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El rojo animador

Sport Huancayo es uno de los protagonistas de la disputada lucha por el título del Apertura de la Liga 1. Nuestro columnista Pedro Ortiz Bisso señala que la campaña del ‘Rojo Matador’ es el reflejo de un proyecto deportivo consistente que empezó con su ascenso en el 2009 y que le ha dado como fruto continuas clasificaciones a la Sudamericana.

No es muy alto. Apenas se empina 1,68 centímetros del suelo. Tiene los ojos vivos, la frente amplia y un abdomen que revela poca afinidad por las flexiones. El barrio se adivina en su rostro, pero también en su empeine derecho, ese con el que pocos días atrás pintó un lienzo irrepetible que la acrobática estirada de Diego Penny solo consiguió embellecer. Fue un remate curvado, perfecto e imposible, que se coló en el ángulo superior izquierdo del arco de Alianza Atlético. Cada repetición en Youtube del golazo de Marcos Lliuya invita al asombro y la permanente admiración.

El chinchano de treinta años no es más la figura inamovible del Sport Huancayo, aunque continúa siendo el geniecillo atrevido que multiplica sonrisas en las tribunas. Su magia es aún factor de distinción en el equipo que ha construido Carlos Desio, pero ya no es determinante. ‘El Rojo Matador’ es una fuerza colectiva que apela a la verticalidad, a partir de un fútbol directo y agresivo, como manda el bielsi-sampaolismo del cual su técnico es ferviente cultor. Pese a esto, llamar sorpresa al campañón que viene encarrilando en la Liga 1 no se acerca a la verdad.

PARTICIPANTE FRECUENTE DE LA SUDAMERICANA

Desde que logró el ascenso en el 2009, el cuadro huancaíno ha participado en ocho ediciones de la Copa Sudamericana, incluyendo una clasificación a octavos de final hace dos años. En el 2012, además, participó por primera vez en la Copa Libertadores. Es cierto que estuvo a un pelo de irse a la baja (2014) y que en la Sudamericana del 2010 recibió una goleada espantosa en Uruguay (0-9 ante Defensor Sporting), pero salvo esos momentos oscuros, su condición de animador se ha mantenido inalterable.  Este año, la ambición ha crecido. El objetivo es ser campeón.

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La fórmula detrás del éxito es simple y conocida: una estructura organizativa que, dentro de sus estrecheces, se mantiene en el tiempo y tranquilidad económica que permite a sus jugadores cobrar a tiempo y estar concentrados en el fin de semana. “Somos una familia, todos los integrantes del club son importantes”, añade Romario Oropeza, director deportivo de la institución desde el año pasado, mientras enumera con orgullo las categorías con las que trabajan las divisiones menores (Sub 13, Sub 14, Sub 16 y Sub 18) y recuerda que en el 2019 fueron campeones del Torneo de Promoción y Reservas. Recalca también que están cerca de concretar el sueño de levantar un complejo deportivo en Huayucachi, a veinte minutos de Huancayo, y un centro de alto rendimiento en Lima, a la altura del kilómetro 55 de la Panamericana Sur.

Roberto Castro, director de dechalaca.com, rescata el hecho de que hayan mantenido una base en los últimos años (Joel Pinto, Víctor Balta, Daniel Morales, el mismo Lliuya) y la escasa distancia que existe entre Huancayo y Lima, fundamental cuando toca viajar en un torneo tan complejo como el nuestro por las dramáticas diferencias geográficas entre una y otra sede.

En esa línea, considera que la altura es otro factor fundamental. En los tiempos duros de la pandemia, cuando solo se jugaba en Lima, Alianza, Cristal y Universitario ocuparon los primeros lugares. Hoy, dos equipos que juegan cerquita del cielo —Melgar y Huancayo— pelean arriba. “Añádele que cuentan con una organización más o menos consistente, un buen manejo logístico y que la cancha del estadio Huancayo es pesada para los visitantes”, indica.

HINCHA MATADOR

Ganarse al público de Junín es una tarea pendiente. El equipo histórico de la región es Deportivo Junín, animador de los descentralizados en las décadas de los setenta y ochenta. Luego de que se descubriera que sus dirigentes fraguaron partidos en el Torneo Regional de 1990, el club fue inhabilitado. Desde ese entonces, sus intentos por resurgir han sido infructuosos. Sport Huancayo fue fundado hace quince años y aún le cuesta llevar una cantidad regular de público a sus partidos, a diferencia de su vecino ADT de Tarma, que apareció dentro del top 10 del ránking de asistencia publicado por la Liga 1 a mediados de mayo.

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Walter Campos, corresponsal de Gol Perú en la región Junín, cree que el éxito del cuadro rojo es producto de su madurez institucional, gracias a lo cual realiza un manejo más fino del día a día y el desarrollo de sus proyectos.

Donde no ha habido estabilidad es en la designación de sus entrenadores. Desde su fundación han pasado más de una docena por su banquillo, cada cual con una mirada distinta del juego. Ahí están, entre otros, los peruanos José Ramírez Cuba, Miguel Company, Roberto Mosquera, Rafael Castillo y Wilmar Valencia; el colombiano Diego Umaña; los argentinos Ramacciotti, Córdoba, Grioni y Trobbiani; el paraguayo Cristóbal Cubilla y ahora Desio, quien pese a haberse ido al descenso con Binacional el año pasado (pudo volver a Primera gracias al TAS), cumplió una campaña decorosa durante los meses que trabajó con los juliaqueños.

En Youtube no es difícil encontrar a Lliuya fulbiteando en campeonatos relámpagos con amigos y paisanos, lo que dice mucho del por qué no ha encontrado espacio en un club más poderoso o una oportunidad para lucir su clase en la Videna. Él y el paraguayo Blas López, mediocentro ya retirado, son los estandartes de un equipo que apunta a lo más alto esta temporada. Si algo caracteriza a nuestra Liga 1 es su carácter impredecible, así que resulta imposible adelantar si les alcanzará el fútbol —y el fuelle— para pelear el campeonato hasta el final. Pero que serán animadores, de eso no hay la menor duda. ~

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