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Fuera de juego

La invasión a Ucrania no solo le ha valido sanciones económicas al gobierno de Vladimir Putin. También ha provocado que Rusia pierda la sede de importantes eventos deportivos y que sea excluida de competencias. El historiador especializado en deporte Jorge Illa analiza el impacto deportivo que está teniendo el conflicto en Europa Oriental.

Tradicionalmente, los dirigentes deportivos no han visto con buenos ojos las manifestaciones políticas realizadas por atletas, más bien han hecho todo lo posible para que no se produzcan. A lo largo del tiempo se han mostrado reacios a cualquier posicionamiento bajo el mantra de que no se debe mezclar deporte y política. En numerosas ocasiones, los posicionamientos políticos en los campos de juego han sido castigados. Los casos de John Carlos y Tommie Smith en México 1969 y Colin Kaepernick en 2016 son algunos ejemplos de deportistas que vieron su carrera perjudicada por haberse manifestado políticamente.

Sin embargo, en los últimos años, la protesta política estaría empezando a ser aceptada en el mundo del deporte. Por ejemplo, los playoffs de la NBA que se realizaron en la burbuja de Orlando el 2020 estuvieron plagados de manifestaciones relacionadas con el asesinato del ciudadano afroamericano George Floyd. Dicha tendencia se está reflejando en la reciente invasión a Ucrania realizada por las fuerzas del líder autoritario ruso Vladimir Putin. En esta ocasión, los entes deportivos han tomado consciencia de que pueden, y deben, ejercer un papel político.

UNA RETAHÍLA DE SANCIONES

Desde que arrancó la guerra el 24 de febrero pasado, Rusia ha perdido la sede de importantes eventos deportivos o se ha visto excluida de competencias.Por ejemplo, el Comité Olímpico Internacional (COI) ha pedido que se anulen las competiciones previstas en Rusia y Bielorusia; la UEFA ha cambiado la sede final de la Champions League, de San Petersburgo a Paris; la Federación Internacional de Esquí ha cancelado todas las pruebas que se debían disputar en el gigante euroasiático; la Fórmula 1 ha dicho que no se realizará el Gran Premio de Rusia que debía correrse en setiembre en Sochi; la Federación Internacional de Natación ha cancelado las competiciones internacionales en suelo ruso; en Italia se guarda un minuto de silencio en todas las competiciones deportivas; el Schalke 04 rompió con su patrocinador Gazprom y el Manchester United con Aeroflot; la Federación Internacional de Judo ha suspendido a Putin como embajador de honor. La lista es bastante larga y va aumentando con el paso de las horas.

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Si bien durante la Guerra de los Balcanes, Serbia también recibió sanciones deportivas —en los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992 sus atletas compitieron como Participantes Olímpicos Independientes y bajo la bandera del COI—, tal unanimidad de repulsa a un país de la envergadura y peso geopolítico de Rusia por parte del deporte es una novedad.

Es claro que en ninguno de los eventos cancelados los atletas corrían peligro. Un dictador como Putin no hubiera permitido que el conflicto afectara la final de la Champions o la prueba de Fórmula 1 debido a que su prestigio estaba en juego. Es importante recordar que este tipo de eventos son aprovechados por los gobiernos para mostrar al mundo las bondades de sus países. El término sportwashing se refiere a gobiernos con graves carencias democráticas que aprovechan el deporte mediante la organización de eventos o el patrocinio para mejorar su reputación. Ejemplos de esa tendencia han sido el uso que le dio Putin al Mundial de 2018, el que le dio China a la organización de los JJ.OO. del 2008 y del 2022 o el que le está dando Qatar al Mundial de Fútbol de este año. Está claro que en esta ocasión los dirigentes deportivos no quieren ver como sus competiciones son aprovechadas para aplicar el sportwashing.

Al respecto, el internacionalista y catedrático de la PUCP Oscar Vidarte comenta que el “soft power [poder de atracción] deportivo de Rusia se encuentra por los suelos”, luego de los casos de doping de Estado que provocaron que sufriera una sanción que rige hasta finales del 2022. Caso que volvió a resonar tras el positivo de la patinadora Kamila Valieva que terminó afectando su performance en las últimas Olimpiadas de Invierno con la patinadora. “Esa imagen positiva que dio en el mundial del 2018 gracias a la buena organización ha quedado al margen debido a los recientes hechos”, señala Vidarte.

Por su parte, el catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Barcelona y experto en Historia del Deporte, Carles Santacana explica el porqué se han tomado esas medidas contra Rusia y no en los casos de China o Qatar. “Las instituciones deportivas internacionales están dispuestas habitualmente a realizar grandes eventos en países que no respetan los derechos humanos, pero la situación del conflicto desatado por Rusia es diferente, puesto que se trata del inicio de una guerra”, señala. “Creo que tanto la UEFA como el COI han entendido que no podían hacer como si no sucediese nada, tanto porque la opinión pública no lo entendería, como por las protestas que se podrían producir en los estadios si se acogía con normalidad a Rusia”, acota.

