El rólex de Gareca y otras historias maradonianas

El rólex de Gareca y otras historias maradonianas

Maradona hay uno solo, pero para varios de sus excompañeros (y dirigidos) fue mucho más que solo un jugador. Detalles que trascienden la cancha, como el regalo secreto a Ricardo Gareca, el cambio soñado para Martín Palermo o poder atraer todas las miradas de la selección donde también estaba el Vasco Olarticoechea. Tres historias íntimas para conocer al diez.

UN HOMBRE MUY DETALLISTA

Por Ricardo Gareca

Diego es una persona a la que le tengo un gran cariño. Voy a contar una breve historia que permitirá entender el gran concepto que yo tengo de él.

A comienzos del año 1982, antes de que Maradona se fuera a Barcelona, Boca tuvo una gira muy grande, que incluyó Estados Unidos, Malasia, Japón, China, México y Guatemala; luego bajamos para Buenos Aires. Jugamos ocho partidos, entre el 6 y el 27 de enero, incluyendo tres encuentros contra la selección de Japón.

¡Llegamos a jugar dos días seguidos! Ganamos siete partidos y empatamos el restante. Diego jugó a un nivel altísimo; hizo 8 goles.

Durante la mayor parte de la gira me tocó estar en la misma habitación que Diego. Uno de esos días, al comienzo de la gira, estando en China, nos acostamos, pero no nos podíamos dormir por el cambio de horario. Se hizo la madrugada y ya cansado de no poder dormir, Diego me pidió salir a caminar. Nos cambiamos y salimos.

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Íbamos charlando y mirando negocios, hasta que nos paramos en una vidriera. Ahí se me ocurrió decirle: «mirá qué lindo reloj». Era un Rolex de acero que me había gustado y se me dio por hacerle ese comentario. Eso fue a comienzos de enero del 82. Terminamos la gira y volvimos a la Argentina.

Cuando llegó el 10 de febrero, que es el día de mi cumpleaños, el mismo reloj que habíamos visto en una vidriera de China, Diego me lo terminó regalando. Yo no sabía nada, pero cuando llegó mi cumpleaños, Diego se apareció con ese reloj.

Pueden imaginarse mi sorpresa. Para mí ese regalo tuvo un significado enorme. Diego es así. Es un hombre muy detallista y cuando él quiere a alguien tiene ese tipo de actitudes. Su regalo sorpresa fue un detalle increíble que tuvo conmigo, que muestra su compañerismo y su calidad humana.

Maradona, agarrando el balón con las manos, junto a Gareca en Boca Juniors. MASAHIDE TOMIKOSHI

QUÉ DIFÍCIL ES SER MARADONA

Por Julio J. Olarticoechea

Con Diego jugué tres mundiales (1982 en España, 1986 en México y 1990 en Italia) y un Sudamericano Juvenil (en 1977, en Venezuela). Compartí muchos viajes, giras y concentraciones. Así empezó nuestra relación y nuestra amistad.

Uno de mis mayores recuerdos es todo lo que generaba Maradona en cualquier lugar del mundo al que fuéramos. Era una locura; no lo podíamos creer.

Sobre la base de esa experiencia, uno analiza y piensa, y llega a la conclusión de que es muy difícil ser Maradona. Una persona que desde los 17 años vivió algo que no creo que haya vivido ningún otro jugador, de fútbol o de cualquier deporte. Una fama increíble y un acoso y cariño tan grandes que no le han permitido salir ni a tomar un café.

A veces se critica a Maradona, pero yo creo que manejar ese nivel de fama es muy difícil, hayas nacido en una villa o en el mejor barrio del mundo. Hay que estar en la piel de él, hay que estar en la cabeza de él y hay que saber algo que solo Diego sabe lo que significa: vivir un acoso, que, aunque en general cariñoso, es mundial, y eso es muy difícil de soportar.

Diego no pudo hacer una vida normal. En las concentraciones Diego siempre estaba de buen humor; nos hemos reído un montón. Todos lo cuidábamos mucho, porque sabíamos que dependíamos muchísimo de él. Recuerdo haber compartido habitación con Diego y levantarme para ir al baño intentando hacer el menor ruido posible, porque se me pasaba por la cabeza: «a ver si se despierta, después no se puede dormir y por culpa mía mañana juega mal». Eso muestra que todos lo queríamos cuidar al máximo.

Maradona junto a Olarticoechea en la concentración del Mundial 86. PINTEREST

En los entrenamientos, Diego hacía magia con la pelota. Jugaba con los botines desatados y nunca se pisó los cordones. Algo que solamente él es capaz de hacer. Si lo hubiese intentado yo, me habría pisado los cordones y me quebraba.

