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¿Y si Waldir le daba propina a Farfán?

En esta nueva entrega del multiverso deportivo, un travieso dios ‘sudoroso’ modifica la línea temporal del fútbol peruano al empujar a Waldir Sáenz a dejar de lado la tacañería y darle propina a un pequeño Jefferson Farfán. Como consecuencia del gesto, una agradecida ‘Foquita’, buscando seguir los pasos de su ídolo, termina vestido de celeste.

El final de la década del noventa fue una etapa feliz para el pueblo blanquiazul. No solo se rompió el maleficio de dieciocho años sin celebrar títulos, sino que el club conformó una cantera que le permitió tener festejos menos espaciados durante la primera década del Siglo XXI. Por esos años llegaron a coincidir dos figuras que se han ganado con goles y gambetas la categoría de ídolos victorianos: Waldir Sáenz y Jefferson Farfán. Una de las anécdotas más famosas que involucra a ambos delanteros data de cuando ‘la Foquita’ era un niño que buscaba recursearse cuidando y lavando el carro del goleador histórico de Alianza.  

Según el relato de Jefry, cuando le pidió la propina por el servicio, Wally le respondió diciéndole que no tenía sencillo.  Pero, basta que un travieso dios sudoroso haga de las suyas al colocar un par de chinas en el bolsillo de Waldir para que la línea temporal del fútbol peruano experimente cambios dramáticos.

Nos remontamos a mediados de la década del noventa. Jefferson Farfán es todavía un calichín que pertenece a las divisiones menores del Deportivo Municipal. Jefry encuentra en una fiesta de su tío ‘Cuto’ Guadalupe una buena oportunidad para ganarse las monedas necesarias para jugar pinball con sus amigos. En la puerta de la casa de su tío están estacionados los autos de algunas de las estrellas del descentralizado, entre ellos el de Waldir Sáenz, el goleador de Alianza Lima. Jefry tiene doble motivación para cuidar el vehículo. Además de la plata que planea recibir, tiene la oportunidad de lograr contacto directo con su ídolo. Por ello, al servicio de vigilancia le añade una lavadita que lo deja reluciente.

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Horas después, cuando el goleador sale de la fiesta se encuentra con un niño ansioso por recibir su propina. Wally le pide un momento, se sube al carro y busca el sencillo que suele dejar junto a la palanca de cambios. No encuentra nada. Cuando está a punto de decirle al chibolo que será para la vuelta, se acuerda que tiene un par de chinas en el bolsillo de su jean. Al sacarlas puede ver como se dibuja una sonrisa en el rostro del pequeño lavacarros. Al ver la reacción, Waldir se alegra de no haber defraudado a uno de sus pequeños hinchas. Cuando Jefry vuelve a su barrio le faltan bocas para contarle a sus amigos que su ídolo le dio un sol de propina por haberle lavado el carro. Esa noche le pide a su mamá que le consiga el póster más grande que encuentre del diez de Alianza. Tras pegar el póster en la pared de su cuarto, se hace la promesa de seguir a Wally a donde vaya. De ahora en adelante, su único hinchaje será el que profesará por el delantero blanquiazul.

Años después, en 1999, se cumple su ansiado sueño. Su representante Raúl González le consigue un contrato con Alianza Lima, el club al que ha regresado Waldir tras una temporada gris en el Colorado Rapids de la MLS. El goleador reconoce al chibolo que años atrás le limpió con tanto empeño su automóvil y le promete ser su mentor. Los primeros meses de Jefry en Alianza coinciden con una gran performance de Sáenz, quien a punta de goles conduce al club de La Victoria al título del Torneo Clausura. Sin embargo, el año no termina de la mejor forma. Alianza pierde la final nacional ante la U y sufre la primera vuelta olímpica del rival en Matute. Tras la humillación, Waldir opta por volver a tentar suerte en el extranjero. Esta vez recala en el Unión Santa Fe de Argentina para jugar los torneos del 2000. Jefferson se queda sin su protector.

