Jorge Sampaoli conoce bien la melodía del nuevo hit mundialista de la hinchada argentina. El cantito que ha invadido las calles de Moscú y se ha viralizado en redes sociales tiene la tonada de la banda Callejeros, que lleva por título Imposible, y en su letra original retrata una sociedad donde el aborto es legal, los periodistas dicen la verdad y los niños siempre tienen qué comer. Un soundtrack planteado como ideal para la campaña que inicia este entrenador forjado en el desvelo de los soñadores compulsivos, que cree profundamente en las virtudes del amateurismo para unir a un equipo de fútbol y al que, paradojas del destino, el primer rival que se le paró al frente fue Islandia: el más amateur de todos los equipos clasificados a Rusia 2018.
Debutante absoluta en los mundiales de fútbol, la selección del país que tiene más volcanes que futbolistas profesionales es dirigida por Heimir Hallgrímsson, un odontólogo que llegó como segundo entrenador en el 2011, tras un exitoso paso por la selección femenina islandesa. Nacido en Vestman, un desolado conjunto de pequeñas islas al sur del país, llegó al Mundial confiando en la fortaleza y el espíritu colectivo de quienes han sabido sobrevivir en un terreno tan hostil como alejado del mundo. Autócratas desde tiempos vikingos, los islandeses aún hoy se sienten capaces de todo.
Pero no todo es producto del coraje o del misticismo. Hace cinco años Islandia ocupaba el puesto 132 en el ránking FIFA. Parte del problema para el desarrollo del fútbol o de la vida eran las extremas condiciones climatológicas, con las cuales los periodos de entrenamiento se reducían a cuatro meses cada temporada. Por ello, la Federación Islandesa había dispuesto años antes la construcción de canchas techadas que permitan entrenar durante todo el año y la licencia obligatoria para los directores técnicos. Los resultados no tardaron en llegar: además del pasaje a Rusia lograron llegar a cuartos de final en la Eurocopa 2016 y estuvieron a un paso de clasificar a Brasil 2014.
Messi no es Dios, es necesario recordarlo, y quizás fuera el agotamiento de convivir con la obligación de serlo, el que lo llevó a mostrar su faceta menos probable: la de fallar un penal ante una selección inexperta. Otra vez el fútbol planteado como el escenario donde cualquier utopía puede hacerse realidad”
En otro campo, el de la igualdad, Islandia es una potencia que se hizo desde abajo. En 1975, Año de la Mujer declarado por la Unesco, las mujeres islandesas iniciaron una revolución en busca de reconocimiento social y sueldos más justos. Años más tarde, Islandia fue el primer país en elegir democráticamente a una mujer como Primer Ministro, y hoy es la nación donde más se respeta la igualdad de género. Además, ocupa el primer lugar en el ránking mundial de paz global, y mediante ley se obliga a las empresas a pagar el mismo salario a hombres y mujeres que ocupen cargos similares. Un ideal del que Argentina —por no decir el resto de la humanidad— está bastante lejos, aunque esta semana se celebre la aprobación en Cámara de Diputados de la ley por un aborto legal y seguro (vale tirar papelitos).
Puestos a jugar, Argentina no ha podido zafar del estigma abrumador de las ocasiones perdidas. Apenas una media vuelta del ‘Kun’ Agüero para anotar de un zurdazo el gol número 38 en su historia con la albiceleste y el primero en un Mundial. Pero la certeza de iniciar un camino distinto se desvaneció cuatro minutos después cuando Finnbogasson puso el empate y motivó que algún periodista experto en bullying recordara que los goles del ‘Kun’ rara vez sirvieron para un triunfo de su selección en competencias oficiales. La alegría no es solo argentina.
Islandia se mueve en la cancha como lo hace un clan en el campo de batalla. Defienden cerrando los espacios cual muro de escudos, son solidarios como si la vida de sus compañeros dependiera de ello y no atacan, sino que toman por asalto el área rival con pelotazos que más parecen bolas de fuego. A pesar de ello, muestran aún la inocencia de quien está aprendiendo las mañas del oficio. No tienen el menor pudor en despejar de un puntazo ni conocen lo que es el cargamontón al árbitro cuando te cobran un penal dudoso. Pero Messi no es Dios, es necesario recordarlo, y quizás fuera el agotamiento de convivir con la obligación de serlo, el que lo llevó a mostrar su faceta menos probable: la de fallar un penal ante una selección inexperta. Otra vez el fútbol planteado como el escenario donde cualquier utopía puede hacerse realidad.
Argentina dio una función repetida sobre la imposibilidad de ser otro y Lionel Messi ha iniciado quizás su último Mundial con la conocida cara de la resignación. Los islandeses, que han apostado por la organización, aún sueñan con escribir nuevas sagas en la historia del fútbol. A fin de cuentas, Imposible es solo el título de una canción. ©

