actualmente es el MVP de la MLB.

Para jugar en las Grandes Ligas, los cubanos que emigran necesariamente tienen que tocar base en un tercer país, obtener su residencia allá y luego hacer su contrato. Por las leyes del embargo, no pueden ser contratados directamente. Existen sí, contratos de cubanos con ligas de otros países, pero todos pasan por la federación estatal.

Pero los que se están fugando ahora son más jóvenes y no necesariamente están buscando una carrera profesional. A lo que aspiran es mejorar la realidad económica de su familia. Pierden su pasaporte y no pueden volver al país por ocho años.

El Gobierno Cubano reaccionó a las deserciones con su retórica habitual. “Felicidades a todos y vayan con la frente en alto a sus casas y sigan combatiendo por seguir siendo peloteros cubanos”, les dijo, el vicepresidente del Instituto de Deportes (Inder), Raúl Fornés, a los doce que volvieron.

En Cuba, el béisbol es deporte nacional y parte de la iconografía diaria. Sin embargo, la crisis económica que se vive en la isla está empujando la fuga de talentos. YAMIL LAGE.

Luis Daniel del Risco, tesorero de la Federación Cubana de Béisbol (FCB), señala que lo que se vive es una guerra. El funcionario afirma que los jóvenes peloteros son tentados por cazatalentos que los acosan en los hoteles donde se hospedan. Con una economía frágil, no es tan difícil atraerlos.

Para tratar de poner fin al éxodo, durante la era Obama, Cuba logró un acuerdo con Estados Unidos que se materializó recién en el 2018, en donde se permitieron los contratos directos para Grandes Ligas. Pero nunca se concretó, la administración Trump los poncho rápidamente.

Soler es quizás uno de los mejores ejemplos de la fuga de talentos que sufre la isla. Dejó Cuba a los 19 años, y tuvo que tocar base en República Dominicana antes de poder ser la figura que es hoy en Grandes Ligas. El talento le vino en la sangre, y ahora el esfuerzo lo pone él. Como diría “El Micha”: “No le debo ni a mi sombra. Tengo victoria, mi trayectoria, convocatoria, satisfactoria, que Dios los tenga en la gloria”. ~


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Escrito por

Peruano, jefe de Redacción para Centroamérica de la Agence France-Presse (AFP), con base en Ciudad de Panamá. Cumplió las mismas funciones en La Habana, por tres años, al igual que en Lima y La Paz. Fue corresponsal en Brasilia y Santiago de Chile. Magister en Periodismo Escrito de la Universidad Católica de Chile y Bachiller en Ciencias de la Comunicación de la Universidad Federico Villarreal. Escribe mejor cuando come. A veces parece que no ha comido.

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