Pero la segunda aventura de Waldir en el extranjero tampoco resulta fructífera. En el Unión solo juega tres partidos y apenas marca un gol. A la mitad de la temporada, ante la falta de oportunidades, decide regresar al Perú, pero esta vez no será para jugar por Alianza. Una generosa oferta económica lo convence de jugar para unos de los rivales más enconados del club de La Victoria: el Sporting Cristal. Al escuchar la noticia, Jefry se queda atónito. No concibe ver a su ídolo vestido de celeste. Al recordar su promesa de seguirlo a donde fuera que vaya, toma una decisión radical: pedir su transferencia al club rimense.

Cuando González escucha el pedido de Farfán intenta hacerlo comprender que además de ser una pésima idea, es prácticamente irrealizable. El contrato firmado con Alianza lo tendrá atado por varias temporadas y será muy complicado lograr que la dirigencia se anime a soltarlo con rapidez.  Le explica que su ascenso a la Sub-20 que dirige Jaime Duarte es una evidencia de que llegar al primer equipo será cuestión de tiempo. Pero Jefry está entercado y le exige soluciones, amenaza con no volver a pisar Matute. González en un acto desesperado llama a Waldir y le explica la situación. El delantero se acuerda de su promesa y accede a interceder por su ahijado. La gestión da frutos. A los pocos días, la dirigencia aliancista recibe una jugosa oferta por el juvenil. Pensando en los desembolsos económicos que tendrán que realizar para conformar un plantel capaz de ganar el título en el centenario del club, deciden aceptar. Jefry cumple su sueño: volverá a compartir camarín con su ídolo. Esta vez en el Rímac.

El cambio de bando de Farfán pasa desapercibido para casi todos en Matute. Solo un integrante del plantel lo toma como un desafío. Cuando encuentra a su mejor amigo y compañero de la delantera recogiendo sus chimpunes, Paolo Guerrero lo encara con violencia. “¡Cómo te vas a volver pavo, oe huevón! ¡No me jodas, traidor!”, le grita. Los compañeros de camarín tienen que separarlos. La relación entre ambos se quiebra y parece que para siempre. Pero, el conflicto con Paolo no afecta a Jefferson. En La Florida rápidamente empieza a sentirse como en casa. Las modernas instalaciones y el ambiente empresarial le resultan sumamente atractivos. También ayudan las deferencias que el director técnico Juan Carlos Oblitas le concede. El entrenador ha empezado a reconocer la gran calidad del juvenil y, cuando Waldir baja su nivel, lo ve como alternativa. Con el correr de las semanas, Sáenz queda relegado a la banca de suplentes y Farfán está cada vez más cerca de debutar. Un contrariado Wally le dice a Jefry que parece que ha llegado el momento de regresar a Matute, que el centenario es la ocasión perfecta para volver a vestirse de blanquiazul. Pero, su ahijado no se muestra convencido de dar la vuelta. Todo indica que Jefferson ya no es el juvenil que lo idolatraba. Poco tiempo después, descubre las razones del cambio.

Una mañana, rompiendo su costumbre, Waldir llega temprano a la práctica en La Florida y descubre que en una de las oficinas se encuentran reunidos Oblitas, Palinha, el gerente de marketing de Backus y Jefry. Sin preguntar ingresa en el ambiente y se encuentra con papelería que evidencia que Jefferson está a punto de convertirse en uno de los rostros principales de la cervecería. Con la guía de Oblitas y el apadrinamiento de Palinha, el proyecto es transformar a Farfán en el nuevo Julio César Uribe. Uno igual de talentoso, pero menos díscolo. Waldir indignado por el operativo con el que están lavándole el cerebro a su ex ahijado, intenta sacar a Jefry de la sala, pero un abogado de la cervecería amenaza con demandarlo si se atreve. Al delantero solo le queda recular. El resultado de dicho encuentro termina siendo la partida de Waldir del Rímac y el debut de Jefferson con la camiseta celeste. El 13 de diciembre del 2000, Farfán anotará su primer gol como profesional en la victoria sobre Sport Boys con la que Cristal consigue el rótulo de subcampeón de la temporada. Desde su casa de Chorrillos, un colérico Paolo Guerrero observa con envidia el auspicioso debut de su ex mejor amigo.   

