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El síndrome de los doce pasos

Hace aproximadamente cuatro años, corría el minuto 46 del primer tiempo de un encuentro histórico para la selección peruana. Antes de irse al descanso, Christian Cueva cae dentro del área. El árbitro, luego de verificar la acción mediante el VAR, pita un penal a favor nuestro. La locura se desata. Perú puede ponerse adelante en el marcador en su debut mundialista ante Dinamarca. Cueva es el encargado de pararse frente a la pelota. Todo un país aguarda su remate al ritmo de su respiración. Después de treinta y seis años de espera, está a punto de convertirse en uno de nuestros héroes mundialistas, pero su tiro se va desviado. Muchos de los hinchas que estábamos reunidos en casa con familiares y amigos maldecimos aquel momento. 

Ese mismo día, pero unas horas antes, Argentina, que igualaba ante Islandia, había tenido que pasar por el mismo trance. Minuto 19 del segundo tiempo y Messi falla un penal que le pudo haber dado el triunfo a la Albiceleste.

Dos situaciones similares. Cueva y Messi fallaron en momentos decisivos para sus respectivas selecciones. Ambos —y nadie podría ponerlo en duda— son de los mejores futbolistas de sus países. Entonces, si hasta los más aptos fallan, ¿los penales son una cuestión de suerte?, ¿se trata de tener más efectividad luego de entrenar con mayor regularidad? Preguntas que pueden surgir en todos luego de recordar aquella jornada futbolera.

En el momento del penal, el pateador tiene claramente dos posibilidades: una, elegir el lugar opuesto al que el arquero se ha lanzado y, otra, escoger previamente lo que considera mejor, fuera de si el arquero decide o no ir a alguno de los lados. En este contexto, el arquero tiene menos que perder, ya que se da por entendido que es más fácil que el jugador meta un gol a que se lo atajen o lo falle.

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¿Cualquiera puede fallar? Existen jugadores, que estando en un gran nivel, han errado penales decisivos, como es el caso de Roberto Baggio en el Mundial de Estados Unidos 1994. La entonces figura de la Juventus, líder de la selección azzurra, fue decisivo para que Italia llegara a la final contra la Brasil de Bebeto, Romario y Dunga. Sin embargo, en la tanda de penales, luego de quedar empatados sin goles tras el tiempo reglamentario, el italiano fallaría el penal que dejaría a los europeos sin copa del mundo. Por otro lado, Lionel Messi, quien para muchos es el mejor de la historia, definiría por encima del arco contra Chile en la final de la Copa América 2016.

Muchos de los hechos que ocurren dentro del juego en una cancha de fútbol suelen ser imprevistos. Se pueden entrenar jugadas durante los entrenamientos, que, luego, en el partido, al influir otros aspectos, puede que no se plasmen en la realidad; pese a que en las prácticas hayan tenido excelentes resultados. Lo mismo sucede con los penales. Por eso es necesario trabajar lo más que se pueda para ser lo más precisos y así no dejar tantas cuestiones al azar.

Los “nervios” fulminan. Cuando la ansiedad nos desborda el cerebro olvida lo aprendido en años de experiencia. En momentos como esos, se usa la memoria de procesamiento y no la implícita, lo que hace que se patee un penal como si fuese la primera vez. Por tal razón, se pierden las habilidades que normalmente tiene el deportista. Es elemental que el futbolista elegido para rematar sepa controlar la ansiedad que invade su cuerpo, y esto se puede lograr, en cierta medida.

¿Pero qué sucede al interior del futbolista? Fisiológicamente, al tener la presión de patear un penal ante los ojos de muchísima gente (es decir, presión no solo deportiva, sino también externa), el jugador se pone en estado de alerta. Esto hace que, dentro de su mente, se libre una batalla feroz entre dos ideas: “Tengo la responsabilidad de anotar este gol” versus “Necesito escapar lo antes posible de esto”. Muchas veces, la disyuntiva produce que el penal, que resultaba un acto sencillo previamente, se vuelva una tarea realmente difícil y retadora ante la presencia de nuevos elementos.

