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La ascensión definitiva de Maradona

¿Qué más se puede decir sobre el futbolista más legendario, global y contradictorio de la historia? En esta reseña del nuevo libro de Gabriela Saidon, Superdios. La construcción de Maradona como santo laico (Capital Intelectual, 2021), disponible en Sudor Shop, el periodista y escritor César Becerra presenta al ’10’ como un personaje de lectura inagotable, a partir de las «cualidades divinas» exploradas por la autora argentina.

«De Diego Maradona se ha dicho todo, se ha comentado todo, se ha especulado todo», dice la bajada de un texto del periodista Daniel Arcucci, publicado en la revista Gatopardo en 2005. Empiezo con esta cita por dos razones.

La primera: pudor. ¿Qué más se puede agregar a lo dicho sobre Diego Armando Maradona (1960-2020)? ¿Se puede hallar una definición más cálida que «mi hermano [Diego] es un marciano, no se puede discutir», aquello que dijo Hugo Maradona cuando era niño? ¿Hay expresión más conmovedora que «fenómeno, drogadicto, lo que sea, papá… yo te llevo en el alma», de Cristian Leguizamón, el maradoniano más viral de las redes? ¿Existe descripción más certera que la de Ernesto Cherquis Bialo, exdirector de El Gráfico? Me refiero a la respuesta que brindó en el programa Cada Noche (2019): «hay por lo menos ocho, nueve Maradonas. Hay un Maradona que jugó al fútbol. Hay un Maradona que alcanzó la celebridad. Hay un Maradona hijo que murió cuando murieron sus padres. Hay un Maradona padre que se reinventa cada día. Hay un Maradona amigo que va recambiando amistad. Hay un Maradona afectivo y un Maradona sublime. Hay un Maradona abyecto y un Maradona fenomenal.
Hay un Maradona de frases inolvidables y hay un Maradona cuyas frases es mejor no recordar. Es la suma de todo eso en un solo hombre». ¿Algo más?

Entonces, cada intento de escrutar al Diego, si uno se pone severo consigo mismo, puede percibirse como una jugada de más, una gambeta estéril y cansina.

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La segunda razón es una confirmación: contagiados por sus improbables hazañas deportivas y su vida de excesos, hablar de Maradona es una invitación para lanzar hipérboles a diestra y siniestra. Se ha dicho que Diego es lo más grande que hay, que cuando falleció el 25 de noviembre de 2020 murió el fútbol y que sobre él se ha especulado todo. Lo cierto es que no son más que los pelotazos largos de la imprecisión. La inmensa figura de Maradona demanda análisis en corto, con la pelota pegada al pie, en su medida justa.

https://www.youtube.com/watch?v=UOnQ2VplyqU

UN SANTO DE LA CONTRADICCIÓN

Superdios. La construcción de Maradona como santo laico (Capital Intelectual, 2021), libro escrito por la escritora argentina Gabriela Saidon, demuestra que los análisis sobre Diego no han terminado. Lejana a la jugada de más, esta publicación reúne reflexiones ingeniosas, documentadas e intertextuales que se sienten como buenos centros al área.

Saidon, que ya había explorado en Santos Ruteros. De la Difunta Correa al Gauchito Gil (Tusquets, 2011) manifestaciones de la religiosidad popular argentina, disecciona la representación pública y mediática de Maradona para proponer que reúne las cualidades para ser considerado un personaje mitológico. Es más, ya lo era antes de morir. «Diego no va a ser un santo popular: fue, es y será santo, superhéroe y Dios (…) Un santo, además, laico, también apto para ateos», afirma Saidon (p.13).

La autora clasifica las evidencias a lo largo de diez capítulos (once, si sumamos el Capítulo 0, que sirve de introducción). Siempre con la mira puesta en la santidad del Diez, Saidon presenta y desarrolla nociones de resurrección simbólica (Capítulo 1. Cristo desmembrado. Adiós le pido), el sendero trágico del héroe (Capítulo 2. De Fiorito a la cima del mundo, de una patada en el culo), los vicios y excesos (Capítulo 3. Kryptonita: dizque dio cocaína), la genialidad de los pies trasladada a la palabra (Capítulo 5. Cuando el Diego se hizo verbo), entre otras.

Saidon recurre a clásicos como Joseph Campbell, Mijaíl Bajtín, Aristóteles y a investigadores contemporáneos para fundamentar su discurso ensayístico, pero también a figuras de la cultura popular local y global, tales como Jesús, Evita Perón, Superman, Batman, Lady Di, Che Guevara, Rocky, Rodrigo, el Gauchito Gil, en fin. Conecta y compara constantemente fuentes y referentes, de modo que, en ese ejercicio de aproximación diferencial, se va perfilando la figura del santo laico al que solo le faltaría hacer milagros post mortem. Superdios es una pieza culta, entretenida y sólida que complementa cualquier biografía que se haya escrito o escriba sobre el astro argentino.

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Un acierto es el Capítulo 9: Si querés llorar ¿Se puede ser feminista y amar a Maradona? Una pregunta necesaria hoy, no solo para feministas, sino para toda persona que ame al fútbol y reconozca a Maradona –cuyos excesos han transgredido la ley– como el máximo representante de un deporte intoxicado desde su origen por el machismo. Estadio Azteca, 22 de junio de 1986, Diego toma la pelota en el medio campo, se saca a uno, dos, tres, cuatro, tá, tá, tá, Shilton en el camino, quiero llorar, barrilete cósmico, ¿de qué planeta viniste? y todo, pero… ¿está bien que nos conmueva la muerte de un tipo acusado de violencia de género y abuso sexual? ¿Qué revela eso de nosotros como hinchas del fútbol, como personas? Cuestionamientos que deberían promover discusiones productivas desde diversos campos. Saidon señala un camino. «Los feminismos pusieron bajo la lámpara al santo y lo iluminaron desde distintos rincones. Inauguraron una nueva lectura posible», apunta la autora (p.190).

Nueva lectura posible. Sobre todo desde lo crítico. Hacia eso apuntan miradas como la de Saidon y libros como Superdios. Porque Maradona, el santo rey de las contradicciones, fue un ser abyecto y a la vez fenomenal –Cherquis Bialo dixit– que ha dejado una biografía redactada con sismógrafo, lo suficientemente zigzagueante para ser reinterpretada una y otra vez. Su vida fue un frenético partido de arco a arco, del gol al autogol, de trofeos y confeti a suspensiones disciplinarias, de «me equivoqué y pagué» a se volvió a equivocar y no sabemos si pagó por ello o si todavía hay deudas pendientes. No parece casual que, como bien observó un exquisito cazador de paradojas como Juan Villoro, el Diez «murió en un tiempo de estadios vacíos». Una contradicción suprema para el símbolo supremo del fútbol.

De Diego Maradona no se ha dicho todo, no se ha comentado todo, no se ha especulado todo. ~


Novedad editorial

“En un libro que cruza la investigación periodística con la indagación académica y la crónica personal con la deportiva, la autora afirma que Maradona hoy lidera el prolífico santoral popular argentino, y muestra cómo lo llenamos de metáforas tomadas del campo semántico de la religión al tiempo que le exigimos estar a la altura del mito.

Editorial Capital Intelectual (2021)

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