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Tal como lo había planeado, Waldir regresa a La Victoria para jugar el campeonato que coincide con el centenario del club. Junto a él, llegan al equipo jales como Eduardo Esidio y Marko Ciurlizza que permiten que se afirme que Alianza está armando un Dream Team. El único que no acepta unirse al proyecto es Palinha. El volante brasileño prefiere quedarse en el Rímac para supervisar el ascenso de su ahijado Jefry. En la primera mitad del año, el Dream Team aliancista cumple con las expectativas. Gana el Torneo Apertura tras derrotar a Cristal en un partido de definición. Oblitas, que tenía planeado llevar de a pocos a Farfán, reconoce que al delantero le hubiera sentado mejor jugar más partidos. Por ello, decide que el joven de dieciséis años asuma el titularato durante el Clausura. La apuesta le sale bastante bien. Cristal gana el Clausura, en una campaña en la que Jefry anota diez goles. El título le permite disputar la final nacional contra Alianza y cobrarse la revancha de su derrota en el Apertura. Con Palinha y Farfán haciendo una dupla sensacional, los celestes ganan los partidos de ida y vuelta y se consagran como campeones nacionales. La celebración en el Rímac es apoteósica. La Backus saca una botella conmemorativa con una etiqueta en la que aparece el rostro de Jefferson. Se empieza a cumplir el proyecto de transformarlo en el nuevo diamante de la Florida. A Paolo Guerrero el haber sido promovido al plantel principal ya no le sabe a logro. No sabe que le duele más que Alianza no haya podido campeonar en el año de su centenario o que su ex mejor amigo sea ahora la gran estrella celeste.

El 2002 empieza más que auspicioso para Jefry. Raúl González le informa que el Bayern Múnich lo tiene en la mira y que Cristal ve con muy buenos ojos la venta. El único obstáculo es el interés que el club bávaro tiene en otro jugador de su categoría: Paolo Guerrero. Sin embargo, el despegue que Farfán mostró el año anterior y la amenaza de posibles conflictos legales que podía causar la compra del juvenil aliancista terminan llevando a los directivos germanos a decidirse por Jefferson. En el Apertura del 2002, Jefferson juega sus últimos partidos con la celeste. Se despide del Perú metiéndole tres goles al Coopsol en el Gallardo. En septiembre es presentado como el nuevo jale del Bayern, en una ceremonia en el Olímpico de Múnich en la que lo acompaña Claudio Pizarro, el otro peruano del club alemán. El maestro de ceremonias lo presenta como el nuevo diamante del equipo. Los directivos alemanes saben que ahora tendrán que pulirlo. A kilómetros de distancia, un furioso Paolo Guerrero maldice a su ex mejor amigo por haberle quitado la oportunidad de dar el salto europeo.

Los dos primeros años de Farfán en Alemania terminan siendo de adaptación. Guiado por Pizarro y González se dedica a aprender alemán y a entender la idiosincrasia teutona. Gerd Muller le coge cariño y se vuelve una costumbre el regalarle un chocolate cada vez que mete un gol en los entrenamientos. Para la temporada 2004-2005, Farfán por fin está listo para empezar a alternar en el primer equipo. Su dominio perfecto del alemán, le permite comprender a cabalidad las charlas técnicas de Felix Magath, quien empieza a verlo como una alternativa en la volante y en la delantera. En esa temporada debuta en la victoria sobre el Nuremberg en la que contribuye con un gol. La anotación genera un revuelo mediático en el Perú y de pronto el técnico de la selección Paulo Autuori se enfrenta a un coro de voces que exige su convocatoria para los partidos de las eliminatorias para el mundial de Alemania 2006. Presionado por la posición del seleccionado en la tabla, Autuori cede al pedido de la afición. El único que se muestra en desacuerdo con el llamado es la estrella de Alianza Lima Paolo Guerrero quien afirma que la selección requiere de delanteros que cuenten con mayor continuidad en sus clubes.