Lo he tenido como compañero y también me tocó enfrentarlo y marcarlo; incluso hacerle marca personal. Unas veces me fue bien y otras no tanto. Pero tengo la satisfacción única de que Diego comentara, después de un partido, que quien mejor lo había marcado sin golpearlo había sido yo. Eso fue muy bueno para mí.

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No recuerdo haberlo visto dar un pase mal. Es el único jugador con el que yo sabía que si pasaba al ataque por mi lateral (el izquierdo) sin mirarlo, él siempre me veía. En cambio, con los demás, antes de pasar al ataque tenía que mirarlo y ver que me mirara, entonces recién ahí yo corría. Con Diego no hacía falta: él te veía y te daba la pelota en el lugar justo, en el momento justo.

Diego era mágico. Con Diego está todo bien. Hemos tenido algún encontronazo, pero él es así. Se calienta en el momento y después se le pasa. Se le pasa con la gente a la que quiere. Por suerte, ese es mi caso y por eso digo que está todo bien.

VAS A ENTRAR Y VAS A HACER UN GOL

Por Martín Palermo

Compañero de Maradona en Boca Juniors y dirigido por él en la Selección. A Diego lo conocí en 1997, cuando llegué a Boca. Él le había dicho a Mauricio Macri (entonces presidente del club), que a los mellizos Barros Schelotto y a mí nos tenía que llevar a Boca. El técnico era el «Bambino» Veira. Para mí fue una alegría enorme conocerlo, por la admiración y la idolatría que siempre le tuve.

Desde ese momento es que tenemos una buena relación, que hasta el día de hoy se mantiene. Fue muy lindo haber compartido con Diego cada entrenamiento, cada partido dentro de la cancha, y también la amistad fuera de la misma. Por supuesto, después también compartimos la etapa de la Selección, con él siendo entrenador. Que me haya dirigido también fue muy especial.

Recuerdo el partido contra Perú, por las eliminatorias, en cancha de River. El día de la lluvia torrencial. Yo entré al comienzo del segundo tiempo. Diego me dijo: «tenés 45 minutos, aprovechalos al máximo». Tuve la suerte de hacer el gol del triunfo en el último minuto. Tengo la imagen de Diego festejando, tirándose de «palomita» en el agua, yo festejando el gol.

Ya en el predio de la AFA, después de la cena, como es él, Diego fue pasando por las habitaciones. Cuando vino a la mía me dijo «qué culo que tenés vos siempre». Siempre con esa buena onda para hablarme. Fue un momento muy especial ese partido con Perú.

El otro momento clave fue el partido contra Grecia, en el Mundial de Sudáfrica. Quedaban muy pocos minutos del partido, Diego me hizo entrar y me dijo «aprovechá esta oportunidad; vas a entrar y vas a hacer un gol». Así que cuando metí el gol fue doble el festejo. Recuerdo el abrazo con Diego y la emoción de saber que mi familia estaba en la cancha, mi papá, mi mamá, mi hermano Gabriel, mi hijo Ryduan, mi señora Jessica.

Siempre recordaré esos 10 minutos en los que Diego me dio la posibilidad de entrar y hacer un gol. Él siempre tenía las palabras justas, de consejero y de motivador.

Palermo y Maradona tuvieron una gran relación durante el paso de ambos por la selección argentina. ARCHIVO

En ese Mundial Diego era muy cercano a los jugadores, siempre estaba con mucho entusiasmo. Era su posibilidad como entrenador de dirigir a la Selección y de estar en un Mundial, a donde tanto nos costó llegar. Fue una lástima, obviamente, cómo se terminó, con la eliminación con Alemania, pero toda esa etapa fue muy buena.

Maradona estaba muy enfocado en el Mundial, en plantear cada partido de la mejor manera. Más allá de trabajar día a día para llegar de la mejor forma a cada partido, se lo veía con muchas ganas y contagiaba lo que él siempre transmitía: lo que significa ponerse la camiseta de la Selección Argentina y representar al país.

Me quedo con todo lo que nos unió con Maradona dentro y fuera del fútbol, el cariño y la admiración. Diego me abrió su puerta a la amistad, con su familia, estuvo en mi casamiento, estuve en cumpleaños de él. Eso va más allá de todo.

Tengo hoy por hoy una admiración muy grande hacia él, como persona y como jugador. Para mí es todo lo que significa Maradona para cualquier jugador de fútbol, así que soy también como un privilegiado de haber compartido con él muchas cosas lindas y mantener una relación muy amigable.

TRES ANÉCDOTAS INCLUIDAS EN EL LIBRO “Gracias Maradona. La persona. El jugador. La leyenda” de Diego Barceló Larrán.

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