RUSIA FUERA DEL MUNDIAL

Pero, no solo los entes deportivos se han manifestado en contra del gobierno de Putin. Los países que estaban emparejados con Rusia en el grupo de repesca para el Mundial de Qatar manifestaron sus intenciones de no jugar contra la selección del país euroasiático. El primero en manifestarse fue Polonia —el rival con el que se iba a enfrentar en la primera ronda eliminatoria—. Tanto la Federación como los jugadores indicaron que no tenían pensado presentarse. Posteriormente, Suecia y República Checa —las selecciones con las que podía jugar en la ronda final manifestaron una posición similar—. Finalmente, el fin de semana pasado potencias como Inglaterra y Francia también realizaron sendos pronunciamientos. Mientras la primera afirmó que se negaba a jugar contra la selección rusa, la segunda pedió su exclusión directa del Mundial de Qatar.

Como consecuencia de esos pronunciamientos, la FIFA y la UEFA anunciaron hoy que Rusia no podrá participar en ninguna de sus competiciones. Con ello, queda eliminada automáticamente de la repesca para la Copa del Mundo que debía afrontar el 28 de marzo. El argumento del ente mundial para tomar la medida fue los problemas organizativos que les generaba la cadena de renuncias mencionada anteriormente. A la expulsión del combinado ruso se añadió la eliminación del Spartak de Moscú de la Europa League. Dichas decisiones se dan un día después de que la FIFA dictara las medidas de que la selección rusa jugara en campo neutral, que no sonara su himno ni se coloque su bandera en los encuentros y que se presentara a los partidos con el nombre de la Unión de Fútbol de Rusia. Sanciones que eran consideradas tibias y que tuvieron que ampliarse ante la protesta de las selecciones europeas.

Haber aceptado que el país euroasiático se clasificara para Qatar por incomparecencia de los contrarios habría sido un escándalo. Habría sido una situación similar a la ocurrida en 1974 cuando la entonces Unión Soviética se negó a jugar contra Chile el repechaje para el mundial de Alemania. La escuadra soviética decidió no disputar el partido en el Estadio Nacional de Santiago, escenario en que las fuerzas del dictador Augusto Pinochet había torturado y asesinado a opositores políticos. Días antes, el exjugador de la selección inglesa Gary Lineker había afirmado por Twitter que si la FIFA echaba a Rusia de la eliminatoria de clasificación iba a enviar un mensaje potente.

Otro de los afectados es el oligarca ruso Roman Abramovich, quien hizo fortuna durante el gobierno de Putin. Como consecuencia del estallido de la guerra, el empresario —motivado por la presión de Gobierno Británico— decidió apartarse del club inglés Chelsea y dejarlo en manos de los consejeros de la fundación benéfica del club. En las últimas horas, se ha especulado con que sería uno de los mediadores del conflicto —situación que tendría lógica vistos sus intereses tanto en Rusia como en Occidente—.

Pero el rechazo a la invasión también se ha dado de atletas de otras disciplinas y de nacionalidad rusa. El tenista Andrey Rublev, número 7 de la ATP, ha tenido las agallas de ir contra Putin en público cuando al finalizar su partido en Dubai escribió en la cámara “No war please”.

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Aunque no todo ha sido así de ejemplar. En el partido de la Europa League entre el Nápoles y el Barcelona los jugadores de ambos equipos desplegaron una pancarta con el lema “Stop war” que la retransmisión televisiva dirigida por la UEFA ocultó. Hasta el momento no se ha emitido ninguna explicación sobre el suceso.

UN CAMBIO DE PARADIGMA

Si la respuesta de los dirigentes deportivos siempre hubiera sido similar es posible que la humanidad se habría evitado algunos conflictos. Por ejemplo, si la Junta Militar de Argentina hubiera tenido la certeza de que la invasión de las Malvinas habría provocado que su selección quedara fuera del Mundial de España 1982 es seguro que no habrían desencadenado la guerra. Ningún argentino se lo hubiera perdonado jamás.

Sobre la posibilidad que el tema deportivo haya sido tomado en cuenta por Putin en sus cálculos políticos, Vidarte comenta que no entra en consideración por parte de los dirigentes rusos. En su análisis, el catedrático de la PUCP afirma que el proceso de la Guerra de Ucrania es complejo y es consecuencia de lo que viene ocurriendo los últimos treinta años, a partir de la presencia de Occidente en diferentes países que Rusia considera una amenaza. “El tema deportivo no fue una variable a tomar en cuenta para la decisión de realizar la ofensiva”, acota.

Es utópico pensar que el mundo del deporte seguirá siempre esta vía, y más después de la celebración de los Juegos Olímpicos en China, un país en el que se dan constantes violaciones a los derechos humanos. No se puede pretender que tenga la solución a los males del mundo. Sin embargo, si los dirigentes deportivos reconocen el poder político que tiene y lo usa adecuadamente, sí podría poner su grano de arena a que dictadores como Putin se lo piensen dos veces antes de realizar ofensivas como la que estamos viendo en estos días. ~

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