Farfán debuta en eliminatorias en el partido contra Chile en Lima. Autuori entusiasmado por su nuevo diamante lo pone como titular con la esperanza de que sea la solución para la falta de gol del seleccionado. Sin embargo, su debut con la blanquirroja termina resultando un completo fiasco. Farfán no logra complementarse con Pizarro y falla hasta tres ocasiones claras para anotar. Guerrero termina constituyéndose en el salvador de la selección al anotar el gol del triunfo en el minuto 85. La prensa deportiva se muestra inclemente y empieza a señalar que los años en Alemania parecen haberle quitado su capacidad goleadora. Philip Butters lo acusa de haberse aburguesado y el ‘Tigrillo’ Navarro lo llama jugador de club. Farfán regresa a Alemania dispuesto a cobrarse la revancha. Magath le da más oportunidades y el ‘diamante’ le responde con goles. La prensa deportiva se olvida de sus críticas y vuelve a pedir que arranque. El único que muestra su insatisfacción es Guerrero. “Soy más que él, siempre lo he sido. Yo tengo que ser el titular”, dice en una entrevista con Cable Mágico Deportes.

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Autuori vuelve a convocar a Farfán para los partidos de la fecha doble de marzo del 2005. El ‘diamante’ no arranca en la complicada visita a Brasil en Goiania. Solo juega los últimos veinte minutos de la derrota por la mínima diferencia infligida por el Scratch. No obstante, la crítica general coincide en que entró bien y que manifestó una clara mejoría frente a lo mostrado en el encuentro con Chile. Por ello, el seleccionador brasileño decide hacerlo arrancar contra Ecuador en Lima, en lo que es un partido clave para las aspiraciones del combinado patrio. Farfán vuelve a defraudar, nuevamente no se complementa con Pizarro y su juego errático provoca que la afición exija la presencia de Guerrero en la cancha. Su actuación es tan mediocre que termina siendo cambiado durante el medio tiempo. El partido concluye con un empate a dos que deja con pocas opciones al seleccionado y Farfán es señalado como uno de los responsables del resultado. Butters exige que no lo vuelvan a convocar. El ‘Trigrillo’ Navarro lo acusa de sobradera y de ser incapaz de adaptarse al juego de toque peruano. Paolo Guerrero declara a la prensa que ha quedado demostrado que el titular debe ser él.

Tras el empate, Autuori renuncia al seleccionado y su puesto es asumido por Freddy Ternero. El ex técnico del Cienciano afirma que está dispuesto a convocar a Farfán siempre y cuando se comprometa a caminar sobre brazas ardientes. “Esa es la motivación que Jefferson necesita”, señala en entrevista con radio Ovación. El delantero del Bayern le responde renunciando a la selección. En declaraciones para la Deutsche Welle, señala que debido al ambiente hostil con el que tiene que lidiar en el Perú prefiere concentrarse en su carrera en Alemania. A los pocos meses, se corona campeón con el Bayern y es elegido como el jugador revelación de la Bundesliga. Esa noche recibe una llamada por cobrar desde Lima. Al otro lado de la línea, se escucha la voz de Waldir Sáenz. Le pide que le mande un centro.

Jefferson terminó teniendo una exitosa carrera en Alemania. Cuando Pizarro dejó el equipo para unirse al Chelsea cogió el titularato y no lo soltó más. Fue figura clave en la Champions que ganó el Bayern en el Allianz Arena en el 2012 al anotar el gol del triunfo sobre Chelsea. Sin embargo, en la selección nunca logró destacar. Volvió a la blanquirroja para los procesos clasificatorios para Sudáfrica 2010 y Brasil 2014, pero sus números siempre fueron bajos. Asimismo, su inclusión siempre generó polémica porque un sector de la prensa se hacía eco del rumor de que para acudir a las convocatorias siempre ponía como condición que no fuera llamado Paolo Guerrero. En el 2015, regresó al Perú para jugar por Cristal. Le dio al club su segundo tricampeonato, el último de ellos en Matute con Guerrero jugando para los blanquiazules. Se afirma que una de las tribunas del Gallardo llevará su nombre. Waldir lo sigue llamando para pedirle centros. ~

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