El objetivo de todo psicólogo deportivo es facilitar y permitir que el jugador pueda desenvolverse de la manera más óptima posible dentro de la cancha, y eso incluye afrontar situaciones críticas como un penal decisivo. Para ello, se pueden usar técnicas como, por ejemplo, la visualización. Mediante diversas sesiones se busca relajar y preparar al jugador mentalmente para el momento crucial. Imaginando, viviendo el penal, puede que poco a poco normalice la situación. Otra técnica muy recomendable es la de aprender a respirar en momentos previos y durante el instante de presión. Inhalar por la nariz y exhalar por la boca, sintiendo como nuestra barriga se va desinflando.

Pero no solo el que patea se prepara. Al otro extremo del área el arquero vive su propio vía crucis. El ex guardameta de la selección argentina Sergio Goycochea es el único que ha logrado atajar cuatro penales en un mismo Mundial. En una entrevista al diario El País de España, en el 2006, afirmó que estudiaba a los rivales, dejando poco al azar. Tomaba en cuenta la técnica, la habilidad, si pateaban fuerte o solían colocarla. Incluso observaba a algunos en el mismo momento que ejecutan la pena máxima. Otro guardameta que analizaba a sus rivales en cuanto a los penales era Jens Lehmann, quien usaba un papel en el que anotaba hacia dónde normalmente pateaba cada uno de sus rivales.

UN DESAFÍO MENTAL

De un lado o del otro de la pelota, los penales marcan. Así como Goycoechea logró infundir la sensación de seguridad; Cueva es, para muchos, sinónimo de incertidumbre cada vez que va hacia el punto del penal. El error ante Dinamarca en el Mundial y luego ante Paraguay en los cuartos de final de la Copa América 2021 han construido una narrativa en su contra. Sin embargo, una de las frases del argot deportivo aplica bien para este caso: el fútbol da revanchas.

En caso Perú gane el repechaje el 13 de junio en Doha, entrará a un grupo con caras conocidas: Dinamarca y Francia podrían volver a ser nuestros rivales como en Rusia 2018. En ese sentido, la selección danesa sería un duro escollo y no solo por el tema netamente técnico, táctico y físico, sino porque para Christian Cueva, nuestro 10, será una prueba a nivel mental, debido a los acontecimientos ocurridos hace cuatro años. Ante ello es importante que sepa manejar la ansiedad con las indicaciones dadas líneas arriba, sumándole lo valioso del respaldo colectivo. La siguiente frase es buena y apropiada: «Fallamos todos y ganamos todos». Y es que encierra una sensación de seguridad para el equipo, quita presiones y permite que el deportista se desenvuelva sin temor al error. Lo esencial acá no es solo decirlo, sino, lo más importante, creérselo. Además, teniendo en cuenta lo siguiente: si te condicionas al error, es probable que esto ocurra.

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Asimismo, la prensa juega un rol importante. El penal fallado no puede ser una condena a un futbolista, ya que esa acción es parte del juego. Estar parado ahí, listo para definir, con la presión que significa asumir tremenda responsabilidad, es una situación que provoca muchos nervios de por sí. Resulta inevitable. Entonces, fallar no puede traer como consecuencia un recordatorio constante de “lo que pudo ser”, echándole la culpa a un solo jugador. El fútbol es un deporte colectivo y, como tal, resulta necesario saber como premisa que la responsabilidad de la derrota, del empate o del triunfo es, evidentemente, grupal.

El debate está abierto: Cueva podría tener una revancha personal para expiar sus propios temores. Sin embargo, sabemos que la suerte será el factor menos determinante. Mientras el resto de futbolistas y él puedan prepararse con datos, ejercicios mentales y otros recursos que aportan las ciencias, tendremos mayor certeza de lograr los objetivos desplazando el azar a un porcentaje mínimo. Además, recordemos uno de los puntos más resaltantes, el fútbol es un deporte de equipo, “todos ganan, todos pierden” y eso debe tenerlo claro cualquier futbolista que vaya a patear un penal. ~

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